El repiqueteo de las campanas de La Redonda ha encontrado una respuesta muy especial esta tarde de sábado: decenas de ladridos. Como cada 17 de enero, decenas de personas se acercan a la Plaza del Mercado para que sus mascotas reciban la bendición de San Antón, patrón de los animales. La actividad está organizada por la Asociación Protectora de Animales de La Rioja y ya es su undécima edición en colaboración con La Redonda.
Este año los indiscutibles protagonistas han sido los perros. De todas las razas y tamaños. Los hay que han venido con abrigos, con lazos y algunos hasta en carricoche. El frío y la lluvia no les han frenado para recibir la bendición de San Antón.

EFE/Raquel Manzanares
La presidenta de APARIOJA, Carmen Faulín, explica: «Para nosotros es una jornada festiva, pero también de reivindicación». También para recordar «tantas cosas que necesitan los animales» como cuestiones de protección o de legislación.
Aunque es una fiesta con trasfondo religioso, no son pocos los ateos que se acercan hasta La Redonda «por tradición», aunque dejando de lado el sentido sacro de la fiesta. «Nos resulta muy agradable ver que la gente, aunque no crea, confíe en que la bendición va a proteger a sus animales», explica Carmen.

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Año tras año, decenas de personas acuden a esta cita. Muchos por primera vez y otros tantos repiten. El párroco de La Redonda, Víctor Manuel López, ha reconocido a más de uno durante la bendición. «Es muy gracioso ver cómo la gente aúpa a sus mascotas para que les caiga mejor el agua bendita», cuenta, entre risas, Carmen.
Carmen no ha venido sola, va acompañada de Emma, su perrita adoptada. No sabe cuántos años tiene, pero sabe que llegó en el momento justo para salvarla.

Para Elisa y Nerea, que vienen acompañadas por Lucky y Baloo, es su primera vez. Han venido «por hacer algo diferente y apoyar a la protectora», pero también para aprovechar y ver «qué se cuece por el centro» y que Baloo y Lucky «jueguen un poco con otros perros». Es decir, su motivación no es para nada religiosa.

María Dolores ha venido con Chloe, su perrita de once años. Para Chloe sí que es su primera vez y no se separa de su dueña: «Se ha portado muy bien, está muy tranquila». María Dolores vino aprovechando que venía su cuñada, que suele colaborar con la protectora.

Después de la bendición, ha llegado el momento más dulce de la jornada: un chocolate caliente a cargo de APARIOJA para calentar el cuerpo después de soportar el frío y la lluvia.
Así, entre el repiqueteo de las campanas, los ladridos y el aroma del chocolate caliente, la Plaza del Mercado ha vuelto a convertirse, un año más, en punto de encuentro para quienes comparten una misma pasión: el amor por los animales.


