Especial Enoturismo

El Oja a golpe de pedal

Fotos: Ismael Andrés

A veces los mejores viajes no necesitan mapas complicados. Basta con una bicicleta, unas zapatillas cómodas o simplemente ganas de caminar sin prisa. En el occidente de La Rioja existe un recorrido donde el paisaje cambia despacio, donde los pueblos aparecen entre viñedos y donde todavía es posible escuchar el sonido del río mientras el tiempo parece avanzar a otra velocidad. La Vía Verde del Oja no se limita a unir localidades; une también memoria, naturaleza y una forma distinta de habitar el territorio.

El trazado sigue el antiguo corredor ferroviario por el que circuló durante décadas ‘El Bobadilla’, el histórico tren de vía estrecha que conectó Haro y Ezcaray entre 1916 y 1964. Lo que en otro tiempo fueron raíles y estaciones ferroviarias se ha transformado hoy en uno de los itinerarios naturales más atractivos y transitados de La Rioja. Un recorrido continuo de cerca de 40 kilómetros que enlaza el valle del Ebro con la Sierra de la Demanda atravesando algunos de los paisajes más reconocibles de la región.

Lejos del turismo acelerado, la Vía Verde del Oja invita a recorrer el territorio desde otra perspectiva. Aquí no hay prisas. El camino se adapta a cada persona y a cada ritmo. Hay familias que aprovechan pequeños tramos para pasear una tarde de domingo, ciclistas que completan largas etapas entre localidades y visitantes que encuentran en este recorrido una manera mucho más cercana y tranquila de descubrir La Rioja.

El itinerario comienza en el entorno de Casalarreina, entre caminos agrícolas y extensas vegas marcadas por el cultivo de cereal, remolacha, frutales y viñedo. El paisaje, abierto y luminoso, refleja buena parte de la identidad agrícola riojana. Desde allí, el recorrido avanza hacia localidades como Bañares o Santo Domingo de la Calzada atravesando llanuras aluviales donde el río Oja acompaña discretamente el trayecto.

Santo Domingo supone una de las paradas más especiales del recorrido. Ciudad profundamente vinculada al Camino de Santiago, conserva un importante legado histórico y monumental que transforma la vía verde en mucho más que un itinerario natural. Sus calles, la catedral y la huella de los peregrinos convierten esta etapa en una mezcla de patrimonio, historia y vida cotidiana.

A medida que el camino se acerca a Ezcaray, el paisaje comienza a cambiar. El relieve se vuelve más abrupto, aparecen los bosques de ribera y la silueta de la Sierra de la Demanda empieza a dominar el horizonte. El recorrido atraviesa antiguas estaciones ferroviarias como Santurde u Ojacastro, pequeños restos de aquel pasado industrial que todavía sobreviven integrados en el paisaje.

El final del trayecto conduce hasta Ezcaray, una de las localidades más visitadas y reconocibles del turismo riojano. Rodeado de montañas y naturaleza, el municipio combina gastronomía, arquitectura tradicional y vida cultural en un entorno que cambia completamente según la estación del año.

Ahora, este recorrido histórico afronta además una nueva etapa gracias al proyecto de acondicionamiento y adaptación al uso ciclable y a la accesibilidad universal impulsado por el Gobierno de La Rioja. Una actuación integral que no solo mejora el estado de la infraestructura, sino que transforma por completo la experiencia de quienes la recorren.

El proyecto, promovido a través de la Dirección General de Medio Natural y Paisaje y financiado por la Unión Europea mediante los fondos NextGenerationEU dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, ha permitido intervenir sobre distintos puntos del trazado con un objetivo claro: convertir la vía verde en un espacio más cómodo, seguro, inclusivo y sostenible.

Las actuaciones realizadas han abordado el recorrido desde una perspectiva global. Se han llevado a cabo labores de limpieza, además de trabajos de refino y compactación de firmes para facilitar la circulación tanto de peatones como de ciclistas. También se han mejorado los drenajes, acondicionado badenes y reparado distintos elementos deteriorados de la infraestructura.

La seguridad ha sido otro de los pilares fundamentales de la intervención. A lo largo del itinerario se han renovado o instalado nuevos elementos de protección y señalización en distintos puntos singulares del trazado, reforzando así la seguridad y mejorando la comodidad de uso.

Sin embargo, uno de los aspectos más importantes del proyecto ha sido su apuesta por la accesibilidad universal. Más que adaptar el camino, la actuación ha querido garantizar que cualquier persona pueda disfrutarlo en igualdad de condiciones.

Para ello, se han acondicionado áreas recreativas y zonas de descanso distribuidas a lo largo del recorrido, facilitando su uso por parte de personas con movilidad reducida, personas mayores, familias con carritos infantiles o usuarios con distintas capacidades. La vía deja así de entenderse únicamente como un espacio deportivo para consolidarse como un lugar verdaderamente inclusivo y accesible.

La intervención incorpora además una dimensión ambiental especialmente visible de cara a los próximos meses. A lo largo del trazado se han plantado más de 1.100 nuevos árboles que permitirán generar nuevas zonas de sombra y reforzar la integración paisajística de la vía.

La mejora resulta especialmente significativa durante la primavera y el verano, cuando el uso de este tipo de recorridos aumenta considerablemente. La nueva vegetación no solo hará más agradable el trayecto, sino que consolidará el papel de la vía como corredor ecológico y espacio de convivencia entre naturaleza y territorio.

Y es que el verdadero valor de la Vía Verde del Oja no se mide únicamente en kilómetros. Se percibe en la manera en que conecta pueblos, paisajes y personas. En la posibilidad de recorrer La Rioja desde otro ritmo, lejos del tráfico y del ruido, atravesando viñedos, bosques y pequeñas localidades que todavía conservan una fuerte identidad rural.

Para Ismael Andrés, participar en esta transformación supone formar parte de una intervención que tiene un impacto directo sobre la vida cotidiana de las personas. Una actuación que trasciende lo puramente técnico y que invita a caminar, pedalear, detenerse a observar el paisaje y redescubrir el territorio con calma. En lugares que no necesitan grandes artificios para dejar huella. Solo un camino bien trazado, algo de tiempo y ganas de avanzar sin prisa.

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