Gastronomía

De Barcelona a Briones para fortalecer los lazos con Los Nietos

Raquel y Claudio en la puerta de acceso al restaurante Los Nietos de Briones. / FOTO: Fernando Díaz

El restaurante Los Nietos de Briones recibe cada día a quienes buscan sentarse a una mesa donde la cocina tradicional riojana sigue marcando el ritmo. Caparrones, patatas a la riojana, verduras de temporada, chuletillas al sarmiento, carnes y pescados a la brasa o asados elaborados en horno de barro forman parte de una carta donde casi todo se prepara de manera artesanal. «Todo lo que hacía mi madre pero en cazuelas más grandes», resume Raquel Fernández para explicar una filosofía culinaria que apuesta por cocinar cada elaboración con tiempo, elaborar sus propios rellenos, croquetas o postres y renunciar a ampliar la oferta si eso significa perder calidad. «Cuando se acaban, se acaban», explica convencida. En esta casa de comidas aseguran que es mejor ofrecer menos variedad que recurrir al producto congelado.

Son cosas que marcó desde un principio Paco. Paco es el padre. Un emprendedor de la vieja escuela. Valiente, trabajador, pensando siempre en dejarles algo a sus hijo, pensando en el bienestar de sus nietos. Tanto, que quiso bautizar los apartamentos turísticos que había construido en Briones con el nombre de su primer nieto, Mateo. Fue entonces cuando Carmen, su esposa -la abuela de esta familia- le hizo una reflexión tan sencilla como definitiva: «¿Y si vienen más nietos?». Y llegaron.

Raquel en la zona de la parrilla, punto central de la propuesta gastronómica de Los Nietos en Briones. Foto: Fernando Díaz

Aquella conversación acabó dando nombre al restaurante familiar que hoy, años después, ha conseguido algo que ninguno imaginaba cuando nació: acercar precisamente a esos nietos a sus abuelos. Porque si durante años crecieron a cientos de kilómetros, mientras sus padres desarrollaban su vida profesional en Barcelona, hoy comparten vida en Briones gracias al proyecto familiar que levantaron Paco y Carmen. A veces, los planes salen bien.

Los Nietos es obra definitiva de un viaje entre generaciones. Paco y Carmen, los primeros, son ahora los abuelos. Naturales de Fermoselle, en los Arribes del Duero, emigraron a Bilbao buscando las oportunidades que entonces solo ofrecían las grandes ciudades. Paco dedicó toda su vida al sector de la construcción y, cuando el negocio marchaba bien, invirtieron prácticamente todos sus ahorros en levantar unos apartamentos en Briones.

Asador Los Nietos en Briones. Foto: Fernando Díaz

Entonces llegó la crisis del ladrillo. La que dejó a todo un país temblando. Y como tantas familias tuvieron que reinventarse. Comenzaron alquilando los apartamentos para turismo rural y pronto descubrieron que todos los visitantes hacían la misma pregunta nada más llegar a Briones: «¿Dónde podemos comer?». Aquella necesidad acabó marcando el futuro de la familia. Paco acudió al banco, pidió un préstamo y «con lo que le dieron», como recuerda su hija, transformó una antigua cuadra en el restaurante que hoy es el corazón de este proyecto familiar.

Mientras sus padres levantaban poco a poco el negocio, Raquel Fernández y Claudio Zorzi construían su propia vida en Barcelona. Allí pasaron cerca de dos décadas dedicados a la peluquería, gestionando sus propios negocios y formando una familia. Cuando el restaurante abrió sus puertas en 2015 comenzaron a viajar continuamente para echar una mano. Claudio llegó incluso a pasar una semana al mes trabajando en Barcelona y el resto del tiempo en Briones mientras comprobaban si aquel proyecto terminaba de despegar.

Claudio es el responsable de sale de este restaurante riojalteño. Foto: Fernando Díaz

Aunque el cambio definitivo lo provocó un shock mundial: la pandemia. «Nos hizo pensar mucho en cómo queríamos vivir», recuerda Raquel. Barcelona había dejado de ser aquella ciudad de la que se habían enamorado años atrás y sus hijos tenían una edad en la que todavía era posible cambiar de rumbo. Vendieron las peluquerías, vendieron la casa y apostaron definitivamente por Briones. Sin buscarlo, estaban haciendo exactamente el viaje contrario al que décadas antes habían realizado sus padres.

Si Paco y Carmen abandonaron un pequeño pueblo vinícola para buscar un futuro en la ciudad, Raquel y Claudio dejaban atrás una gran ciudad para recuperar una vida de pueblo en el corazón de Rioja. No porque quisieran trabajar menos —la hostelería exige tantas o más horas que cualquier otro oficio—, sino porque querían trabajar de otra manera. Tener tiempo para su familia, ver crecer a sus hijos cerca de los abuelos y construir un proyecto común. Trabajar para vivir y no vivir únicamente para trabajar.

Paco, el abuelo, se encarga de la leña de vid para armar el fuego de la parrilla. Foto: Fernando Díaz

Hoy Los Nietos es un negocio familiar. Los padres siguen muy presentes, el hermano también formó parte del proyecto durante varios años, y Raquel y Claudio han asumido el testigo manteniendo intacta la filosofía con la que nació el restaurante. «Lo que no te gusta que te hagan, no lo hagas», resume Claudio cuando habla del trato al cliente. En una ciudad como Barcelona aprendieron que cada persona que cruza la puerta elige tu negocio entre decenas de alternativas. Aquí aplican exactamente la misma idea. «Cuando el cliente se siente a comer tiene que pensar: qué bien que decidí venir aquí». Porque, para ellos, un restaurante no consiste únicamente en servir platos; consiste en conseguir que quien entre quiera volver.

La cocina acompaña esta filosofía. Las verduras siguen el calendario de la huerta: espárragos en primavera, tomates de Briones cuando llega su momento, pimientos de Nájera, alcachofas que ellos mismos limpian y conservan para utilizarlas durante el resto del año. En la parrilla conviven las chuletillas al sarmiento, carnes y pescados cocinados a la brasa, mientras que el horno de barro se reserva para cabritos, corderos y cochinillos elaborados por encargo. Tampoco faltan pequeños guiños a Zamora, como el arroz a la zamorana o la tabla de ibéricos de Fermoselle, un recuerdo permanente de la tierra donde comenzó toda esta historia.

Asador Los Nietos en Briones. Foto: Fernando Díaz

Raquel reconoce que empezó prácticamente desde cero en la hostelería. «He vuelto a empezar con 47 años», afirma. Sin embargo, hay algo que asegura haber descubierto entre fogones y mesas. Salir al comedor y observar la expresión de quienes disfrutan de un plato es una satisfacción difícil de explicar. «Me parece una pasada darle de comer a la gente».

Quizá por eso Los Nietos nunca ha sido solo el nombre de un restaurante. Es la historia de tres generaciones que, en momentos distintos de la vida, tomaron decisiones muy diferentes para perseguir exactamente lo mismo: un futuro mejor para los suyos. Primero fueron los abuelos quienes dejaron Fermoselle para abrirse camino en Bilbao. Después fueron los hijos quienes abandonaron Barcelona para volver a un pueblo donde crecer en familia. Y, casi sin darse cuenta, aquel restaurante que un día nació para dar de comer a los viajeros ha terminado regalando a Paco y Carmen algo mucho más valioso: tener a sus nietos mucho más cerca que cuando la vida de todos transcurría a cientos de kilómetros de distancia.

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