La Rioja tiene cierto olfato musical para anticiparse a lo que en unos años lo acabará petando. Rosalía antes de ‘Malamente’. Bad Bunny cuando todavía no llenaba recintos. Rigoberta Bandini antes del Benidorm Fest. C. Tangana antes de ‘El Madrileño’. Viva Suecia cuando aún era una promesa del indie. Una larga lista de artistas que pasaron por escenarios riojanos antes de convertirse en fenómenos de masas, cuando sus caches se ponen tan altos que solo actúan en los escenarios más impresionantes del planeta.
Sin embargo, hay otro debate musical que regresa con la misma puntualidad que las fiestas de septiembre: el de los conciertos de San Mateo.
La presentación del cartel de las fiestas logroñesas ha vuelto a dividir opiniones. Hay quien considera que Efecto Pasillo, Maldita Nerea, Da Igual y Puro Relajo conforman una programación variada y dirigida a públicos diferentes. Otros echan en falta un gran nombre capaz de convertir Logroño en un foco de atracción durante esos días.
No es una discusión nueva. Desde hace años, cada anuncio de San Mateo viene acompañado de comparaciones, críticas y también defensas. Incluso el pasado año, el entonces concejal Miguel Sainz alimentó la expectación al anunciar una gran sorpresa para acabar presentando a Izal, una banda de indudable éxito pero muy conocida ya por el público riojano tras sus múltiples actuaciones en la comunidad.
La pregunta, entonces, resulta inevitable: ¿qué están haciendo otras ciudades de un tamaño similar? La respuesta muestra modelos muy distintos.
Oviedo, que también celebra San Mateo durante el mes de septiembre, ha confeccionado probablemente el cartel más ambicioso. Allí actuarán Leiva, Mónica Naranjo, Taburete o Rodrigo Cuevas, además de un Vetusta Fest con Siloé, Sexy Zebras, Ultraligera y Mafalda Cardenal. Incluso los conciertos gratuitos incluyen nombres tan populares como Chimo Bayo o King África.
Gijón ha apostado para su Semana Grande por una combinación de artistas nacionales e internacionales con Echo & The Bunnymen, Amaia, Omar Montes, La Casa Azul y Ana Torroja.
En Valladolid convivirán propuestas dirigidas a públicos muy diferentes. Judeline y Rusowsky representan la nueva escena urbana, mientras Carolina Durante, Carlos Baute, Leire Martínez y el doble concierto de Obús y Burning completan una programación muy transversal.
León ha reunido durante sus fiestas a Ana Torroja, Zahara, Marlena, Café Quijano, Bombai y Polo Nández. Burgos, por su parte, apuesta por Danny Ocean, Juan Magán, Celtas Cortos, Veintiuno, Orquesta Mondragón, Funambulista y Ladilla Rusa. Vitoria, con una programación más reducida, contará en brev con Leire Martínez, Celtas Cortos y Soziedad Alkoholika.
Frente a esos carteles, Logroño ha optado este año por una programación encabezada por Efecto Pasillo y Maldita Nerea, completada con Da Igual, Puro Relajo, la Orquesta París de Noia y una amplia oferta repartida entre el Espolón, Gallarza, el Espacio Peñas y otros escenarios de la ciudad.
Cada ayuntamiento juega con presupuestos, estrategias y públicos diferentes. Hay ciudades que concentran buena parte de sus recursos en uno o dos artistas de primer nivel, mientras otras prefieren distribuir la programación entre numerosos escenarios o apostar por propuestas familiares y populares.
Lo curioso, en el caso de Logroño, es el contraste que deja la historia reciente. Pocas ciudades pueden presumir de haber programado antes que nadie a algunos de los artistas más importantes de la música actual gracias a festivales como Actual, Iberpop, Holika o Fárdelej. Sin embargo, cuando llega el momento de las fiestas patronales, la sensación de parte del público es muy distinta y el debate sobre la ambición de los carteles reaparece año tras año.


