La salud mental no se cuida solo en una consulta. Tampoco se resume en un diagnóstico, una medicación o una cita con el psiquiatra. Hay veces que se atiende en un pasillo, en una habitación de hospital, en una llamada de seguimiento, en una conversación con una familia desbordada o en ese silencio que alguien necesita antes de poder explicar qué le ocurre. Justamente en ese espacio menos visible del sistema sanitario trabajan las enfermeras especialistas en salud mental.
Una figura que sigue siendo desconocida para buena parte de la población. Y es que cuando se piensa en enfermería, la imagen más inmediata que viene a la cabeza es la relacionada con curas, medicación o procedimientos físicos. Sin embargo, en salud mental el cuidado exige otras herramientas. «Tenemos que desarrollar otro tipo de habilidades que hacen que nuestros cuidados sean mucho más eficientes».
Marta Apilánez, responsable de enfermería en salud mental, habla en este nuevo episodio del podcast Mentes Abiertas (disponible en Ivoox, Spotify y Apple Podcast) de comunicación asertiva, observación, trabajo en equipo y capacidad para leer aquello que no siempre se dice con palabras. «Muchas veces los pacientes comunican algo verbalmente, pero de manera no verbal dicen lo contrario».
Y es que estos profesionales sanitarios acompañan al paciente en momentos muy complicados donde «la persona tiene una gran vulnerabilidad». Su trabajo pasa por una atención integral y holística al paciente: prevención, promoción, seguimiento de la enfermedad, psicoeducación y, sobre todo, estar a su lado durante todo el proceso.
En una unidad de hospitalización, el día empieza con el relevo entre profesionales, con el parte de enfermería y con los pequeños detalles que ayudan a entender cómo ha pasado la noche cada paciente. Después llega la ronda de los ‘buenos días’, las analíticas, el aseo, los desayunos en espacio comunes, las reuniones con psiquiatría, psicología y trabajo social, los grupos terapéuticos, la relajación, la psicoeducación y el seguimiento diario de cada evolución. Dicho de otra forma: «Enfermería está ahí durante las 24 horas los siete días de la semana».
Por eso, muchas veces las y los enfermeros de salud mental actúan como nexo entre el paciente, la familia y el resto de profesionales. «Estamos presentes en cada momento y esa presencia continuada es la que nos permite detectar cambios, sostener momentos difíciles y acompañar procesos que no siempre avanzan de forma rápida y lineal».
Marta destaca que en salud mental «las prisas no sirven de nada». Cuando una persona llega en una situación de crisis, el primer paso es valorar qué está ocurriendo y ofrecer un entorno seguro, tanto para el paciente como para los profesionales. «Después, escuchar, no confrontar, estar. Intentamos reducir la angustia, escuchar lo que está sucediendo, la necesidad del paciente y, sobre todo, no confrontar y ofrecer nuestra ayuda. Si no la quiere en ese momento, esperamos».

Uno de los grandes retos aparece cuando la persona no reconoce que necesita ayuda. «Esa es una de nuestras mayores dificultades». En estos casos la confianza juega un papel fundamental. «Lo primero es generar un vínculo terapéutico positivo, intentar que el paciente confíe en nosotros, porque solo de esa manera le vamos a poder ayudar». Pero ese vínculo no siempre nace con la misma persona. A veces, si la relación no avanza, toca dar un paso atrás y dejar que lo intente otro compañero.
Ese cuidado no termina en quien sufre el trastorno. También alcanza a las familias, muchas veces perdidas, agotadas y sin herramientas para entender lo que está pasando. «La familia es la gran desconocida. Es quien le guía, quien apoya, quien sostiene, pero también se cansa, también necesita ayuda, guías y ser atendida». Por eso, las enfermeras también trabajan con ellas desde la psicoeducación: explicar síntomas, conductas, recursos disponibles y formas de pedir ayuda.
Historias que dejan huella
El trabajo, sin embargo, también pesa. Acompañar el sufrimiento ajeno deja huella. «Hay historias que se quedan contigo un tiempo corto, otras un tiempo muy largo y hay historias que no se van nunca», reconoce Marta. Algunas por la superación, otras por la lucha continua de quienes conviven con enfermedades crónicas y otras porque, sencillamente, tocan de cerca.
Para sostener a otros también hay que aprender a sostenerse. Marta prefiere hablar de límites saludables más que de distancia. «La distancia quizás te aleja del paciente, no podemos estar lejos, pero sí que hay que poner límites». Fuera del trabajo, su refugio está en la red de apoyo: la familia, los amigos, los compañeros y esas pequeñas rutinas que ayudan a cambiar el foco. Un paseo, un café, un libro. «No es hacer grandes cosas, sino pequeñas cosas en tu día a día que te hacen sentir bien».
También los profesionales sanitarios tienen que permitirse estar mal, aunque no siempre resulte sencillo. «Tenemos claro que somos personas y que todos podemos necesitar ayuda en un momento determinado pero creo que también hay una parte de ‘tengo que cuidar’. Y a veces hay que decir: para poder cuidar me tengo que cuidar yo primero».


