Deportes

Yagüe impulsa la pelota base: «Queremos un frontón cubierto para jugar aquí»

Olvidado por muchos durante décadas, el barrio de Yagüe fue, en sí mismo, una historia de superación. Situado en el extremo oeste de la capital riojana, sus habitantes se caracterizaron en los años setenta por su carácter obrero y trabajador. Fue ésta una zona humilde y de acogida, que tuvo que luchar muy duro en los 70 y 80 para ganarse unas mínimas condiciones de iluminación, de alcantarillado y sanitarias. Claro está, también se desarrolló el deporte y la pelota en particular, que desde muy pronto cogió mucho protagonismo. El frontón del barrio, abierto en 1973, vivió grandes partidos de niños que soñaban con ser pelotaris, y más de medio siglo después, el deporte más autóctono quiere recuperar su importancia gracias al Club de Pelota Fueclayo.

La institución se puso a andar el pasado mes de enero, explica Raúl, su presidente y todo un veterano de la pelota. «Empezamos jugando los mayores hace cinco o seis años, yo siempre he jugado. Un día bajé a jugar a Varea y un compañero mío de trabajo, como vio un ambiente muy bueno allí, me dijo a ver si podíamos hacer esto en Yagüe. Así que pusimos partidos de mayores aquí, y como empezaron a venir niños a vernos jugar, poco a poco empezamos a entrenar con ellos de cara a este verano», resume este directivo. Niños y alguna niña de siete a los catorce años se reúnen habitualmente en esta superficie.

Había financiar el proyecto. Así que «para hacer el club, hicimos un sorteo en Navidad, buscamos comercios que nos donaron objetos para hacer un sorteo. Gracias al sorteo que hicimos, tuvimos dinero para arrancar y pudimos pagar todo», explica Abigail, la secretaria del club e implicada con su barrio. Respecto al nombre, Fueclayo, tiene perfecta identificación con el barrio. Ella misma lo explica: «En Yagüe siempre ha habido tres zonas, Los Fueros, Clavijo y Yagüe. Entonces, el nombre sería ‘Fueclaya’, como la asociación. Sin embargo, quisimos cambiarlo a Fueclayo, que representa al hombre trabajador, obrero que siempre ha representado a la zona.

Objetivo: un frontón cubierto

«En Yagüe siempre nos hemos criado así, los chavales íbamos a jugar al parque, al patio y es la línea que queremos seguir en este club», implica Abigail. El problema es que, con un frontón a la intemperie, las posibilidades se limitan: «En invierno, aquí no se puede entrenar con la lluvia y el frío (y en verano, el calor también afecta). Estamos pidiendo un frontón cubierto al Ayuntamiento de Logroño. Nos queremos quedar aquí, los niños son de aquí de Yagüe. Si no, este año vamos a tener que ir a entrenar al Revellín. En invierno no podemos y claro, con niños tan pequeños, es incómodo moverlos. Aquí vienen de sus casas como si fuera un pueblo», valora Raúl.

Los integrantes del club

«Queremos jugar aquí, entrenar aquí, esta es nuestra casa. Prácticamente todos son de aquí y el que no vive aquí, viene aquí a menudo», continúa Raúl. Son las seis de la tarde de un miércoles tórrido de junio, más propio de la canícula. Cinco miembros del club y en torno a una decena de niños acuden a practicar su deporte favorito. Faltan niñas, si bien algunas curiosas lo prueban. Escenas habituales en un Yagüe donde todos se conocen. Es el Logroño más puro, casi un microclima dentro de una ciudad donde todo, a tenor del mundo, transcurre cada vez más rápido. El termómetro aprieta, el bochorno se sufre, pero los chavales persiguen su pasión.

Dieciséis chavales integran el club y jugarán en las próximas fiestas del barrio (27 de junio y 4 de julio), junto a otros adultos. Cuando estén más consolidados, plantean una presentación en sociedad, el próximo 12 de septiembre. Su intención inicial era realizarla en junio, pero lo atrasaron, pues los chavales tenían viaje de estudios. «Cuando nos consolidemos», reconoce Abigail. De momento, el plan es organizar torneos para las fiestas del barrio, el 27 de junio y el 4 de julio. Así, el Fueclayo prevé que varios niños se midan entre sí en el frontón y además, que haya partidos de adultos.

Por supuesto, el club quiere crecer y desea más manos, más colaboración: «Hemos dado una vuelta por aquí a ver si encontramos a gente que nos pueda echar una mano, sobre todo, a gente de aquí del barrio, técnicos o gente que te ayude de una manera u otra. Empiezas desde abajo y sin nada, te hace falta algo de ropa para los chavales». Y respecto a la pelota femenina, Abigail lo ve complicado: «Es más difícil encontrar niñas que quieran jugar a la pelota. Hay mucha competencia de otros deportes y redes sociales. No es imposible». Arlet, a sus siete años, intenta jugar: «Vengo desde hace un mes, me lo paso bien con mis compañeros».

Tres niñas prueban la pelota junto a Abigail

Con los máximos integrantes posibles, la intención del club es competir al máximo en septiembre: «Estamos abiertos a personas de cualquier edad, pero hasta que no nos cubran el frontón, entrenamos en El Revellín», explica Raúl. Ahora mismo, eso sí, las categorías de infancia copan un club que, además, ya consigue resultados. El club tuvo una gran presencia en el Torneo del Revellín, donde varios de sus integrantes alcanzaron las rondas finales. Es el caso de Irai, emparentado con Titín III: «He llegado a una final ganando cuatro partidos. Me gusta jugar a esto, mi ídolo es Zabala, le conozco. Me gustaría llegar lejos». La ambición le viene de familia.

Junto a Abigail y Raúl, Alejandro, tesorero del club, resalta el valor humano de este deporte. «Son buenos valores, va más allá de la competitividad sana. El deporte ayuda a la concentración de los chavales, a su estudio y además, tenemos referentes como Darío y Zabala. Se nota que los niños tienen ganas de jugar, los ven y tienen ganas. Hace falta afición, no solo profesionalismo», concluye. En eso está el Fueclayo, en aportar una alternativa de ocio, vida saludable y compañerismo que, además, teje la comunidad de un barrio donde todos son uno solo.

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