Los fogones de Bodegas Izadi desprenden aromas a territorio, autenticidad y diversidad. La firma de Villabuena de Álava cocina desde sus renovadas instalaciones diferentes propuestas enfocadas a un público que busca sorprenderse, explorar y deleitar a sus sentidos. Con este propósito nace el ciclo de ‘Estaciones Gastronómicas’ de Izadi dentro de una oferta enoturística que evoluciona más allá del concepto de vino y es que el visitante demanda algo más: emoción, diferenciación, acción, cercanía y exclusividad. Ahí es, precisamente, donde recae uno de los valores diferenciales de la bodega.
Para ello, Izadi ha diseñado un completo programa con personalidad propia donde la gastronomía gira en torno al vino y no al revés mediante experiencias culinarias participativas que se basan en talleres temáticos donde la cocina y el vino se dan la mano desde una manera particular, con el disfrute como único requisito.

La idea rompe con uno de los esquemas clásicos de la enogastronomía. En lugar de adaptar el vino a la comida, en Izadi se busca y se elabora el mejor maridaje culinario que encaje con esas referencias. El objetivo es que cada taller ayude a descubrir matices, texturas y combinaciones capaces de potenciar las características de sus elaboraciones.
Hasta la fecha se han realizado dos talleres que muestran la gran acogida de este tipo de actividades enoturísticas. Uno, enfocado a la elaboración de piezas de sushi, y el otro dedicado a la riqueza gastronómica de los quesos. A estas propuestas creativas se suma el taller de ‘Izadittone’ que se celebrará próximamente y que ensalza este dulce navideño que consiste en un panettone muy original elaborado a base de crema de orujo de las propias uvas de la bodega y de la masa única de la pastelería veneciana Loison. Todo ello convirtiendo en escenario protagonista la cocina de Bodegas Izadi, un lugar por el que han pasado algunos de los grandes cocineros que participaron en las Jornadas de Cocina de Autor impulsadas en los años 90 en Vitoria por Gonzalo Antón, fundador de la bodega y figura fundamental en la conexión entre gastronomía y vino en el norte de España.

Aquellas jornadas marcaron durante años una forma distinta de entender la cocina vinculada al vino. Esto permitió que grandes chefs encontraran en Izadi un espacio donde experimentar y compartir conocimiento culinario alrededor del producto y del territorio. Una esencia que a día de hoy se mantiene gracias a estas nuevas experiencias participativas que buscan recuperar ese espíritu desde una visión más contemporánea y cercana al visitante.
Además, Izadi ha sabido sumar recursos potencialmente atractivos a esta base. En una tierra donde el vino forma parte del paisaje y de la identidad cultural, la conexión con la naturaleza es inevitable. Y aquí Villabuena de Álaba y todo este entorno de la Sonsierra es idóneo para crear experiencias al aire libre. Propuestas que se disfrutan con calma y perspectiva sensorial para conocer la materia prima que nutre el sector del vino de manera diferente.
Entre ellas destacan las rutas en bicicleta entre viñedos, una actividad que permite recorrer parte de las parcelas con las que trabaja la bodega, entre pendientes, valles, colinas y caminos que serpentean entre viñas viejas. La bicicleta es entendida por Izadi como una herramienta para conectar con el entorno y entender el viñedo desde dentro y para que esta actividad sea accesible al mayor público posible, la bodega pone a disposición del turista bicicletas eléctricas que hagan del recorrido uno donde disfrutar en todo momento sin dificultad. Un plan donde la naturaleza se convierte en un regalo para los sentidos.

En esa búsqueda de una experiencia cuidada juega también un papel importante el formato reducido de sus actividades. Izadi apuesta por grupos pequeños, de no más de doce personas, lo que permite ofrecer un trato mucho más cercano, personalizado y, al mismo tiempo, exclusivo. El visitante se siente parte de una visita donde cada detalle está pensado para favorecer una conversación directa, el aprendizaje y la tranquilidad. Ese aire de exclusividad se ha convertido en una de las señas de identidad de la bodega, que reivindica la calidad de la atención, el ritmo pausado y la sensación de autenticidad.
Valores que se reflejan dentro de la bodega, pero también fuera, en sus viñas. Esa autenticidad reposa en la apuesta de por variedades autóctonas, tanto en clave tinta como en blanca. Una forma de interpretar el patrimonio de la DOCa Rioja desde sus raíces. Izadi presume de elaborar más vinos blancos que tintos y ahí muestra especial atención a esas variedades blancas autóctonas como la garnacha blanca, la maturana blanca o la turruntés. Uvas que durante años tuvieron una presencia mucho más limitada en Rioja y que hoy permiten a Izadi construir ensamblajes más completos y equilibrados. Cada una de ellas forma parte del puzle varietal de Izadi, cada una con sus aromas y matices para crear algo especial.
Izadi es viñedo, pero también es gastronomía, paisaje, variedades autóctonas y atención personalizada. Diferentes piezas que le han permitido diferenciarse del amplio mapa enoturístico de Rioja.


