La poeta riojana Adriana Bañares y el músico Julen Gossíp actuarán este viernes en las Jornadas Culturales de Zaldierna para presentar su espectáculo, ‘Adriana y Sr. Alien’. La propuesta, situada entre el spoken word, la lectura performativa, el concierto y la experimentación sonora; combina la voz poética de Adriana Bañares con la arquitectura sonora creada en directo por Julen Gossíp. El resultado es una experiencia escénica inmersiva en la que la poesía abandona el espacio de la página para convertirse también en paisaje sonoro.
La actuación tendrá lugar este viernes, 24 de julio, a las 20 horas, y recorrerá tres piezas vinculadas a los poemarios de la autora ‘Riesgo eléctrico’ y ‘Urbe capensis’, además de una relectura contemporánea del mito de Melusina.
– Actúa junto a Sr. Alien este viernes en las Jornadas Culturales de Zaldierna con una propuesta tan ambiciosa como llamativa, mezclando poesía y electrónica. ¿En qué consiste el show?
– Adriana y Sr. Alien es el proyecto que tengo con el poeta y compositor Julen Gossíp desde hace unos años. Surgió como una colaboración aislada para escenificar mi poema ‘Urbe capensis’ con atmósfera sonora. Pronto vimos que nos entendíamos genial y que podíamos dar vida a más piezas.
En Zaldierna interpretaremos tres piezas: ‘Carta celestial a Melusina’, y fragmentos de ‘Urbe capensis’ y ‘Riesgo eléctrico’. Lo que hacemos es llevar la poesía más allá, y convertir la poesía en una experiencia inmersiva. Es lo que Julen consigue con sus composiciones, realizadas expresamente para mis poemas. El resultado es un auténtico viaje porque Julen sabe captar perfectamente la intención, la simbología y la atmósfera de mis textos.
– ¿Cómo nace la idea de unir poesía y música electrónica?
– La poesía y la música tienen un vínculo muy especial. De hecho, hay un estudio de una universidad del Reino Unido que dice que leer poesía nos activa las mismas áreas cerebrales que cuando escuchamos la música que nos gusta, que nos conmueve. Ambas disciplinas estimulan redes neuronales encargadas de las emociones, la memoria autobiográfica y la introspección. Es curioso que, a pesar de esto, no siempre funcionan las colaboraciones entre músicos y poetas. Es común en micros abiertos que un compañero se anime a acompañarte con la guitarra mientras recitas, pero no siempre funciona porque son códigos diferentes y a veces la intención del poema va por una línea totalmente distinta a la del músico. Yo veía grupos que sí lograban una sinergia brutal, como el grupo HVUC, del poeta y músico Pablo Cortina, y me apetecía llegar a hacer algo similar.
Cuando Julen me mostró la pieza que había compuesto para ‘Urbe capensis’, me di cuenta de que habíamos encontrado la manera de lograr lo que estaba buscando. Ha pasado igual con otras piezas. La pieza de ‘Carta celestial a Melusina’ te lleva a la huida de la Melusina, es una música por la que ella bailaría en el barro, estoy segura. Y para ‘Riesgo eléctrico’, la pieza es pura electricidad y brillo, como ese chispazo del flechazo del que hablo en el poemario. Pero también tiene un toque oscuro, un toque de distorsión, que es lo que le da esa atmósfera tan profunda e incómoda que puede percibirse en mis poemas.
En realidad, nace cuando se me ocurre llevar a escena ‘Urbe capensis’ y siento que, para un poema como este, no basta una lectura integral —que también he hecho, y me encanta—, sino que había que dotarlo de un cuerpo sonoro que nos haga adentrarnos en esa espesa, densa, negra lluvia. Tras aquello, Julen y yo vimos claro que era el comienzo de algo, y de ahí nació Adriana y Sr. Alien.
– Es una idea a la que llega por un primer impulso que nace por amor al arte. ¿Siempre ha tenido ese interés por la música?
– Sí, absolutamente. No sé qué me gusta más, si la poesía o la música. Igual la música. No sé vivir sin ella. Además, tengo una curiosidad tremenda por escuchar nueva música constantemente. Ahora que estoy releyendo mis diarios de adolescencia para un proyecto, veo lo pesada que era con el tema desde siempre. Era la amiga pesada que grababa mixtapes y te decía «tienes que escuchar este disco». Talento para cantar y tocar —apenas unos años de piano, hace mucho tiempo—, no mucho, pero melómana, un rato. Con Adriana y Sr. Alien puedo sentir lo que es estar sobre un escenario, conectar de una manera muy especial con la música, y por eso estoy profundamente agradecida.

Adriana y Sr. Alien
– Sin embargo, en lo que sí puede considerarse talentosa es, sin duda, en la poesía. ¿Cuándo y cómo se empieza a fascinar por este mundo?
– Aunque ya me gustaba escribir y fui una niña especialmente lectora, no fue hasta mi segundo año de universidad cuando descubrí la poesía. Era 2008 y yo estudiaba Filosofía en Valladolid. Era la época dorada de los blogs y el resurgir de los fanzines. A través del blog llegué al colectivo literario COLMO, un grupo de estudiantes que se reunía una vez a la semana para hablar de poesía y organizar un festival.
El impulsor de este colectivo era Javier García Rodríguez, y fue él quien me descubrió esta locura de la poesía. Javi murió el pasado mes de noviembre y desde entonces no dejo de preguntarme por esta cosa de andar por la vida y encontrarte con unas personas y no con otras, de qué hubiera pasado si no hubiera escogido Filosofía, si no hubiera conocido a Javi y COLMO. Qué suerte haber acabado ahí. Desde entonces, la poesía es parte de mi vida.
– Un camino que le ha llevado a coordinar desde 2001 el Poetry Slam de Logroño. ¿Qué significa para usted este evento?
– Esto sí que me parece una locura, pero también creo que era una consecuencia lógica. Me gusta la poesía, me gusta la poesía escénica, y, sobre todo, me encanta dar difusión al talento de los demás, servir como plataforma. Ya lo hacía durante la uni con la edición de La Fanzine, y después con el podcast Fosfatina…
Coordinar Poetry Slam en Logroño durante estos años ha sido todo un regalazo: hacer comunidad, descubrir talentos, emocionarnos en cada velada… y la maravilla de haber contado con poetas invitadas increíbles como Miren Agur Meabe, Yolanda Castaño, María Ángeles Pérez López, Ana Rossetti, y tantas, tantas más. Ha sido maravilloso unir dos mundos, el de la academia y el underground, el de las voces consolidadas y las voces emergentes, el de los ciclos de poesía de primera calidad, y la calidez y ese punto de ambiente canalla cabaretero de los micros abiertos. Me lo he pasado en grande en cada velada.
– Son momentos en los que, además, cuenta con cierta presión escénica, al igual que en sus propias actuaciones. Siendo una persona tímida, ¿cómo lo gestiona?
– Me encanta esta pregunta porque, sinceramente, no tengo ni idea de cómo lo hago. Soy tímida, timidísima, terrible. Tímida de ir con gafas de sol o mirando al suelo y con los auriculares al máximo para pasar rápido sin mirar a nadie y evitar un saludo por el que me puedo desvanecer. Igual exagero un poco. Me he ido curando un poco con la edad. Pero es cierto que el escenario te da una coraza impresionante. Es algo real. Cuando subes, si la iluminación es buena, no ves al público, y eso es maravilloso.
Recitando o presentando el Slam no soy la misma Adriana que va a la oficina a trabajar y no se atreve a entrar en el comedor de la empresa porque teme las relaciones sociales, las mesas corridas y las conversaciones por compromiso. Cuando subo al escenario me siento libre: puedo expresarme sin miedo, puedo mostrarme vulnerable, conectar con la gente y ser yo misma. Ir a clases de teatro y trabajar años de cara al público también da bastantes tablas. Ahora bien, los días de después del Slam o de una actuación de Adriana y Sr. Alien estoy bajo mínimos, pero el subidón del escenario no lo cambio por nada.

Adriana Bañares
– Asimismo, Adriana, también cuenta con Aloha, su propia editorial. ¿En qué momento decide adentrarse en este proyecto?
–Como sucede con muchos proyectos, fue durante una época de crisis. Por aquel entonces vivía en Madrid y venía de encadenar una multitud de trabajos temporales agotadora. Estaba en una precariedad tremenda e hice recuento: venía de haber tenido mi propia librería en Logroño y de haber currado muchos años como correctora y editora de contenidos autónoma. Aparte, otra cosa no, pero contactos en el sector editorial y pasión por trabajar en los textos de los demás, a tope. Así que decidí volver a emprender y montar Aloha. Lo que tenía claro desde el principio era que no quería publicar poesía. Tengo muchos amigos poetas y no quería dejar de tenerlos. Tampoco quería abandonar el espíritu fanzinero. Por eso apuesto por narrativa, por pulp y cómic.
– ¿Qué diferencias encuentra entre la Adriana editora y la escritora?
– La principal es que la escritora es muy visceral y la editora es más racional. Es la diferencia principal entre escribir y corregir. También es cierto que, por mucha trayectoria que tenga, la impostora me acompaña constantemente. No se me da bien apostar por mi propia obra, pero me encanta hacerlo por la de los demás.
– Dentro de sus obras encontramos referencias a la mitología y películas como ‘Retrato de una mujer en llamas’. ¿Cuáles son sus inspiraciones?
– En ‘Riesgo eléctrico’, donde escribo de un enamoramiento no correspondido, un amor que nunca podrá ser, tomo como referencia figuras como la mujer de Lot y el mito de Eurídice y Orfeo, para hablar de ese gesto de mirar atrás («era aquel gesto tuyo quien prendía las llamas», como dice el verso de María Victoria Atencia en su poema ‘La mujer de Lot’), y de la elección del poeta de quedarse con la imagen de la amada en vez de con ella misma, que es lo que plantean las protagonistas de la película de Céline Sciamma sobre el mito de Eurídice y Orfeo.
En ‘Carta celestial a Melusina’ hablo de la huida de la Melusina cuando es descubierta para hablar de la ausencia y de la identidad del monstruo. Esto también está bastante en ‘Riesgo eléctrico’, porque es un tema que me persigue: la identidad, el monstruo, la sensación de no ser de ninguna parte.
Es cierto que veo una película, escucho una canción o leo sobre un tema y puede surgir ese chispazo que me lleva a escribir, pero también, muchas veces, lo que me inspira está mucho más cerca. Algo que sucede en la sociedad y se oye un clic. Es lo que me pasó con ‘Urbe capensis’, algo externo a mí pero que nos afectó como sociedad se instaló en mi cabeza y no me lo podía despegar. Escribir sobre esa sensación, esa repulsa y esa tristeza como si fuera una espesa lluvia negra me ayudó a exorcizarlo.
Y en ‘Vacaciones’, hablo continuamente sobre el lenguaje, la identidad y mi relación con mi hijo y mi propia infancia. Al final, lo que nos hace creadores, poetas, es la mirada. Seguir mirando como niños, no dejar de asombrarnos, de preguntarnos, y de sacar belleza de todo esto.
– La mirada feminista y LGTBIQ+ es otro de los rasgos que caracterizan su poesía. ¿Considera que el arte va siempre unido, en algún sentido, a la reivindicación?
– Sin ninguna duda. Lo personal es político. Escribir ‘Riesgo eléctrico’, que entre otras cosas es una carta de amor a una mujer, ha supuesto para mí una salida del armario bisexual. Exponer mi identidad desde la poesía también supone una pequeña revolución. Para mí el arte tiene que interpelar, que incomodar, escocer un poquito. No me interesa una poesía que no me cuestione; no me interesa una poesía que me deje igual que como estaba antes de leerla.
– ¿Qué lugar cree que ocupa a día de hoy la poesía dentro del mundo de la literatura?
– La poesía sigue siendo minoritaria. Ese rincón minúsculo en las librerías. Pero creo que es más necesaria que nunca. Pienso en Renee Nicole Good, la mujer a la que mató el ICE en enero, y cómo dio la vuelta al mundo su poema ‘On Learning to Dissect Fetal Pigs’, y en el poema del palestino Refaat Alareer ‘Si tengo que morir…’, que se convirtió en emblema contra el genocidio.
– En su Instagram ha podido anunciar que tiene nuevos proyectos en marcha, tanto literarios como solciales. ¿Qué puede adelantarnos acerca de ellos?
– Próximo libro no hay a la vista. De hecho, últimamente apenas escribo. Sí hay libros a la vista en Aloha. Uno de ellos, ‘La voz alzada. Palabras por Palestina’. Va a ser uno de los títulos más ambiciosos de la editorial, en el que contamos con más de cuarenta autores y cuyos beneficios irán destinados al programa de apoyo a Palestina de Intermón Oxfam.
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También estoy muy ilusionada con el proyecto de mi casa de Baños de Río Tobía. En realidad, es la casa de mi abuela, en la que viví durante una importante parte de mi infancia. Me sorprende que el recuerdo que tengo de esta casa es casi de fortaleza impenetrable, porque mi abuela no me solía dejar que entraran mis amigas, pero antes de que yo naciera, cuando vivía mi abuelo, esa casa solía estar llena de gente, y esto lo sé porque mucha gente del pueblo tiene anécdotas de infancia y juventud en ella. Me interesa repensar la casa, saber qué fue para otros, qué historias se vivieron en ella. Escribiré sobre todo esto y lo completaré con una instalación en el porche de la casa con fotografías Polaroid, y con un recital abierto al público en el patio. Será en agosto, y hasta aquí puedo leer.


