El valle de Ocón ha mirado alrededor, ha visto lo que ya empieza a funcionar en otros municipios riojanos y ha decidido ponerse manos a la obra. El Ayuntamiento trabaja en un proyecto para concurrir a la próxima convocatoria de proyectos emblemáticos contra la despoblación, ya que a la actual no llegaban con los plazos. «Los tiempos para presentar la documentación son muy justos si no lo tienes ya muy trabajado», explica la alcaldesa de Ocón, Inmaculada Ortega. La idea, todavía en fase de preparación, tiene algo de regreso al sentido común de siempre: utilizar cabras para cuidar el monte antes de que el fuego encuentre combustible de sobra.
El proyecto se ubicaría en Aldealobos y partiría de un rebaño de entre 300 y 500 cabras, unos animales que ya tienen una actividad productiva vinculada a la leche. Según los cálculos que maneja el municipio, el rebaño puede llegar a generar cada día unos 6000 litros para Martínez de Haro, pero además serviría para una segunda tarea igual de valiosa: ayudar a que el monte de Ocón esté más limpio, más abierto y, por tanto, más protegido frente a los incendios.

La clave está en que las cabras hacen un trabajo que no resulta sencillo sustituir con maquinaria. No solo comen pasto, sino que también ramonean brotes y vegetación leñosa, esa masa vegetal que se enreda, se seca y acaba convirtiéndose en una mecha perfecta cuando llegan las olas de calor. «Lo bueno de las cabras es que se comen los brotes, algo que no hace ningún otro animal», resumen desde el entorno del proyecto. Dicho de otra manera: donde una desbrozadora entra un día y se va, el ganado puede mantener el terreno de forma continuada.
Ahora, sin embargo, toca pasar de la idea al expediente. El Ayuntamiento está recabando documentación y dando forma a una propuesta que requiere inversión y planificación. Uno de los pasos importantes será la construcción o adecuación de un pabellón para el manejo del rebaño. También será necesario buscar personal, porque un proyecto de estas características no consiste simplemente en soltar animales en el monte y esperar resultados. Hace falta dirección, cuidado, vigilancia y un puesto de trabajo que dará al valle.

Ocón quiere así sumarse a una corriente que empieza a ganar peso en La Rioja: recuperar la ganadería como aliada contra los incendios. No desde la nostalgia, sino desde una mirada muy práctica. El monte riojano está cada vez más cerrado por el descenso de la actividad ganadera y agrícola tradicional, y esa pérdida de presencia humana y animal tiene consecuencias. Menos rebaños significa más matorral, más continuidad vegetal y más trabajo para los equipos forestales cuando llega el verano. En ese contexto, las cabras de Aldealobos aspiran a ser algo más que ganado: pequeñas desbrozadoras vivas, con patas, leche y oficio.
La referencia más cercana está en el Camero Viejo, con el proyecto ‘Rebaños de fuego: queso y prevención de incendios con cabras’, impulsado por la ganadera Raquel Sáenz en Jalón de Cameros y Vadillos. La iniciativa ha recibido una ayuda de 80.000 euros dentro del programa de proyectos piloto y emblemáticos del Gobierno de La Rioja, que cuenta con un millón de euros en 2026. Allí, más de un centenar de cabras se alimentan en distintos montes cameranos para reducir biomasa inflamable, generar leche destinada a la DOP Queso Camerano y recuperar una nave ganadera abandonada. El proyecto prevé desbrozar entre 25 y 40 hectáreas anuales y reducir hasta un 60 por ciento la masa vegetal seca durante tres años.

La tecnología también ha entrado de lleno en esta nueva forma de pastoreo. ‘Rebaños de fuego’ incorpora collares GPS con sensores de actividad, temperatura y localización en tiempo real, una aplicación móvil con estadísticas y el uso puntual de drones para cartografiar zonas de riesgo. La idea es que los animales trabajen allí donde más falta hacen, pero con control y datos. Algo parecido ocurre en Anguiano con el proyecto ‘Platero’, donde burros ayudan a limpiar los alrededores del pueblo mediante pisoteo y ramoneo, controlados con vallado virtual. Cada especie cumple su papel: los burros abren paisaje, las cabras comen brotes y vegetación leñosa, y las ovejas y vacas aprovechan mejor el pasto herbáceo.
El fondo de todos estos proyectos es el mismo: La Rioja ha perdido buena parte de su cabaña ganadera y el monte lo nota. En el año 2000 había en la comunidad 178.633 ovejas y 11.794 cabras; el año pasado, 55.010 ovejas y 6.366 cabras, según datos de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Mundo Rural y Medio Ambiente. Con un 60 por ciento de la superficie riojana de carácter forestal, el debate ya no es solo ganadero, sino territorial, ambiental y casi de supervivencia rural. Ocón quiere entrar en esa conversación con sus propias cabras, convencido de que prevenir un incendio empieza mucho antes de que aparezca la primera columna de humo.


