Son ya pocos los cortes de las cosechadoras que aún se ven por los campos riojanos segando el último cereal de la campaña. El calor, mientras tanto, sigue azotando fuerte en prácticamente toda la región, incluidas las zonas más frescas y tardías. Allí, en Fonzaleche, Álvaro Barahona apura las últimas fincas de trigo y de alguna que otra cebada tardía que también tiene que recoger por la zona de Cellorigo.
La de este agricultor de Casalarreina es de las pocas máquinas que todavía forman parte del paisaje agrícola estival por estas fechas. Comenzó a segar un 20 de junio y reconoce que desde entonces el calor no ha dado tregua apenas ni un día. Un calor que ha determinado la producción final. «Las altas temperaturas de mayo afectaron a lo que se había sembrado más tarde porque lo pilló en el momento de granado, a medio ciclo y más verde, mientras que lo que se sembró antes ya tenía el grano más hecho y no le tocó tanto el calor», relata desde la cabina de la cosechadora.
Calcula que respecto al año pasado se ha podido coger un 40 por ciento menos de grano, teniendo en cuenta que la de 2025 fue «una buena cosecha» en cuanto a kilos: «Este año los rendimientos medios rondarán los 4.000 kilos, llegando a los 4.500 en fincas buenas. Pero también hay zonas peores porque son de mala tierra».
En la Cooperativa Garu de Ausejo, que se encarga de recepcionar la cosecha de los cerealistas de los municipios de alrededor, también fijan en los 4.000 kilos por hectárea los rendimientos medios de esta campaña.
«No ha sido una mala cosecha, pero sí que se han sacado rendimientos muy desiguales por zonas. Las siembras tempranas se han comportado bien, en torno a los 4.000 kilos por hectárea en el trigo y a 3.500 las cebadas, pero luego te encuentras con siembras tardías que igual no han llegado ni a los 2.500. Así que cuanto antes se sembró, mejor calidad y cantidad. Aquí empezamos a recoger grano el 11 de junio y, a las puertas de cerrar la cosecha a falta de entregas puntuales, llevamos unas 7.000 toneladas de grano recepcionadas. Con estas cifras se puede decir que ha sido un año normal; no ha habido excesos pero tampoco falta de kilos. Nada que ver al año pasado que sí fue excepcional y alcanzamos las 10.000 toneladas», apunta Luismi Ezquerro, responsable de almacén Garu.
Lo que sí destaca es el carácter «atípico» de la cosecha y es que, asegura, «nunca se había empezado a cosechar a las seis o siete de la mañana». Una realidad determinada por las restricciones del Gobierno de La Rioja para poder realizar labores agrícolas en las horas centrales del día ante el riesgo de incendios. «Al final la gente tenía que cosechar y muchos han optado por adelantar las jornadas sin el condicionante de que pueda salir humedad, y es que el calor ha apretado todos los días».
Pendientes del mercado
Después de una campaña de 2025 en la que los precios no acompañaron para las buenas cosechas, la presente se aventura ligeramente mejor. «En plena campaña no es habitual que los precios del grano estén altos, pero ya se comenta que ha habido movimientos y las cotizaciones pueden notar una ligera mejoría respecto al año pasado. De hecho, en las últimas semanas sí que han subido algo», apunta el cerealista Barahona.
«En las lonjas nacionales se habla de unos 8 euros la tonelada de trigo, mientras que de las de fuera, como la de Chicago o París, también llegan buenas señales, si bien es cierto que también hay un recorte de tonelaje importante. Lo ideal sería que ya que vamos a coger menos kilos pues que repuntasen los precios al menos para compensar un poco los costes. Ya venimos de varias cosechas cortas en kilos mientras que los insumos cada día van para arriba, pagando especialmente caros los abonos este 2026», refleja el agricultor de Casalarreina.


