Los servicios sanitarios riojanos han atendido desde el pasado 11 de mayo un total de 108 episodios derivados de las altas temperaturas, con un único ingreso hospitalario y ningún fallecimiento asociado, según los datos del sistema de vigilancia de los efectos del calor sobre la salud facilitados este viernes a EFE.
La Consejería de Salud y Políticas Sociales puso en marcha a finales de mayo el Plan de Alerta, Prevención y Control de los Efectos del Exceso de Temperaturas, en vigor hasta el 30 de septiembre, para reducir el impacto de los episodios de calor extremo en la población riojana, con especial atención a las personas más vulnerables.
Desde el inicio del seguimiento en la semana 20 de 2026 (del 11 al 17 de mayo) se han registrado en La Rioja un total de 77 episodios atendidos en Atención Primaria (AP) y 31 en Atención Especializada (AE), en urgencias.
La actividad comenzó a detectarse en la semana 21 (18 al 24 de mayo), con 4 episodios en AP y una en AE, y alcanzó su punto máximo en la semana 26 (del 22 al 28 de junio), con 25 atenciones en Primaria y 10 en Atención Especializada, coincidiendo con la primera ola de calor registrada este verano (del 21 al 25 de junio).
Posteriormente, los casos descendieron hasta una única atención en AP en la semana 27 (del 29 de junio al 5 de julio), pero volvieron a aumentar en la siguiente semana (del 6 al 12 de julio), con 10 pacientes en Primaria y 4 en urgencias, durante el desarrollo de la segunda ola de calor (del 5 al 9 de julio).
Los datos recogidos hasta este jueves, 23 de julio, revelan que en lo que va de semana ha habido 3 casos en AP y 2 en AE, en unos días que coinciden con la tercera ola de calor (del 21 al 23 de julio), durante la que se han registrado temperaturas de 41,8 grados en Alfaro y Calahorra, 40,8 en Logroño (aeropuerto) y 40 en Cenicero.
La exposición a temperaturas elevadas puede provocar efectos adversos sobre la salud, como deshidratación, agotamiento por calor, insolación o golpe de calor, además de agravar patologías previas, ha recordado Salud.
El impacto es mayor en personas mayores, lactantes y menores, embarazadas, pacientes con enfermedades crónicas o en tratamiento farmacológico, personas con discapacidad o dependencia, quienes viven solas o en condiciones de vulnerabilidad social.
El plan prevé la coordinación entre los servicios sanitarios, sociales, ayuntamientos y entidades colaboradoras para facilitar la identificación y atención de personas con mayor riesgo, reforzar la vigilancia epidemiológica y activar, si fuera necesario, medidas adicionales de respuesta ante situaciones de emergencia.


