Hay racimos en Rioja que ya están completamente enverados y otros a los que les faltan escasos días para completar el ciclo. Las viñas ‘corren’ con estos calores y el 10 de agosto se mantiene como la fecha marcada en el calendario para el inicio de la vendimia en la Cooperativa Viñedos de Aldeanueva. Una cosecha que supera todos los récord de adelanto y es que, de confirmarse el día, será la vendimia más madrugadora de la historia de Rioja.
Un adelanto que ya esta semana ratificaba la directora técnica del Consejo Regulador de la DOCa Rioja, Alejandra Rubio, aludiendo a las altas temperaturas como motivo. Así mismo, apunta que «la maduración es muy diferente en función de las zonas producción de la denominación» y que estos calores también pueden afectar a la cantidad de uva final, con una merma de la producción si persisten las altas temperaturas.

Un racimo en Aldeanueva de Ebro, este mismo jueves.
Las poco más de dos semanas que quedan por delante son determinantes y será el clima el que marque si se cumplen los pronósticos o no. «La bodega está lista para empezar incluso antes del 10 si las condiciones así lo requieren, pero todavía no hay nada seguro», remarca el director general de la bodega, Abel Torres.
Ha sido este mismo jueves cuando han realizado el primer muestreo de la campaña en los tempranillos blancos más adelantados, algo que otros años solían dejar para el 30 de julio o 1 de agosto: «Han sacado casi diez de grado alcohólico, así que se puede decir que tienen un adelanto de unos diez días con respecto al año pasado. La semana que viene haremos otro muestreo y veremos cómo avanza la cosa para tomar una decisión en cuanto a fechas porque ahora es todo incierto. Con estos calores no sabemos si se parará la maduración, pero si llueve el fin de semana como está previsto, igual se acelera más».

Un racimo en Aldeanueva de Ebro, este mismo jueves.
Torres incide que viene una «cosecha contenida» por estos calores y reconoce que «hay miedo porque merme». Durante estos días el riego es un apoyo importante, especialmente para esos blancos, con el fin de «mantener un poco la frescura y que no se caiga la acidez».
«Pero de mantenerse estos calores no sé cómo pueden llegar al final de ciclo las plantas. Lo que más peligra es la madurez fenólica, pero la alcohólica también va a sufrir. Ahora mismo no es un problema, pero veremos cómo evoluciona. Es cierto que estos días por la noche bajan algo las temperaturas, así que confiamos que el tiempo se relaje un poco en este final de ciclo y caigan 15 o 20 litros».
Amador Escudero, de Bodegas Ilurce (Alfaro), comparte esa previsión de un adelanto de 10 días en las viñas, aunque prefiere no aventurar hasta que hagan, al menos, los dos primeros muestreos en bodega: «Teníamos intenciones de empezar a muestrear este miércoles, pero tras probar algún grano vimos que todavía hay que esperar un poco. Eso sí, la impresión que tengo es que igual cogemos algunos tintos antes que los blancos, pero lo dicho, hasta que no hagamos los dos primeros muestreos, uno para ver si está ya en maduración y el segundo para ver a qué velocidad madura, no podemos hablar de fechas de inicio de vendimia».
El dilema recae ahí y es que para meter uva blanca antes hay que decolorar la maquinaria, por lo que prefieren esperar por si hubiera un un cambio de planes y el tinto se adelantara. «Tampoco me extrañaría que este año veamos uvas negras pero que les cueste coger grado por el calor, porque desde la segunda quincena de mayo llevamos con altas temperaturas y sin caer una gota, así que las plantas están apalizadas», reconoce el bodeguero. Ilurce fue la que inauguríó el año pasado la vendimia en Rioja un 13 de agosto, pero Escudero reconoce que entonces las circunstancias eran otras: «No había tanta sequía y yo tenía muy poca uva. Este año, en cambio, los blancos tienen buena cosecha».
En Labastida el adelanto que calcula el productor Alain Quintana ronda los quince días, mientras que con un año normal (de los que ya casi son historia) la diferencia es de 21 días de adelanto. Pero aquí el escenario es bien distinto.
«Las viñas están bastante bien en general. La sequía apenas se nota, más en zonas que son muy secas y ya se empieza a marcar algo, pero en las fechas que estamos ya no va a ser un problema. A finales de junio, cuando fue la tormenta gorda en Haro, aquí cayeron unos 50 litros del pueblo hacia abajo, mientras que en la zona alta se registraron entre 30 y 40 litros, así que andamos servidos de agua. En cambio, donde no ha llovido tanto tienen que estar desesperados con estos calores. Hablé con algunos de Laguardia y Elciego y ya dijeron que había viñas que daba pena verlas», apunta.
En cuanto a la producción estimada, Quintana ya recalca que viene «bastante menos uva de la que se esperaba», aunque con diferencias notables entre variedades: «En la garnacha no hay nada, calculo que un 30 por ciento de lo que suele haber. La viura, por otro lado, está muy desigual; yo tengo cepas que están tremendas y que hay que tirar la mitad y luego hay cepas que no tienen un grano, mientras que el tempranillo va bien. En general, las fincas que son de traer producción están bien, como un año normal, es decir, que la viña trae uva, pero no un super cosechón. También es cierto que aquellas viñas que son de traer poca uva sí se han comportado mejor. Así que va a ser un año de uva, pero tampoco a reventar».


