Ángeles Ríos todavía habla del colegio San Agustín como quien habla de su casa. Durante casi cuatro décadas, el colegio ha sido mucho más que su lugar de trabajo. Ha sido aula, pasillo, laboratorio, refugio, familia y una parte enorme de su vida. El próximo curso habría cumplido 40 años vinculada al colegio, aunque sus primeros pasos fueron modestos, con clases particulares por las tardes, antes de incorporarse poco a poco a la docencia hasta lograr la jornada completa en 1992. «El colegio ha sido mi vida», reconoce.
Licenciada en Biológicas, Ángeles ha sido durante todos estos años profesora de Biología y Matemáticas, principalmente en Secundaria y Bachillerato. Empezó impartiendo Geología de COU, después pasó a Biología de COU y, con el tiempo, se convirtió en una de las grandes referencias del área científica del centro. Su trayectoria, sin embargo, no puede resumirse solo en asignaturas, cursos o horarios. Porque su manera de entender la educación siempre ha ido más allá de la clase magistral y del temario cerrado.
Desde principios de los años 2000, Ángeles impulsó en el San Agustín una línea de trabajo ligada a la sostenibilidad, el medio ambiente y la investigación. Primero llegaron proyectos como Ecoauditoría, después Agenda 21 y, más tarde, los programas educativos hacia la sostenibilidad, en los que el colegio ha participado durante los últimos años. Ella fue la coordinadora, la impulsora y, en muchos momentos, el motor de una forma de enseñar ciencia más pegada a la realidad, menos encerrada en el libro y más abierta a que los alumnos investigaran, pensaran y se hicieran preguntas.
Esa ha sido una de sus grandes obsesiones: que los estudiantes aprendieran haciendo. Proyectos científicos, trabajos de investigación, aprendizaje y servicio, propuestas gamificadas y una participación constante en certámenes regionales y nacionales. En el concurso de la Fundación Naturgy, el centro ha participado durante ocho años y ha ganado en todas las ediciones. Este curso, además, ese recorrido ha tenido un reconocimiento especial para ella, con un ramo de flores y un agradecimiento público por haber sido la profesora que más años había acompañado ese proyecto.
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Ángeles defiende con firmeza una enseñanza activa, pero sin confundir innovación con rebaja de exigencia. Después de pasar por siete sistemas educativos distintos, tiene claro que los alumnos han cambiado en algunas cosas, aunque en otras siguen siendo los mismos adolescentes de siempre. Los ve con menos tiempo para aprender con calma, más pendientes de lo inmediato y con una tolerancia menor a la frustración. «Se frustran y no saben remontar esos malos momentos que todos tenemos en la vida», reflexiona. Aun así, sostiene que no se trata de bajar niveles, sino de dar herramientas, acompañar mejor y exigir con sentido.
La despedida llegó envuelta en emoción. Ese día, Ángeles venía ya tocada desde primera hora. Por la mañana se encontró con una antigua alumna que le recordó que había estudiado Biológicas gracias a ella. Después llegaron regalos, globos, flores y celebraciones con sus alumnos. Y cuando pensaba que la jornada terminaba, al salir al pasillo se encontró con sus compañeros esperándola para hacerle un homenaje. También estaba allí su marido, jubilado el curso pasado y vinculado igualmente al colegio. La escena terminó de romperle la voz.
No era solo la despedida de una profesora. Era la despedida de alguien que ha vivido el crecimiento del San Agustín desde dentro. Ángeles recuerda un colegio de 350 o 370 alumnos, muy lejos de los más de 700 actuales. Recuerda también claustros pequeños, compañeros que se convirtieron en familia y una vida entera compartida entre aulas. Allí trabajó su marido, allí estuvieron sus hijos y allí, también, encontró apoyo en uno de los momentos más duros de su vida, cuando perdió a uno de ellos con solo cuatro años. «El hecho de estar con gente joven te ayuda mucho también a sobrellevar esos momentos», reconoce emocionada.
Ahora le toca aprender otra forma de estar en el mundo. Dejar de convivir a diario con adolescentes, admite, también da vértigo. Porque «trabajar con jóvenes rejuvenece, obliga a entender otros códigos y mantiene viva una frescura que no siempre se encuentra fuera de un colegio». Pero Ángeles no parece hecha para quedarse quieta. Habla de deporte, de viajes, de seguir formándose, de cursos de genética, microbiología, salud, nutrición o neurociencia. Y, sobre todo, de seguir cerca de los proyectos de investigación, aunque sea como mentora de sus compañeros.
En estos años también ha visto cómo las chicas han ido ganando terreno en las asignaturas científicas y en las vocaciones STEM. Ángeles, que ha impulsado durante años la feria STEM del colegio y numerosos trabajos de investigación, reconoce que el cambio se nota en las aulas. «En todos los trabajos que hacemos relacionados con la ciencia siempre hay más mujeres que hombres», asegura. También ha percibido esa evolución en materias tradicionalmente más masculinizadas, como el dibujo técnico, donde «cada vez hay más chicas». Para ella, la clave está en ofrecer referentes, abrir caminos y acompañar sin imponer, porque lo importante es que cada alumno pueda elegir sin trabas hacia dónde quiere dirigir su futuro.
La biología, dice, ha cambiado a una velocidad enorme desde que ella empezó a enseñar. Lo que estudió hace 40 años ya no es lo mismo que explica hoy. Biotecnología, bioingeniería, biomedicina, genética… La ciencia se mueve y Ángeles se ha movido con ella. Por eso su jubilación no suena a punto final, sino a una transición serena. Se marcha del aula, sí, pero deja detrás una manera de mirar la educación: con curiosidad, exigencia, cariño y una fe profunda en la capacidad de los alumnos para llegar más lejos.
En el San Agustín, su nombre queda ligado a la ciencia, a los proyectos, a la sostenibilidad y a varias generaciones de estudiantes. Pero también a algo más íntimo y difícil de medir: la huella de una profesora que no solo explicó Biología o Matemáticas, sino que enseñó a mirar el mundo con preguntas. Y eso, en un colegio, permanece mucho después de que suene el último timbre.


