Más de 300 riojanos han cambiado este fin de semana la rutina habitual de principios de junio por una mochila, un saco de dormir y muchas horas de autobús para estar presentes en la visita de León XIV a España. Salían el sábado a las 8:30 de la mañana desde Las Gaunas, con destino a Madrid, para participar primero en la vigilia del sábado por la noche y después en la misa del domingo por la mañana. Lo que al principio iba a ser un único autobús organizado desde la Diócesis ha acabado convertido en seis. La respuesta ha sido tal que uno de ellos ha salido completo solo con personas vinculadas a la parroquia Santa María de la Vid de Cascajos.
María Vittoria y Candela son catequistas allí. Cuentan la experiencia con la sensación de haber vivido algo grande. «Ha sido un no parar», resume María Vittoria. Y es que el viaje ha llevado días de preparación, mensajes, organización con los chavales, nervios, ilusión y esa sensación de estar preparando algo que no ocurre todos los días. «Ha habido mucha emoción los días previos con toda la preparación con los jóvenes. Ha sido una locura, también Madrid, pero nada nos ha quitado la emoción».
La expedición riojana se ha encontrado con una capital desbordada por la visita del Papa. Para muchos de los jóvenes ha sido su primera gran experiencia de Iglesia fuera de su entorno habitual, lejos de la parroquia, del grupo de confirmación o de las reuniones semanales. La magnitud de la cita la entendieron, de golpe, en la puerta de su acceso para poder entrar a la plaza de Lima. «Había mucha gente y mucha espera». Pero el cansancio se quedo en segundo plano cuando apareció León XIV. «En ese momento nos dimos cuenta de que de verdad estábamos en un momento histórico».

La noche tampoco fue convencional. Su grupo compartía alojamiento con otras 1.500 personas en el colegio de los Salesianos de Atocha. Duermieron en un patio al aire libre, en sacos de dormir, entre grupos llegados de otros lugares y con el bullicio propio de una cita multitudinaria. Lejos de restar comodidad, aquello ha añadido intensidad al viaje. «Dormir así ha hecho única la experiencia», explica María Vittoria. «No puedes dejar pasar esta oportunidad. No sabes cuándo vas a poder tener al Papa tan cerca y en casa».
Para ella, además, el viaje ha tenido un significado especial. María Vittoria es venezolana, pero lleva casi una década viviendo en Logroño. A sus 25 años, suma ya seis como catequista y acompaña a grupos de confirmación y postconfirmación. Vivir una cita así junto a sus jóvenes ha supuesto «una reafirmación de que hay que seguir sembrando, porque siempre salen los frutos».
La mayoría de quienes han viajado desde La Rioja han sido jóvenes, aunque también han participado adultos y personas mayores. Esa mezcla generacional ha dejado, para las catequistas, una de las imágenes más bonitas del fin de semana. «Ha sido esperanzador. Muchos mayores también nos han acompañado y hay que darles las gracias». En medio de una ciudad tomada por miles de personas, muchos chavales han descubierto que su fe no es algo aislado ni minoritario. «Se han encontrado con una Iglesia joven y viva en la que son necesarios».
«Ha sido espectacular, una experiencia renovadora. Estamos más unidos que nunca», dice Candela que reconoce que viajar con menores siempre implica responsabilidad y que había cierto miedo: por la cantidad de gente, por Madrid, por los accesos y por una previsión que hablaba de una concentración multitudinaria. Sin embargo: «Todo ha salido de maravilla».

El regreso a La Rioja ha dejado cansancio, sí, pero también una sensación de impulso. «Hemos vuelto más unidos que nunca», ha asegurado Candela. «Una cosa es la fe y otra vivir un acto tan especial, algo que no es frecuente. Para ellos ha sido una maravilla». A su juicio, estar en un recinto con miles de cristianos ha ayudado a muchos jóvenes a entender que «no están solos en su camino».
Del mensaje de León XIV, las catequistas se han quedado con varias ideas. Una, especialmente, ha resonado entre los jóvenes: la invitación a no tener miedo al silencio. «Hay mucho ruido en este mundo, pero el Santo Padre nos ha dicho que no le tengamos miedo al silencio, porque ahí está Dios».
Algunos riojanos han continuado ahora el camino de forma individual y han viajado también a Barcelona para participar en otros actos vinculados a la visita del Papa. Para la mayoría, sin embargo, el viaje ha terminado con el regreso en autobús, las mochilas cargadas y muchas horas sin dormir. Pero también con algo más difícil de medir. «Esto es algo más grande que nosotros».


