La Rioja ha rendido este martes homenaje a uno de los pilares silenciosos, pero decisivos, de su tejido económico y social. La Asociación Riojana de la Empresa Familiar ha recibido la Medalla de La Rioja durante el acto institucional del Día de La Rioja, celebrado en el Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla. Un reconocimiento que pone el foco en una forma de hacer empresa muy ligada al territorio, al relevo generacional y a esa vocación de permanencia que ha acompañado durante décadas a muchas compañías riojanas.
La entidad, que representa a un amplio porcentaje del tejido empresarial de la comunidad, celebra tres décadas de historia defendiendo los valores que distinguen a la empresa familiar: el compromiso con el territorio, la generación de empleo y riqueza, y la responsabilidad de transmitir un legado de una generación a otra. A lo largo de estos años, la asociación ha impulsado iniciativas de formación, información y acompañamiento, además de promover buenas prácticas de gestión para ayudar a las empresas familiares a afrontar sus retos con mayor solidez.
El galardón ha sido recogido por su presidenta, Carlota González Soto, que ha pronunciado un discurso cargado de emoción y gratitud. «Es un privilegio representar a esta asociación y uno de los mayores honores que podemos recibir», ha señalado al inicio de su intervención. González Soto ha querido recibir la distinción «con gratitud y con humildad», dejando claro que la Medalla «no pertenece solo a la asociación ni a quienes la representamos, sino a las empresas familiares de La Rioja, a quienes las fundaron, a quienes las consolidaron y a quienes van a crear su futuro».

En su discurso, el presidenta ha recordado que la asociación nació como un espacio de encuentro para acompañar a las empresas familiares en sus desafíos y que, con el paso del tiempo, se ha convertido en una organización «sólida y arraigada a la comunidad». Durante estas tres décadas, ha subrayado, han trabajado para fortalecer el relevo generacional, defender la figura del empresario familiar y colaborar con las instituciones desde una convicción clara: «Una sociedad más próspera necesita empresas más fuertes».
González Soto ha querido ir más allá de los datos económicos para destacar el alma de estas compañías. «No nos definen las cifras, nos define nuestra forma de estar en el mundo», ha afirmado. En ese sentido, ha reivindicado la capacidad de la empresa familiar para pensar a largo plazo, generar empleo estable, asumir riesgos, adaptarse a los cambios y resistir incluso en los momentos más complicados. Todo ello, añadió, compartiendo valores como «el esfuerzo, la generosidad y la visión de futuro».

La representante de la Asociación Riojana de la Empresa Familiar ha descrito esta realidad empresarial como «una manera singular de hacer empresa» muchas veces desde la discreción, «con perfil bajo, pero con capacidad transformadora». También ha lanzado un mensaje de acompañamiento a quienes afrontan el reto de mantener viva una compañía familiar: «Nadie debe recorrer solo un camino tan exigente como es el de la empresa familiar». Una frase que ha resumido, de alguna manera, el sentido de una asociación que busca estar al lado de las familias empresarias en los momentos de crecimiento, de duda y de transición.
La Medalla de La Rioja reconoce así no solo a una entidad, sino a una forma de construir región. El galardón actúa como homenaje a todas esas familias que, desde distintos sectores y municipios, han contribuido al crecimiento de La Rioja con empresas comprometidas con su entorno y con vocación de permanencia. «Este reconocimiento nos confirma que estamos en el buen camino», ha concluido González Soto, antes de renovar el compromiso de la asociación de «seguir creciendo» y de continuar trabajando por una Rioja con empresas familiares fuertes, responsables y preparadas para el futuro.


