La Rioja

Gonzalo Capellán: «Somos herederos de una historia y responsables de un futuro»

El presidente de La Rioja, Gonzalo Capellán, ha reivindicado en San Millán de la Cogolla una Rioja orgullosa de su historia, de su autonomía y de una identidad construida «sin estridencias, sin atajos, con constancia». El presidente ha apelado al esfuerzo, la solidaridad y la unidad como señas de la comunidad, ha felicitado a Urbano Espinosa, la Empresa Familiar y Mabel del Pozo por encarnar esos valores, y ha llamado a seguir construyendo una Rioja “más fuerte, más próspera, más justa y más unida”.

Queridos riojanos y riojanas, amigos todos.

Nos reunimos hoy en este lugar que es más que un magnífico escenario o un punto en el mapa: es un origen, un punto de partida para muchas cosas. Aquí se asentaron palabras que cambiaron la historia. Aquí comenzó a tomar forma escrita una lengua que hoy comparten millones de personas en el mundo. Y aquí, también, nuestra comunidad dio un paso decisivo para afirmarse como realidad administrativa, política, económica y social. Ya lo era histórica, cultural y emocional.

El 9 de junio no es una fecha más. Es el día en que La Rioja empezó a caminar administrativamente con la publicación de nuestro Estatuto de Autonomía, llamado precisamente el “Estatuto de San Millán”, porque fue aquí donde lo ratificaron quienes entendieron que esta tierra quería, podía y debía gobernarse a sí misma. Aquel paso no surgió de la nada. Llegaba de la mano de una historia larga, desiglos de vida compartida, de valles que han articulado nuestro paisaje y también nuestro carácter.

Llegaba de la mano de generaciones que, con trabajo y con ilusión, han hecho posible que hoy exista algo reconocible, algo propio, una realidad geográfica, económica, humana y cultural que llamamos “La Rioja”. Pero llegaba también desde la conciencia de esa identidad, sentida y vivida por los riojanos a quienes tocó escribir aquella página tan trascendental de nuestra historia reciente. Cada uno desde su ámbito, pero con un marcado protagonismo de la sociedad riojana que reivindicó la autonomía, dando muestras de quererla y capacidad para lograrla (primero).

Y hemos demostrado, como sociedad, buena actitud, perseverancia y pericia para construirla (después). Nuestra tierra tiene una identidad que se ha ido conformando con el paso del tiempo, como se forman las cosas verdaderamente valiosas: sin estridencias, sin atajos, con constancia. Una identidad que encuentra aquí, en San Millán, uno de sus símbolos más poderosos: el lugar donde nuestra lengua adquirió dignidad escrita y donde nuestra literatura dio el paso de tener un nombre propio, el de Gonzalo de Berceo.

Donde el español como lengua escrita adquirió su autoría, donde se desarrolló y expandió, produciéndose en su extraordinario e incomparable escritorio medieval el conjunto de códices y glosarios de mayor riqueza cultural de Europa. Una aportación que lejos de detenerse en el tiempo se proyecta con más fuerza que nunca hacia el futuro del español, como demuestra Dialnet, el portal de la Universidad de La Rioja que constituye la mayor base de datos de contenidos científicos y académicos en lengua española del mundo.

Y como mostraremos a todos los visitantes a la gran exposición que bajo el título ‘AutorIA’ acogerá el Monasterio este próximo otoño. Quedan todos cordialmente invitados. La Rioja se ha consolidado como lugar universal de historia, de memoria, de cultura que quiere seguir teniendo una voz y nombre propios, de referencia y liderazgo en el siglo de los avances tecnológicos y el diálogo global, sin perder nunca la humanidad esencial que nos caracteriza.

Nuestro Estatuto de Autonomía condensa con precisión lo que somos y lo que aspiramos a ser. Su artículo primero no es solo una formulación jurídica. Es una declaración de principios. Afirma algo que merece ser recordado hoy con especial realce: que aspira a hacer realidad [efectiva] los principios de libertad, igualdad y justicia para todos los riojanos, en el marco de igualdad y solidaridad con las demás regiones de España.

Detengámonos un momento en estas relevantes palabras. Libertad. Igualdad. Justicia. Son conceptos hermosos por los que merece la pena luchar. Son aspiraciones profundamente humanas, que sólo cobran sentido cuando se traducen en la vida concreta de las personas. Libertad para elegir el propio camino, para desarrollar un proyecto de vida, para pensar y expresarse sin miedo. Igualdad para que el lugar de nacimiento no determine el destino, para que cada riojano —nazca donde nazca, viva donde viva— tenga acceso a las mismas oportunidades. Justicia para que el esfuerzo tenga recompensa, para que nadie quede atrás, para que la convivencia se sostenga sobre reglas compartidas y equitativas. Y junto a todo ello, algo que forma parte de nuestra manera de estar en el mundo: la solidaridad. Esa solidaridad que no se proclama, sino que se practica. Que no se exhibe, sino que se ejerce. Esa solidaridad que nos vincula entre nosotros y que, al mismo tiempo, nos integra lealmente en el conjunto de España.

Estos principios son una tarea. Una tarea diaria. Una responsabilidad que nos interpela a todos. Porque si algo caracteriza a los riojanos es que no entendemos la vida sin esfuerzo, sin superación y sin compromiso con los demás. Somos una tierra de gente trabajadora. De personas hechas al esfuerzo. De hombres y mujeres que han sabido salir adelante en circunstancias difíciles, que han emprendido —mucho antes de que esa palabra se pusiera de moda— y que han entendido siempre que el progreso no es un regalo, sino una conquista.

Lo hemos visto a lo largo de nuestra historia y lo seguimos viendo hoy. Lo vimos -y lo vemos- también en tantos riojanos que han recorrido el mundo llevando consigo ese carácter y que han dado muestras de su espíritu industrioso.

Ahí están las comunidades riojanas en otros lugares de España y de ultramar, esos centros riojanos más allá de La Rioja, donde ese sentimiento no se diluye con la distancia, sino que, muchas veces, se hace más fuerte. A todos ellos, hoy, les enviamos un saludo lleno de afecto.

Si hubiera que representar plásticamente ese espíritu, podríamos hacerlo a través de una imagen muy reconocible para todos: la estatua del labrador de los escultores Dalmati-Narvaiza, situada al comienzo de la arteria principal de Logroño, nuestra capital.

Pasa por ser el primer labrador que se levantaba en España, un labrador riojano, un homenaje tan nuestro, a la tierra y a la gente que la cuida, que la trabaja, que la ama por ser parte esencial de nosotros mismos, donde hundimos nuestras raíces, de la que obtenemos nuestros frutos.

Esa escultura, como otras obras de esos magníficos artistas, presenta unas manos grandes que, más que una representación puramente física, adquieren una dimensión moral.

Son manos grandes casi desproporcionadas. Manos con callos. Manos que han trabajado la tierra. Manos que han levantado empresas, que han construido hogares, que han cuidado de los suyos. Manos que sostienen, que amparan, que transforman. En esas manos hay una verdad profunda: nada de lo que hoy celebramos habría sido posible sin el esfuerzo acumulado de generaciones de riojanos y riojanas que han arrimado el hombro a lo largo de las décadas.

Hoy celebramos un día que mira al pasado con gratitud y que se proyecta hacia el futuro con responsabilidad. Y lo hacemos reconociendo, como cada año, a quienes encarnan de manera ejemplar esos valores que nos definen.

Comienzo con nuestra más sincera felicitación a Urbano Espinosa, distinguido como Riojano Ilustre. Su trayectoria es inseparable del desarrollo cultural y académico de esta comunidad. Como primer rector de la Universidad de La Rioja, fue protagonista de un momento fundacional: el nacimiento de una institución que ha permitido a generaciones de jóvenes formarse aquí, en su tierra, en condiciones de calidad e igualdad de oportunidades.

Como aseveraba la pionera Asociación Amigos de La Rioja en su primer escrito de 1976 “la lucha por conseguir una Universidad… nos dará la “conciencia de nuestra personalidad regional”. También la oportunidad de muchos de nuestros jóvenes estudiantes de culminar sus estudios superiores en La Rioja. Y, de hecho, el logro de una Universidad propia estuvo consustancialmente unido a la idea misma de nuestra autonomía durante todo el proceso, antes y después de su constitución.

El camino no fue fácil, pero hoy es un sueño logrado, una aspiración y una realidad que sigue avanzando, mirando con ambición al futuro, con nuevos estudios -como el Grado de Medicina-, e impulsando el progreso de La Rioja como comunidad.

Reconocemos la labor desarrollada por Urbano Espinosa, uno de esos jóvenes esforzados de nuestra sierra, de los Cameros, que tuvieron que irse fuera para estudiar y forjarse un porvenir profesional. Dejó su puesto en la Universidad de Madrid para volver a su tierra y contribuir a que la Universidad de La Rioja diera sus primeros e importantes pasos.

Humildad, compromiso, generosidad y sabiduría. El gran historiador de la Roma antigua ha sido maestro para generaciones de investigadores y arqueólogos de La Rioja. Su labor en yacimientos de la Varea Romana, en el Valle de Ocón, en Calahorra, en Albelda… nos ha ayudado a conocer mejor nuestro rico pasado y, por tanto, a nosotros mismos.

Querido Urbano Espinosa, tu trayectoria y tu personalidad te han hecho merecedor de la máxima romana gloria et fama, el honor inmortal logrado al servicio del Estado, de nuestra comunidad Autónoma. ¡Enhorabuena!

Mi felicitación se extiende también a la Asociación Riojana de la Empresa Familiar (AREF), Medalla de La Rioja 2026. Esta entidad, que representa a buena parte de nuestro tejido productivo, encarna como pocas los valores del trabajo constante, del arraigo territorial, del compromiso. Pero también destacamos hoy, en este contexto, un hecho distintivo, un valor auténtico: tener un corazón riojano siempre en el centro de su actividad, de sus decisiones y de sus sentimientos.

Las empresas familiares no entienden de corto plazo, una gran parte de ellas llevan desarrollando su actividad en La Rioja muchas décadas, varias generaciones. De bisabuelos a abuelos, de abuelos a padres, de padres a hijos, cuidando y fortaleciendo un legado de raíces muy profundas. Un legado construido a lo largo del tiempo, cimentado en los robustos pilares del esfuerzo, del sacrificio, de la audacia, del atrevimiento, del ingenio y de la honestidad. Un tiempo jalonado por la superación de los momentos difíciles, nutrido de la infatigable determinación de seguir siempre adelante, de adaptarse a la realidad cambiante, de innovar de forma permanente, de competir en un mundo global. Y hacerlo con el valor diferencial de la calidad del producto y el servicio local, cercano y envuelto siempre en el calor y el color que surge de un alma de familia, de esa familia extendida que une a sus empresas y a sus trabajadores.

Familias que llevan años, generaciones, generando empleo, riqueza y bienestar en nuestra sociedad. Familias que nos hacen hoy sentirnos orgullosos de La Rioja, pero también que nos permiten mirar al futuro con esperanza porque su compromiso con esta tierra es firme, sólido e incondicional.

La medalla que hoy reciben es un reconocimiento a su sobresaliente manera de personificar las mejores esencias del carácter riojano. Gracias por vuestra contribución al pasado, al presente y al futuro de esta maravillosa tierra.

Y quiero felicitar, igualmente, a Mabel del Pozo, Galardón de las Artes y la Cultura de La Rioja. Su trayectoria como actriz y directora escénica demuestra que La Rioja no solo conserva su cultura, sino que la crea, la renueva y la proyecta enriqueciéndola con toda la fecundidad del extraordinario talento que atesora nuestra tierra.

Pero nunca, en ningún ámbito de la vida, el éxito es un camino de rosas, ni un regalo gratuito que se topa en nuestra vida. El aquilatado prestigio de Mabel del Pozo es un fruto ganado con una vocación de niña dispuesta a superar cualquier obstáculo que se interpusiera en el camino entre ella y sus sueños. Sueños perseguidos con la madurez y el talento de una artista que va creciendo, que va desarrollando toda su descollante personalidad, que va forjando a fuego lento, pero imparable una trayectoria profesional a la que no hay distinciones de género que puedan poner límite, techo ni cortapisa.

Sueños nacidos en el teatro aficionado, en una compañía tan nuestra como La Garnacha Teatro, hechos realidad tanto en el teatro profesional como en el terreno cinematográfico. Una sólida carrera artística cuyo conocimiento comparte siempre con un cariño y una generosidad genuinamente riojanas. Un ejemplo paradigmático de esa sensibilidad y compromiso por su tierra, por seguir generando cultura, es su fantástica labor al frente de la Crónica Najerense, dirigiendo a un nutridísimo grupo de personas aficionadas al teatro activamente involucradas en preservar y difundir la rica historia de Nájera.

Se cumplen 10 años desde que la actriz riojana recibiera en Washington el prestigioso premio Helen Hayes, por su brillante interpretación protagonista en Yerma. Conocemos tu pasión por Lorca, motivo suficiente para citar hoy aquí en este monasterio, patria chica, tierra, cuna y origen de la lengua española, unas palabras del gran poeta universal.

Las pronunció en 1931 en un pequeño pueblo de Granada con motivo de la inauguración de una biblioteca, que para Lorca era sinónimo de cultura, de ese alimento del alma, que tanto se afanó en difundir en nuestro país:

“¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras… Después de la caída del imperio romano, de las invasiones bárbaras y el triunfo del cristianismo, tuvo el libro su momento más terrible de peligro.

Fueron arrasadas las bibliotecas y esparcidos los libros. Toda la ciencia filosófica y la poesía de los antiguos estuvieron a punto de desaparecer. Los poemas homéricos, las obras de Platón, todo el pensamiento griego, luz de Europa, la poesía latina, el Derecho de Roma, todo, absolutamente todo.

Gracias a los cuidados de los monjes no se rompió el hilo. Los monasterios antiguos salvaron a la humanidad. Toda la cultura y el saber se refugió en los claustros donde unos hombres sabios y sencillos, sin ningún fanatismo ni intransigencia (la intransigencia es mucho más moderna), custodiaron y estudiaron las grandes obras imprescindibles para el hombre”.

Tu trabajo, querida Mabel, es una prueba de que la cultura sigue siendo uno de los pilares más vivos de nuestra identidad, de esa rica cultura, que para bien de la humanidad conservaron y salvaron los muros del Monasterio de San Millán, la que seguiremos creando, difundiendo y compartiendo siempre en y desde La Rioja.

Personas e instituciones como los hoy premiados contribuyen a que La Rioja sea, con razón, un envidiable rincón del mundo en el que nada ha sido por casualidad, sino porque todos hemos trabajado para hacerlo posible, para hacerlo una realidad que disfrutamos, que nos define.

Vivimos en un mundo complejo, siempre cambiante, a menudo incierto. ¿Pero cuándo no lo ha sido? ¿Acaso no vivieron épocas y contextos extraordinariamente arduos los riojanos que nos precedieron? Claro que sí, pero nos han dado un ejemplo histórico. Nos han traído hasta aquí superando los desafíos de su tiempo. Nosotros afrontaremos los retos del nuestro, con la energía y la firme determinación de seguir proyectando su legado más allá.

Somos una generación más de una larga cadena de mujeres y hombres que amaron esta tierra, la trabajaron, la defendieron y la hicieron prosperar. Debemos contribuir a enriquecer ese largo y fértil camino recorrido, legando a los riojanos que nos seguirán una Rioja más fuerte, más próspera, más justa y más unida.

Porque somos herederos de una gran historia. Pero, sobre todo, somos responsables de un gran futuro. La Rioja es una gran tierra con un gran futuro. Una gran tierra con un lugar y un nombre propio en un gran país, España. Pero también con un lugar propio, singular y único en el mundo. Somos riojanos, somos españoles y ciudadanos de un mundo a cuya mejora y futuro también queremos contribuir desde La Rioja.

Hoy nos recargamos de energía colectiva, nos reafirmamos en nuestra identidad que nos da la fuerza necesaria para seguir construyendo juntos un futuro común mejor. Impulsados por nuestros jóvenes -en quienes tenemos plena confianzay abrazados a nuestros mayores, seguiremos construyendo una comunidad en la que merezca la pena vivir, trabajar, formar una familia, hacer amigos, disfrutar… Una comunidad de la que sentirnos orgullosos.

Hoy vemos en nuestra amada tierra generaciones enteras de riojanos trabajando, soñando y construyendo futuro.

Vemos el Oja y el Tirón, el Najerilla, el Iregua, el Leza, el Jubera, el Cidacos, el Alhama-Linares. Ríos distintos. Valles distintos. Paisajes distintos. Pero todos formando parte de una misma tierra.

Como nosotros, los riojanos. Distintos en nuestras experiencias. Distintos en nuestras trayectorias. Distintos en nuestros lugares de origen.

Pero unidos por una misma forma de sentir. Unidos por el orgullo de pertenecer a esta tierra generosa. Unidos por la responsabilidad de cuidarla y mejorarla, de preservar su rica biodiversidad y hacerla sostenible. Unidos, siempre unidos, por la esperanza de dejar a nuestros hijos una Rioja todavía mejor.

Porque nuestra identidad no nace de aquello que nos diferencia. Nace de aquello que compartimos. Del esfuerzo. De la solidaridad. De la cercanía. Del amor por nuestra tierra. Y mientras sigan vivos nuestros pueblos, mientras sigan vivas sus gentes, mientras sigan fluyendo los ríos que recorren nuestros valles, seguirá viva La Rioja.

Con esa convicción, y con toda la emoción que merece este día, os invito a decir juntos:

¡Viva La Rioja!

¡Viva España!

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