La espera se ha convertido en una rutina para más de un millar de riojanos. A día de hoy, 1.212 personas permanecen en lista de espera para acceder a una plaza en centros de día en La Rioja, con un tiempo medio que alcanza los 262 días, casi nueve meses. Una cifra que, más allá del dato, revela una realidad menos visible: familias que reorganizan su vida diaria y personas mayores que prolongan su dependencia en casa, muchas veces sin los apoyos necesarios.
Los datos, remitidos al Parlamento regional en respuesta a una solicitud del PSOE, dibujan un mapa desigual donde la presión se concentra especialmente en Logroño. Solo en la capital, 790 personas esperan una plaza, reflejo tanto del peso demográfico como de la saturación de los recursos disponibles. Centros como Gonzalo de Berceo, La Estrella, San José de Calasanz o Camino de los Olivos acumulan solicitudes en un sistema que apenas cuenta con dos vacantes en toda la red logroñesa, una cifra que evidencia el desajuste entre oferta y demanda.
Fuera de la capital, la situación tampoco ofrece un alivio claro. En La Rioja Baja, Alfaro lidera la lista con 100 personas en espera, seguido de Calahorra (49), Arnedo (43) y Autol (37). En La Rioja Media destacan Albelda de Iregua (56) y Fuenmayor (32), mientras que en La Rioja Alta sobresalen Santo Domingo de la Calzada (39) y Haro (34). Incluso en municipios más pequeños como Badarán o Casalarreina la demanda sigue siendo significativa. Solo Castañares de Rioja aparece sin lista de espera, una excepción que confirma la presión generalizada del sistema.

FOTO: Raquel Manzanares.
El informe también deja entrever una paradoja: existen centros sin lista de espera pero con usuarios pendientes de ingreso, como en Castañares o Uruñuela. Una circunstancia que apunta a factores más complejos que la simple disponibilidad de plazas, como la ubicación, la accesibilidad o las preferencias de las familias, que condicionan el acceso real a estos servicios.
En el trasfondo de esta situación está el envejecimiento progresivo de la población riojana. Cada vez son más las personas que necesitan apoyo diurno, ya sea por dependencia, soledad o dificultades para mantener su autonomía. Los centros de día se han convertido en una pieza clave, no solo para mejorar la calidad de vida de los usuarios, sino también para aliviar la carga de cuidados que recae sobre las familias. Sin embargo, la capacidad actual parece quedarse corta ante una demanda creciente.
El presidente del Gobierno de La Rioja, Gonzalo Capellán, subrayaba hace unos días el compromiso de ampliar la red de atención. Actualmente, la comunidad cuenta con 851 plazas en 24 centros de día, con el objetivo de alcanzar las 1.000 plazas en 2027 mediante la ampliación de recursos existentes y la puesta en marcha de nuevos centros.
En esa línea, el Ejecutivo autonómico avanza en distintos proyectos. En Cervera del Río Alhama comenzará a dar servicio en junio. En Calahorra, el nuevo centro a estado meses pendiente de completar los últimos trámites administrativos antes de su apertura, tras la finalización de las obras y la adjudicación del servicio. En la misma situación se encuentra el nuevo centro de Arnedo. Este mismo martes se anunció que podrán abrir sus puertas a partir del 1 de mayo.

También en Haro se proyecta un nuevo edificio que integrará centro de día y centro de participación activa, con una inversión de más de 7,8 millones de euros y un plazo de ejecución de 18 meses, concebido como un salto cualitativo en la atención a las personas mayores. En Nájera, el Gobierno regional ha autorizado el gasto para ampliar plazas tanto en centro de día como en centro ocupacional, mientras que en Uruñuela inauguraba el año pasado un nuevo recurso con capacidad para 30 usuarios.
Pese a estos avances, la realidad actual sigue marcada por los tiempos de espera. El aumento de 150 plazas en el próximo año no es suficiente para la lista de espera que hay en estos momentos y que se irá ampliando conforme pase el tiempo. Mientras la espera de las familias se traducen en soluciones improvisadas: cuidados informales, reorganización laboral o renuncias personales que afectan directamente a la calidad de vida de los mayores y de sus cuidadores. Una cuestión que impacta en el día a día de decenas de hogares.


