Las visitas guiadas nocturnas a la concatedral de Santa María de La Redonda de Logroño son «una catequesis de la fe a través del arte con una mirada nueva» que permite realizar un recorrido interior y exterior por el rico patrimonio de este templo, que es uno de los más visitados de La Rioja.
«Es una experiencia de belleza, no es una mirada superficial al arte, sino ver qué contiene el arte religioso, porque lo que hacemos en estas visitas es, en definitiva, una catequesis de la fe a través del arte», ha explicado a EFE el párroco de La Redonda, Víctor Jiménez.
Los asistentes a estas visitas guiadas nocturnas, que se han programado los viernes de este mes de julio, se encuentran con «una mirada nueva de la belleza de la concatedral» y descubren muchos detalles que pasan desapercibidos.

EFE/ Raquel Manzanares
La visita se inicia con todos los asistentes sentados en silencio y, mientras suena ‘Angels Carol’, de John Rutter, interpretada por The Cambridge Singers y la Orquesta Sinfónica de Londres, el retablo mayor del templo se ilumina, lo que les permite experimentar que «estamos en un templo bellísimo espiritualmente».
«Ahí vamos advirtiendo que entramos de las tinieblas a la luz para ver con luz nueva el arte, que tiene mucha forma técnica», como, por ejemplo, la escultura, la pintura y las rejas forjadas, «unas de las más importantes de España», ha dicho, y de distintos estilos, como el Gótico, el Ranacimiento y el Barroco.
La novedad es que «lo vemos todo con nuevos ojos», ha subrayado Jiménez, quien lidera la visita guiada nocturna «no como un guía artístico, sino como un guía espiritual como párroco de esta iglesia».
Un templo vivo
Entre las «joyas» de la concatedral, que data del siglo XVI y que se construyó sobre un primitivo templo románico de planta redonda del siglo XII, ha citado, en primer lugar, la propia arquitectura de un templo «vivo», realizada en tres fases muy prolongadas en el tiempo, pero con una gran armonía.

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Los que visitan La Redonda y de San Martín, que mantiene este último nombre en referencia al antiguo monasterio de San Martín de Albelda de Iregua, algo que no se conoce popularmente, tienen una parada obligada en la pintura del óleo sobre tabla de nogal de ‘El Calvario’, de Miguel Ángel Buonarroti (1545).
Una «joya» donde Jiménez se detiene para explicar la simbología en este cuadro de cada gesto de Jesucristo, de la Virgen María, de San Juan y de María Magdalena, al igual que hace en el recientemente restaurado retablo flamenco de ‘La adoración de los Reyes Magos’.
En esta zona del deambulatorio de la concatedral, situado tras el retablo mayor, también están, junto a ‘El Calvario’, una pila bautismal de estilo romanista de 1537 y una talla gótica de tamaño natural de un Crucificado del siglo XV.
Detalles «muy chiquitos»
Se trata de «una visita que vamos viendo joya a joya y nos detenemos en detalles que pasan muy desapercibido», como en el coro, construido en el siglo XVI y que, además del gran órgano barroco, aloja, en la parte alta, un lienzo con un Cristo crucificado, copia de un grabado de Rubens.
En la concatedral también hay otros detalles «muy chiquitos», como una «preciosísima» Virgen Inmaculada de Gregorio Fernández, situada en la parte superior de uno de los retablos y que «nadie se fija en ella porque hay que elevar mucho la mirada», ha relatado.

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Jiménez se detiene en cada una de las capillas de la concatedral, como las que se encuentran en la nave de la Epístola: de Nuestra Señora de la Paz, donde hay un «majestuoso» relieve de la Resurrección; de la Cruz, con unas coloridas tablas hispano-flamencas; de la Piedad o de la Virgen del Pilar; y de la Visitación, con una imagen de la patrona de La Rioja, la Virgen de Valvanera.
En la nave del Evangelio están las capillas de los Reyes; de San Pedro y de las Reliquias, cerrada por una verja romanista rematada con esculturas de la siete virtudes; de San Ildefonso, con una conmovedora ‘Piedad’ de cuatro piezas; y de San Blas.
La capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, construida en 1756, junto a las dos torres gemelas barrocas de San Pablo y San Pedro, representa la Asunción de la Virgen y su coronación como ‘Reina de los cielos’, que incluye, por ejemplo, los altares de San Bernabé, patrón de Logroño; y de la Virgen del Carmen.
Antes de abandonar La Redonda, se ofrece la posibilidad de subir 138 escalones para acceder a su torre norte, denominada San Pedro, desde donde se observa una de las panorámicas más destacadas de la ciudad.


