TRIBUNA

Por la memoria de un historiador: a José Luis Gómez Urdáñez

Hace ya dos años, el 23 de octubre de 2023, La Rioja perdió a una de sus figuras más importantes. Hoy, su ausencia sigue resonando entre quienes fuimos sus alumnos.

Sin embargo, a pesar de sus aportes tanto a la comunidad autónoma como a la historia del vino y de Logroño, estos dos años han estado marcados por un silencio institucional. Ese silencio no es neutro. Revela una incomodidad con quienes, como José Luis Gómez Urdáñez, pensaron con libertad, escribieron sin servidumbres y enseñaron sin complacencias.

Su legado no encaja fácilmente en los moldes conmemorativos: no fue decorativo, fue incómodo; no buscó el aplauso, sino el argumento. Y quizás por eso, dos años después de su fallecimiento, su nombre no ha sido reivindicado con la altura que merece.

Gómez Urdáñez no fue un académico encerrado en su torre, sino un ciudadano crítico, incómodo para los dogmas, generoso con la duda. Desde La Rioja, tejió una red de pensamiento que conectaba lo local con lo universal, lo anecdótico con lo estructural. Su defensa de la Ilustración no era nostalgia, sino resistencia. Considero que fue de los pocos profesores que apostaban por sus alumnos y los escuchaban, buscando un debate sano, sin miedo a los contraargumentos ni a estar en desacuerdo con quien tenía enfrente.

Hoy, cuando la simplificación amenaza con devorar el matiz, su ausencia se nota. Se echa de menos su método, su ironía, su valentía. Que su nombre no quede en el olvido, a pesar de la ausencia de homenajes: recordemos su compromiso de pensar con profundidad y escribir con responsabilidad.

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