Carlos Lasheras sigue siendo el director deportivo que más éxitos ha cosechado en la corta historia de la UD Logroñés, un club que este sábado comenzará su decimoséptima temporada. Bajo su mando jugó playoffs de ascenso a Segunda, para finalmente, en La Rosaleda, lograr el ansiado regreso de La Rioja al fútbol profesional tras veinte años de ausencia. Esta nueva experiencia queda ya muy atrás en el tiempo. Ha pasado un lustro desde entonces. Y más cuando los fracasos se acumulan en el bagaje de un club sin término medio. La UD Logroñés es de puerta grande o de enfermería. Y su camino comienza este sábado (17:00 horas) en Ibaia ante el Alavés B.
‘El arquitecto de ascensos’ sigue siendo el mejor director deportivo de una UD Logroñés que durante este 2025 ha vivido una profunda catarsis. Situada ante el espejo de su propia identidad observó las grietas acumuladas durante este último lustro de infortunio deportivo. Y desde ese mismo momento, sus responsables han decidido explorar nuevas vías para tratar de andar el mismo camino, aunque ahora está dos peldaños por debajo de su propósito de instalarse en el fútbol profesional.
Félix Revuelta y Sergio Rodríguez siguen tomando las decisiones, que ahora parecen apuntar en otra dirección. Se ha decidido poner punto y final a la era de Lasheras en el club riojano, la más intensa, sin duda, del club en toda su historia, la que en unos años se verá como la que permitió dar un paso definitivo para que esta entidad sea la más seguida de todo el territorio regional en el ámbito de cualquier deporte. Hay una UD Logroñés antes de Lasheras, y otra tras su paso, mejor, sin duda, pese al mal curso pasado, en donde todo salió realmente mal.

En el fútbol existen escuelas que marcan momentos y estilos. Y ahora es el momento de una escuela de ‘jóvenes’ técnicos que se sitúan en la cuarentena y que han llegado a Logroño con la ilusión de poner en Las Gaunas todo su conocimiento. Quique García y Unai Mendía no quieren que la UD Logroñés sea el trampolín en sus carreras, quieren desarrollar en Logroño un proyecto deportivo ganador, con el fútbol profesional como primera meta para todos, para Quique, Mendía y UD Logroñés. Y estas historias, estas nuevas escuelas, pueden fracasar, pero también existen casos de éxito. Solo hay que estar en el lugar adecuado en el momento justo y dejar trabajar a los que saben.
Escasa era la influencia de Juanma Lillo en el fútbol español hasta que la reventara en Salamanca. O un jovencísimo Víctor Fernández que con el Real Zaragoza se hizo cargo del primer equipo y lo consolidó en Primera con un fútbol, en ese momento, valiente, en un recuerdo que siguen sin superar por la capital del Ebro. Como la influencia de José Luis Mendilibar allá por donde pasa. O el caso de éxito de Gaizka Garitano con el Eibar, al que cogió en Segunda B (2012) y lo ascendió a Segunda y luego, en 2014, lo subió a Primera por primera vez en su historia. Y ahora el Eibar es un club referente dentro del fútbol profesional. Hay escuelas, como la de de Michel y su trabajo en el Girona. Y está la de Iraola, que lo borda por donde pasa. Sin obviar el caso más paradigmático de todos. El protagonizado por Unai Emery, un técnico que cuando estaba empezando encadenó ascensos consecutivos o casi consecutivos, llevando a dos clubes de Segunda B al fútbol profesional, situando al Lorca en Segunda, y al Almería en Primera División.
Escuelas que logran cambiar pequeñas cosas en este deporte en constante evolución, y hasta que alguien jubila sus ideas consiguen situar a los clubes que cuentan con ellos en espacios relevantes. Es el deseo íntimo, no verbalizado, de los responsables de la UD Logroñés. Haber acertado con la escuela indicada en el momento oportuno para resolver de una vez por todas el tapón deportivo que ahora mismo es la Segunda Federación para el desarrollo de este club.

Estos dos cuarentones parecen saber lo que se traen entre manos. Quique García y Unai Mendía han sido de momento un soplo de aire fresco en una Ciudad Deportiva de Valdegastea que ha transitado estos dos últimos años entre dos modelos (primer equipo y cantera) que no querían tocarse en exceso. Ahora se trabaja en un único plan, que puede ser igualmente erróneo o haberse activado por fin las teclas oportunas. Eso se comenzará a saber a partir de este próximo fin de semana. Entonces, la UD Logroñés de Unai Mendía, alumno aventajado -junto a Iñigo Pérez, entrenador del Rayo Vallecano- de una nueva escuela futbolística que imparte Iraola, debutará en Ibaia ante el Alavés B, uno de esos campos malditos -jamás ha ganado al filial- para la entidad riojana.
Muchas semanas sin fútbol
Para un club profesional como la UD Logroñés es un absoluto desastre acabar la temporada a mitad de mayo y no iniciar la competición hasta entrado ya septiembre. Es mucho tiempo sin fútbol, que es la primera consecuencia objetiva de verse en el purgatorio de la Segunda Federación, una categoría semiprofesional a años luz de las aspiraciones prometidas por esta entidad deportiva. Mucho tiempo sin fútbol para una masa social que está volviendo a responder, convencida de que este proyecto finalmente acabará por reverdecer porque tiene muchas cosas buenas para conseguirlo.
Tiene a la afición, las instalaciones, la capacidad económica para poder fallar y volverlo a intentar sin verse gravemente afectado presupuestariamente… tiene la experiencia de haberlo conseguido al menos una vez, cuenta con sus muchos fracasos como para haber aprendido por fin la lección, y ahora tiene la ilusión de dos cuarentones, Quique y Unai, que aseguran estar en el proyecto de sus vidas. Y no resulta una exageración si se entiende el contexto. Si fracasan lo intentarán en otro lado. Son profesionales de este deporte. Así es el fútbol. Pero si lo consiguen -y vienen a Logroño con esa intención-, si los dos logran levantar a la UD Logroñés hasta el lugar que debería ocupar y que no alcanza por deméritos propios, será un éxito que marcará sin duda sus vidas, también la de la UD Logroñés y sus miles de aficionados que aguardan con expectativa, por fin, tener una temporada plena, divertida, para nada exenta de peligros, pero que desean culminar en un final feliz, que ya va siendo hora.


