Tinta y tinto

El vino que nos une

FOTO: Casa Real.

La bodega Marqués de Riscal no solo es un icono arquitectónico: es también un lugar cargado de historia y simbolismo. Allí, donde la vanguardia convive con más de 160 años de saber hacer, la Denominación de Origen Calificada (DOCa) Rioja ha celebrado su primer siglo de vida. Cien años como figura oficial de protección, pero muchos más como cultura del vino, como forma de vida, como expresión de identidad colectiva.

Desde su creación en 1925, la DOCa Rioja no ha sido solo un sello. Ha sido una declaración de principios: respeto al origen, ambición por la excelencia, compromiso con el territorio. Y desde 1991, cuando se convirtió en la primera Denominación Calificada de España, ese compromiso ha alcanzado su máxima expresión. Rioja es hoy una referencia indiscutible del vino español dentro y fuera de nuestras fronteras.

Cien años después, merece la pena detenerse a valorar ese legado. Porque Rioja no es obra del azar ni del marketing, sino del esfuerzo, el conocimiento y la visión de miles de hombres y mujeres. Viticultores, bodegueros, enólogos, distribuidores… generaciones que han transformado el trabajo diario en una historia de éxito compartida. Rioja es un vino, sí, pero también una comunidad.

Aquí, el tiempo no es pasado. Es materia prima. Es identidad. Y por eso, al abrir una botella de 1925, la misma añada en que nació oficialmente la denominación, se hace algo que solo Rioja puede hacer: convertir la memoria en presente. Porque solo aquí el vino y el tiempo viajan juntos. Solo aquí la excelencia se guarda, se respeta y se comparte, generación tras generación.

Ese vino, que ha reposado durante un siglo con paciencia y dignidad, es una metáfora perfecta del espíritu que ha guiado a Rioja durante cien años: la confianza en el tiempo, la fidelidad al origen y la voluntad de construir futuro desde el respeto al pasado.

La Rioja, el País Vasco y Navarra decidieron hace un siglo caminar juntos bajo una misma denominación. Lo hicieron con generosidad y visión de largo plazo. Esa unidad, mantenida y reforzada con el tiempo, es una de las grandes fortalezas del modelo Rioja. Y también una de las claves de su prestigio internacional.

A lo largo de este siglo, el Consejo Regulador ha sido el corazón institucional del proyecto. Un modelo colectivo de autorregulación que ha sabido conjugar tradición y modernidad, diálogo y consenso, entre viticultores y bodegueros, entre territorios y sensibilidades. Gracias a ese equilibrio, Rioja ha consolidado una marca sólida, creíble y respetada, que hoy inspira a otras regiones vitivinícolas dentro y fuera de España.

Por eso, este centenario es también una ocasión para reconocer a quienes han hecho posible esta trayectoria, personas cuya labor ha sido esencial para consolidar lo que hoy celebramos. Su trabajo y compromiso son parte del patrimonio intangible que Rioja atesora.

Porque su historia no es la historia de un producto. Es la historia de una forma de entender el mundo. De un equilibrio entre tierra y tiempo. De una comunidad que ha sabido crecer sin perder su esencia. Por eso es momento de celebrar lo que fuimos, lo que somos y lo que, juntos, con orgullo y con esfuerzo, seguiremos siendo. ¡Viva el vino (que nos une)!

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