A los turistas les sorprende Logroño, pero a los propios logroñeses, aún más. Y eso lo descubre Andrea Santamaría cada día cuando los vecinos de la capital riojana que acuden a sus rutas «llegan casi pidiendo perdón y diciendo en bajito: ‘Somos de Logroño, ¿vale?».
Andrea es guía turística en Logroño desde hace años, pero no una guía cualquiera. A través de sus rutas históricas —y, especialmente, una centrada en el legado de las brujas— ha conseguido algo poco habitual: que los propios logroñeses redescubran su historia, su patrimonio y hasta el nombre de sus calles. «Cuando acaba la visita, el comentario más repetido es: ‘Me encanta mi ciudad. No sabía que tenía tantas cosas'» cuenta Andrea.
Lo suyo no fue casual. Desde pequeña supo que quería dedicarse a esto. “Parte de mi familia proviene de la zona de San Millán de la Cogolla, y cuando veía a los turistas subir a visitar el monasterio de Suso le decía a mi abuela: ‘Un día seré yo quien les explique todo eso’. Me fascinaban. Me encantaba cómo escuchaban, cómo miraban con atención… y yo me veía ahí, delante de ellos, contando las historias». Ese era su sueño y esa es ahora su realidad.

Foto: @martinezjosemiguelrodrigez
Con esa idea fija en la cabeza estudió la diplomatura de Turismo y más adelante el Grado Superior en Guía, Información y Asistencia Turística. Comenzó a trabajar como guía con apenas 23 años recorriendo La Rioja, pero también estuvo 13 años en Laguardia. Fue en 2020 cuando decidió ponerse por su cuenta, y, ¿qué pasó? Una pandemia. Durante ese tiempo, Andrea aprovechó para estudiar y crear sus propias rutas.
Y eso es lo que hace esta riojana a día de hoy: ofrecer dos rutas principales por la capital riojana, una histórica y otra basada en el legado de las brujas. Ambas están abiertas a todo tipo de públicos, pero le hace especial ilusión cuando son logroñeses quienes se apuntan. “Tenemos que conocer nuestra ciudad. Saber por qué hacemos ciertas cosas, qué significan los nombres de las calles, por qué la aguja de Palacio tiene una flecha de ocho lados, por qué la Rúa Vieja tiene un color distinto al resto de las calles, por qué a la Plaza del Mercado se le llama así si en realidad ese nombre no figura oficialmente, por qué el Puente de Hierro es mucho más largo que el de Piedra… Lo damos todo por hecho porque lo vemos cada día, pero todo tiene una historia».

Foto: @martinezjosemiguelrodrigez
Y esa historia está plagada de curiosidades que hacen que la gente se quede con la boca abierta, litera. «Me encanta ver sus caras cuando descubren pequeños detalles arquitectónicos como las dos columnas que pasan desapercibidas en Portales, escudos antiguos cargados de simbología o se sitúan enfrente de un cuadro pintado por el propio de Miguel Ángel». El objetivo de Andrea está claro: que la gente mire la ciudad con otros ojos cuando vuelva a pasear por ella.
Una ruta propia
Pero si hay una ruta que Andrea vive con especial emoción es la del Legado de las Brujas, fruto de año y medio de investigación personal. «A mí hay un tema que me gusta muchísimo que es el de las brujas». Esta joven explica que todo el mundo habla de las brujas de Zugarramurdi, pero es consciente de que el mayor auto de fe contra la brujería en España se celebró aquí, en Logroño, en 1610. Las quemaron aquí. El tribunal de la Inquisición estaba aquí. Y eso dejó huella».

El recorrido reconstruye una parte de la historia casi olvidada y la conecta con el presente a través de plazas, nombres de calles, esculturas y símbolos. «Les hago ver que la figura de la bruja que conocemos no tiene nada que ver con la realidad. Al principio todos tienen en mente la típica bruja con gorro y escoba. Pero al terminar, muchos se ponen en la piel de aquellas personas. Porque eran mujeres diferentes, curanderas, sabias… a las que llamaban brujas simplemente por ser distintas».
Y es que Andrea no solo informa: cuenta. Ella sabe cómo crear una atmósfera perfecta, sabe mantener la atención del grupo y adaptarse a cada visitante. «Aunque repita las rutas, cada grupo es diferente. Cada día es nuevo. Me adapto a ellos, veo qué les interesa y procuro hacerlo hago muy dinámico. Intento disfrutar y que disfruten conmigo. Para mí ser guía es un sueño. No me canso nunca».
Por esto, la cabeza de Andrea no para y ya está estudiando para crear más rutas. «Crear una visita lleva tiempo. Hay que investigar, redactar, probar el recorrido… Pero tengo muchas ideas. Estoy sola, así que voy poco a poco. Lo bueno es que Logroño tiene muchas capas, muchas historias por contar».
Su objetivo, más allá del turismo y de enseñar la ciudad a los viajeros que vienen de otras comunidades, es que los logroñeses se reencuentren con su ciudad. «Lo mejor que me pueden decir es: ‘Voy a volver a pasar por esta calle y miraré todo con otros ojos’».


