La Rioja

El gran apagón: «¡Que vienen los rusos!»

En el Serranitos se adaptaron cómo pudieron a la nueva situación para seguir con la faena diaria

La falta de electricidad y de comunicación. Ni más ni menos. Al no volver la luz cinco minutos más tarde de las 12:32 horas, los riojanos comenzaron a sospechar. Y con los móviles fuera de cobertura, la incertidumbre, dudas y cierto temor se fue abriendo paso entre los ciudadanos, que compartían una misma cuestión. La pregunta, entonces, era qué estaba pasando. La importancia de la comunicación en medio de una crisis. «¿Tú sabrás más?», le preguntaban a este redactor en busca de testimonios. «Sí, es general». Y por aquello de la leyenda negra española y el pesimismo cultural del españolito de a pie, transitaban inmediatamente de la sospecha inicial a la resignación del «qué le vamos a hacer» en cuanto sabían que otros países, como Portugal o Francia, también se estaban viendo amenazados por el gran apagón.

«¿Y cuándo volverá?». Siguiente escenario en el que se situaban inmediatamente los riojanos mientras los bancos cerraban sus puertas tratando de explicar qué estaba pasando sin saber muy bien qué es lo que estaba pasando. Era el caso de Jesús Pinillo, responsable de la sucursal bancaria de Cajamar de El Espolón. «Tampoco podemos decirles muchas cosas. Tan solo que no podemos atenderles porque no tenemos conexión alguna con la central, ni a través de internet ni tampoco por el teléfono móvil». A las puertas de esta entidad miraban cómo Logroño estaba respondiendo a la crisis energética provocada por este cero eléctrico en un lunes de finales de abril.

En el BBVA de El Espolón atendían en la puerta a los sorprendidos clientes.

El centro financiero riojano fue cerrando sus puertas, con orden y tranquilidad: Abanca, BBVA, CaixaBank, Bankinter… los sorprendidos clientes que acudían a hacer gestiones de buena mañana, repleta de sol y luz en el exterior, recibían las primeras informaciones por parte de unos gestores bancarios que gestionaban cómo podían la escasa información con la que contaban, mientras los medios de comunicación locales, regionales y nacionales trataban de levantar sus espacios mediáticos para informar a la población.

«Esto son los rusos», le indicaba un paisano al otro cuando el asunto ya iba por la media hora de duración. «Son los rusos», le refrendaba el otro con ánimo de complacer, mientras los semáforos que regulan el tráfico en la zona, en pleno centro de Logroño, permanecían apagados, ante la sorpresa de esos ciudadanos a los que les ha pillado el apagón en el interior de sus vehículos, de tránsito por las calles de la ciudad.

Los semáforos no han funcionado durante las cinco horas que ha durado el apagón.

Pedro Sánchez, Israel… los asuntos macros se relacionaban íntimamente con los problemas mundanos, los importantes, de una plaza de abastos como la de San Blas, en Logroño. «No podemos hacer nada. Recoger todo lo antes posible para conservar lo mejor posible los alimentos frescos». Todo pasaba del mostrador a la cámara principal de cada establecimiento. «Esto nunca es bueno, pero siendo lunes, que es cuando más elaboraciones realizamos, pues imagínate». Es Álvaro, carnicero de Lili, en el Mercado de San Blas, que confirmaba lo obvio, que casi nadie está preparado para seguir abiertos cuando llega el gran apagón: «No, no tenemos plan b». «No podemos cobrar, y sobre todo que no podemos pesar, así que es complicado hacer cosas», apuntaba con resignación.

Álvaro, en la carnicería Lili, intentaba adaptarse lo más rápido posible a la nueva situación.

En la Carnicería Serranitos, al final de la calle Saturnino Ulargui, su propietario, previsor él, trataba de seguir con lo poco que podía hacer el obrador gracias a un frontal de luz de esos que se colocan en la frente para acceder a cuevas o refugios en plena noche. «Esto da un poco de miedo», apuntaba una clienta, para nada ajena a los conflictos internacionales que han estado más presentes que nunca en cualquier conversación.

Las joyerías, cerradas a cal y canto, trataban de pasar el lunes con tranquilidad y sobre todo seguridad, como en el resto del comercio logroñés. Ni saqueos ni nerviosismo. Los riojanos han vuelto a demostrar que reacciones exageradas y ventajistas se dan en otras latitudes, también en países desarrollados e incluso superpotencias mundiales. Aquí no. Si no se puede trabajar, buen momento para echarse una caña o un vino a la espera de saber más. «Cobramos en efectivo, y listo». Solución para los bares, mientras el resto de negocios de la Gran Vía iban cerrando de forma progresiva en cuanto llegaban las primeras noticias de que el gran apagón realmente iba a ser largo -en el tiempo- y que esto no estaría solucionado al menos «durante seis u ocho horas». Finalmente fueron cinco horas sin luz. Por tanto, sin mucho qué hacer para el común de los riojanos.

Las joyerías cerraron a los pocos minutos de producirse el apagón.

Primeros minutos de desconcierto, de dudas, de sospechas, de la incertidumbre lógica de no saber hasta cuándo y no conocer los motivos de esta situación. Tiempo para pensar, para pensar mucho. Para mirar a otros lados con preocupación. La que recorría los corrillos improvisados en esquinas, parques, o lugares de trabajo. «Seguro que habrá gente en los ascensores». Como así ha sido. Mariano ha podido salir gracias a la colaboración de los vecinos de la finca en la que reside, gracias al hecho habitual de salir al rellano para ver si el apagón es del piso o de toda la finca y escuchar los golpes en la puerta del elevador.

Filas en las panaderías ante la complicación de pesar y cobrar a los clientes.

Pocos entonces podían esperar que fuera el gran apagón, el de las cinco horas que La Rioja y los riojanos han estado sin electricidad, con la reacción popular de acudir al supermercado más cercano para adquirir lo que los clientes entendían como productos de primera necesidad: agua embotellada, embutidos y carnes envasadas al vacío, huevos, leche… en filas enormes marcadas por la incertidumbre, las dudas, el miedo contenido y el civismo de los riojanos en una crisis eléctrica que ha durado cinco horas.

Acopio de productos de primera necesidad a las dos horas de haberse producido el cero eléctrico.

Ha sido la mejor manera para aprovechar la salida de los colegios de los alumnos riojanos. Directos al supermercado, para cargar agua, leche… «aunque a nosotros no nos han sacado antes del instituto». Así lo explica un alumno del Batalla de Clavijo de Logroño. «Hemos estado en clase, sin luz, haciendo algo de manualidades», indicaba este alumno que se dirigía con ciertas dudas hacia casa, sin saber qué hacer sin luz en el hogar, aunque con un fabuloso día fuera para disfrutar del sol y de la luz.

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