Junto con los orines del Casco Antiguo, el botellón, los perros sueltos o los patinetes, la Policía Local de Logroño tiene una nueva obsesión: adelantarse a los pasos del ‘rey del after’, que se resiste a dejar de facilitar a sus fieles un lugar en el que estirar las noches de farra. Y no le está resultando fácil a los agentes cumplir con su misión, ya que el ‘emprendedor’ es tan escurridizo -acumula más de un centenar de actuaciones policiales- como imaginativo a la hora de abrir nuevos locales en los que brindar alcohol y música hasta que el sol hace acto de presencia.
El último de ellos, avanza El Día de La Rioja en su edición de este martes, se ubica en El Cubo junto a la Plaza Madre Teresa de Calcuta, que ya ha atraído la atención de los vecinos por el trajín de personas a altas horas de la madrugada. Pero, sobre todo, por la concurrencia de coches de la Policía Local que amanecieron el pasado sábado a sus puertas para acabar con la fiesta que se celebraba en su interior. El cuerpo teme que el nuevo ‘after’ gane popularidad y por ello estrecha el cerco sobre el mismo desde el momento en el que ha tenido constancia de su existencia.
Al igual que en la película ‘Atrápame si puedes’, F.E. trae de cabeza a la Policía Local desde hace años. Si el personaje interpretado por Leonardo di Caprio volvía loco al FBI fingiendo ser un piloto comercial, el ‘rey del after’ tiene de los nervios a los agentes a base de abrir establecimientos que no entienden de horarios ni de cancelación de ruidos.
Sus primeros pasos tuvieron la calle Mayor como escenario, primero con el ‘Bossanova’ y después con el ‘Al pincho x la cara’, dos establecimientos que acumularon decenas de denuncias vecinales y protagonizaron las pesadillas de los inspectores por lo ‘precario’ (digámoslo así) de sus instalaciones. El último de ellos –clausurado el pasado verano– llegó a utilizar un generador de gasolina para el suministro eléctrico, cortado tras varios intentos de la policía para cerrar el local.
Tras el cierre de estos dos locales en la Mayor, F.E. no se quedó de brazos cruzados y trasladó sus fiestas a un piso de la calle Murrieta, donde llegó a instalar cámaras de seguridad para corroborar que los asistentes a sus fiestas eran los invitados y no agentes dispuestos a desalojar el local. Tal que no funcionó esta alternativa, también lo intentó con un local en la Plazuela Acesur (junto a la calle Huesca), aunque el Ayuntamiento frenó a tiempo su intento de acondicionarlo para celebrar sus fiestas.
El último negocio del ‘rey del after’ tiene como escenario el barrio de El Cubo, aunque la gran incógnita radica en saber si el empresario logrará exprimir los vacíos legales para perpetuar sus fiestas o, en caso contrario, tiene ya decidido dónde poner en marcha su enésimo intento de estirar el ‘perreo’ logroñés hasta el amanecer.


