Aunque a menudo se asocia con el ámbito educativo, la logopedia está estrechamente ligada al ámbito sanitario. Cuando hablamos de logopedia, lo primero que se nos viene a la cabeza son las dificultades relacionadas con el habla o patologías relacionadas con la voz, el aprendizaje y la comprensión del lenguaje, sin embargo, dentro de esta disciplina, existe una patología que, pese a ser poco conocida, tiene una incidencia mucho mayor en nuestra sociedad de lo que solemos imaginar: la disfagia.
En el Centro Integral de Neurorrehabilitación y Neurodesarrollo CINN Rioja reconocen que este trastorno tiene un enorme impacto en la salud y la calidad de vida de las personas que lo sufren y que está presente en nuestras vidas de forma recurrente y con manifestaciones muy distintas, pero con un factor común: la imposibilidad o la dificultad de ingerir alimentos y bebidas.

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Laura Gutiérrez y Erika Niño, logopedas expertas en terapia miofuncional de CINN, explican que en el centro se trata la disfagia orofaríngea: un trastorno que afecta a la capacidad para tragar debido a problemas en la boca y la faringe. La deglución normal involucra una serie de pasos coordinados, que incluyen la masticación, la formación del bolo alimenticio, y su paso hacia la faringe y esófago. En la disfagia orofaríngea, este proceso se ve alterado.
En algunos casos, la disfagia viene ocasionada por enfermedades relacionadas con el deterioro cognitivo propio de la edad, como la demencia. Sin embargo, son muchos los pacientes de CINN Rioja que se ponen en manos de Laura después de un accidente cerebrovascular (ictus), un traumatismo craneoencefálico, cáncer o una enfermedad neurodegenerativa como el Parkinson, la Esclerosis Múltiple o la ELA.
«Dentro de los diferentes tipos de intervención que se pueden hacer, la más importante es la modificación en la consistencia de los alimentos líquidos y sólidos. La primera la hacemos a través del uso de espesantes, y la segunda con diferentes procedimientos como la elaboración de purés, o la aplicación de técnicas de alta cocina para hacer espumas, emulsiones, geles…». En cuanto a los espesantes, Laura señala que «hay una gama muy amplia».

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Los hay de primera generación, es decir, los hechos a base de goma xantana que mantienen la consistencia, y los de segunda, que pierden la consistencia con el1º tiempo al estar elaborados con almidón. «Los que nos interesan son los primeros para que el paciente pueda elaborar su botella con espesante y mantener la consistencia durante todo el día. Pues si cada vez que va a beber tiene que hacer la mezcla, el paciente se cansa y termina por reducir la ingesta de líquido, lo que puede desembocar en un episodio de deshidratación».
Pero no todos los casos de disfagia son iguales, por lo que «lo primero que hacemos es una evaluación individualizada del paciente. Tenemos en cuenta las dificultades que tiene, por ejemplo, si tarda más en tragar o menos. Si el movimiento de sus estructuras orofaríngeas es muy lento, habrá que espesar más los alimentos y viceversa. Siempre hay que tener en cuenta la individualidad del paciente y cuáles de sus estructuras están comprometidas. Así haremos mejor su adaptación alimentaria».

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Y es que, de no tratarse la disfagia correctamente, puede conllevar mayores riesgos. «Si el alimento o el líquido se va a los pulmones puede provocar una neumonía con consecuencias muy graves. Es más, muchos pacientes con disfagia llegan a morir por un mal diagnóstico de la misma».
Consecuencias sociales y emocionales
Desde CINN Rioja reconocen que este trastorno puede conllevar además problemas sociales y emocionales. Las personas con disfagia a menudo evitan situaciones sociales que involucren comer, como cenas familiares, reuniones con amigos o eventos sociales. El miedo a atragantarse o a no poder comer lo mismo que los demás puede conllevar que se retiren de estas interacciones. No obstante, si el paciente aprende lo que puede ingerir y se entrena sobre sus dificultades la situación cambia mucho.
«La alimentación va más allá de una función vital, es un placer sensorial que proporciona momentos de comunicación e integración en grupos sociales. Por lo que de nosotros depende devolverle al paciente su lugar en la mesa». Un ejemplo de ello es el chorizo. Se define como un alimento “prohibido” para este trastorno, «pero si se realiza una adaptación los pacientes pueden disfrutar de él». Y cuando hablamos de adaptación nos referimos al uso de espumas y nuevas texturas. «En los casos más graves, el objetivo es estimular la boca sin tener que tragar. El uso de estas espumas nos ayuda mucho también en la activación del reflejo deglutorio, que es imprescindible, ya no solo para la deglución de alimentos, sino también para tragar la propia saliva, porque hay muchos pacientes que se atraganta con su propia saliva».

Otro tipo de adaptaciones son los geles, «que nos permite darle forma a los alimentos ofreciendo una consistencia segura, y ayudar, a nivel visual, en la preparación de muchos mecanismos neurológicos que son importantes para la deglución. Puedes hacer un plato en el que tengas una hamburguesa, un puré de patata y unas zanahorias de manera independiente. Todos ellos con la misma consistencia, pero cada uno con su propio sabor y forma ». Y como todo en esta vida, un trastorno de este tipo necesita implicación, más concretamente, de la familia.
«El cuidador principal, al final, es al que le va a tocar poner en práctica estas adaptaciones y esto requiere tiempo y trabajo. Puede que durante la semana el paciente se alimente a base de purés, pero el fin de semana o en fechas señaladas siempre viene bien un aliciente». Y aquí también entra en juego el trabajo del equipo tal y como relata Erika, que no solo trata con los pacientes, sino que explica a sus familias cómo se pueden llevar a cabo estas técnicas en casa.

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El objetivo principal del equipo es abordar de una manera u otra la enfermedad. Es decir, «si es una enfermedad degenerativa lo que hay que primar es que en la medida de lo posible se mantengan las estructuras para llegar lo más tarde posible a este tipo de adaptaciones. Si se trata de un ictus, partimos de una base y lo que tenemos que hacer es mejorar y optimizar las estructuras para poco a poco ir retirando los todas estas estrategias».
Tratamiento
Además de trabajar la manera de elaborar y preparar este tipo de alimentos en el propio centro de CINN Rioja, el equipo de logopedia trabaja y entrena con los pacientes sus estructuras musculares con diferentes herramientas de rehabilitación: masajes faciales, vendaje neuromuscular, ejercicios para reaprender a mover los músculos implicados.
“Además, ahora hemos incorporado un aparato de electromiografía (mDurance) que le permite saber al paciente (y al terapeuta) si está moviendo un músculo concreto, aunque el movimiento sea mínimo y apenas se vea. Así, poco a poco, se va corrigiendo el movimiento correcto y logrando una mayor activación de los músculos adecuados”.
Una parte importante para conseguir avances es la continuidad del tratamiento en casa. «Estos pacientes necesitan aprender a comer de nuevo y eso requiere muchas repeticiones, esfuerzo y tiempo. Por supuesto, no debemos olvidar que influye mucho el compromiso del paciente y la familia».


