Escribo en relación con la carta de Rubén Zuñiga sobre la eliminación de los carriles bici en Logroño.
Hay dos hechos que nos diferencian de Europa y que son ineludibles. Uno es que no somos un país, sino dos compartiendo territorio; dos países incompatibles y en permanente oposición. Desde cuándo, no lo sé. Dicen que desde la Guerra Civil. O puede que desde antes.
Esta polarización se trató de disimular en algunos momentos pactados para lograr un fin común: la homologación con las democracias europeas. Pero actualmente esa brecha se está ensanchando cada día con una virulencia ‘in crescendo’.
La otra peculiaridad hispana es que no nos gustan las bicis. Consideramos a estos vehículos para pobres o para niños en Verano Azul. Colocar carriles bici en Logroño es como instalar columpios en una pecera. Son raros los peces que les da por columpiarse. Yo soy una excepción y voy al trabajo cada día en bici, pero somos pocos y nada respetados. Lo normal es ir en coche y nada de compartir, que la gente huele mal y transmiten virus, bacterias e ideas contrarias a nuestros credos.
Tendremos que esperar un tiempo a que crezcan nuevas generaciones menos endógenas. Es probable que el mestizaje nos vaya librando de estos dos sesgos. ¿Cuándo? No lo sé, pero los que estamos ya en la madurez no lo vamos a ver.
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