Cuando arrancan las fiestas, sobre todo el día del cohete, uno tiene la cabeza abierta para encontrarse casi de todo por la calle: un grupo de chicas de despedida desde Castellón cuya novia viste un disfraz de botella perfecto y sus amigas un tocado de uva muy chic, camisetas para todos los gustos y colores, selfies en extrañas posturas. Pero entre tanta marabunta de gente y públicos quizás lo que más atraiga la atención sean las historias entrañables…
En plena calle San Juan, la Peña Aster, junto a su charanga, le pone color a la estrecha calle de pinchos logroñesa. Suena el cumpleaños feliz, algo poco habitual para unas fiestas, pero no es lo más sorprendente. Cuando justo termina la canción, entre los peñistas aparece una silla de ruedas con una mujer que lleva la camiseta de ‘Peñaster’.
¿Se le puede hacer una foto? «Sí, claro», explica la joven que empuja la silla. «Es su primer San Mateo de peñista y está feliz». Habla de su abuela. ¿El primero? «Sí, debutó en San Bernabé y llevaba tiempo contando los días para ver cuándo empezaba San Mateo», reconoce Vanesa, su nieta.
Su nombre es Elu, una mujer de 96 años que está emocionada con el inicio de los sanmateos. «Yo soy peñista hace muchos años, pero ella no; está bien de cabeza y ahora ha querido unirse a la Peña Aster», cuenta divertida Vanesa mientras su abuela se ríe. ¿Y va a participar en muchos actos? «En todos los que haga la peña excepto los toros que aprovechará para echar la siesta». Está claro: nunca es tarde si la fiesta es buena.


