La remolacha ha dejado de formar parte de la explotación de Borja García-Baquero, siendo la cosecha de 2025 la última que recogió. Este agricultor de Zarratón no ha querido aventurarse a repetir con este cultivo en 2026 después de que la empresa Azucarera, que trasladó la producción de Miranda de Ebro a Toro, anunciara que de cara a este año las condiciones del contrato iban a cambiar.
«La oferta expuesta era peor que la del año pasado, cuando ya anunció una bajada del 40 por ciento en el precio medio. Entonces Azucarera fue la que asumió los costes de transporte hasta Zamora, pero a partir de este año solo asumiría una pequeña parte del traslado, teniendo en cuenta que los precios continuaban bajos. Además, la empresa pretendía que fuera la administración riojana la que asumiera esos gastos de desplazamiento, cuando ya el año pasado nos dieron una ayuda de 400 euros por hectárea para compensar esa pérdida de rentabilidad», relata.
Así que llegado el pasado mes de diciembre, momento de siembra en esta zona de La Rioja Alta, García-Baquero decidió destinar esas fincas que antes ocupaba la remolacha para el cultivo del cereal. Hace escasos meses ya advirtió a este periódico que la cosecha de remolacha de 2025 podía ser la última en la región y el tiempo le ha dado la razón: la última opción a la que podían acogerse los agricultores riojalteños de este cultivo era la aprobación de la cooperativa Acor (en Valladolid) para incluirlos en la sociedad y así poder comercializar aquí su producción, pero esta ha rechazado la admisión, dejando la remolacha riojana sin comprador.
«Es una pena, pero desde mi punto de vista, la remolacha aquí se ha acabado. De hecho, este último año hemos sacado algo de dinero gracias a la ayuda del Gobierno regional, pero hay gente que ha ido directamente a pérdidas», sentencia el de Zarratón. Así mismo, a los problemas con esta planta se sumaron este pasado otoño las dificultades en la siembra y nascencia de la colza. «No pudimos sembrar lo que pensábamos porque no llovió y lo poco que sí se sembró, se echó a perder porque nació mal y se lo comieron los animales», recuerda.
«Afortunadamente, el Gobierno de La Rioja nos ha concedido el año de carencia con el que nos permite no sembrar lo que fija la normativa de la PAC dentro de los compromisos agroambientales y las producciones integradas, donde se incluye la remolacha y la colza, alegando situaciones excepcionales y con la seguridad de que no habrá penalización (el periodo mínimo de siembra era de cinco años y todavía quedaban dos)», destaca este agricultor. Una opción flexible a la que se ha acogido y que espera repetir el próximo año: «Todo apunta a que el año que viene las condiciones van a ser las mismas, igual de malas, tanto en contratos como en situación de siembra».
También se ha desprendido de la patata y la zanahoria, que «muestran unos contratos a la baja», así que ahora trabaja solo con cereal, guisante y judía verde (estos dos últimos cultivos también como requisito de la PAC). «Y por si fuera poco, todavía seguimos pagando el nuevo regadío de Zarratón mientras los cultivos van desapareciendo poco a poco, cada vez se siembra menos y los precios siguen cayendo. Además, ahora con lo que nos topamos es que esas fincas de regadío están ocupadas por placas solares, así que seguimos pagando algo para lo que ya no sembramos. Igual, con algo de suerte, este año sube el precio del cereal, porque ahora está por los suelos», apunta con resignación.


