Alzan, acompañan, sostienen, giran, ayudan a vestir, cambian posturas, facilitan transferencias. Estos son los gestos que día a día los y las gericultoras repiten sin cesar con la naturalidad de quien ha convertido su cuerpo en su herramienta de trabajo.
Pero detrás de cada gesto hay un esfuerzo acumulado y una tensión que va quedando en la espalda y en las lumbares como si del mismo uniforme se tratara. Porque cargar con el peso de otra persona, adultos, personas mayores, dependientes no solo requiere técnica, sino que también deja huellas física.
Desde hace un tiempo, en cuatro de sus cinco centros un dispositivo ultraligero de 430 gramos de tecnología japonesa se ha convertido en el compañero inseparable de varias profesionales. Se trata del Muscle Suit Soft-Power, un exoesqueleto flexible. Un «traje» que se coloca como si fuera una especie de arnés y que puede llegar a reducir hasta un 35 por ciento la tensión muscular de la zona lumbar.
Inés Aguado, gerente del grupo Gerontorioja explica que «es un exoesqueleto que se puede llevar durante toda la jornada laboral». El dispositivo no necesita batería, no genera calor ni interrumpe el movimiento. «Está pensado para recordar al cuerpo que no debe forzar cuando la repetición desgasta la téncica».
Aguado señala que todos los trabajadores saben cuál es la manera adecuada de levantar peso, «lo enseñamos en los cursos de prevención y riesgos laborales y lo reforzamos con carteles puestos por el centro». Sin embargo, llega la cuarta o quinta movilización del día y «terminas tirando de la espalda». Y aquí entra en juego el exoesqueleto, que te impide hacer ese movimiento.

FOTO_ Fernando Díaz/Riojapress
Entonces, ¿la utilización de esta tecnología se utiliza cuando ya existe lesión o para evitarla? Aguado lo explica sin claramente: «Es un artículo preventivo». Pero admite además que su aspiración va más allá: «También puede servir para trabajadores con lesiones previas y para frenar el deterioro de una espalda castigada por años de servicio».
Las lesiones musculoesqueléticas, especialmente en la zona lumbar, son las grandes enemigas de las y los gerocultores. Y es que, la atención directa, cuando se desarrolla cientos de veces al mes, tiene un coste físico invisible que no se contabiliza en horarios ni turnos.
«Lo que buscamos es redistribuir esas cargas corporales hacia los músculos adecuados. Evitar que todo recaiga en la parte baja de la espalda».
El proyecto de Gerontorioja es pionero en La Rioja. Aunque en otros puntos de España se han iniciado experiencias similares, todavía son excepciones. En el extranjero, sin embargo, la tecnología está más avanzada: «Japón y Estados Unidos llevan años investigando y perfeccionando estos sistemas de soporte biomecánico».
Durante dos o tres meses, Gerontorioja recogerá el feedback de trabajadoras de todos los turnos —mañana, tarde y noche—. «Necesitamos una fotografía completa del día real, no del ideal. Después llegará el momento de decidir si esta tecnología pasa de ser una prueba a convertirse en habitual dentro de la rutina de cuidados».

FOTO_ Fernando Díaz/Riojapress
Quizá dentro de unos años un exoesqueleto no sea noticia. Quizá forme parte del equipo básico, tan normal como una grúa o una barandilla de seguridad. Pero ahora, en La Rioja, todavía es una imagen sorprendente: una profesional que ayuda a una persona mayor a incorporarse mientras un arnés flexible, casi invisible, protege su propia espalda. Un gesto que dice algo simple y revolucionario a la vez: que la innovación, cuando está bien orientada, no solo cambia procedimientos, cambia vidas.


