La Rioja vuelve a teñirse de luto en el ámbito laboral. Este martes, un hombre de 50 años y natural de Colombia ha perdido la vida en un accidente laboral en la empresa Alueuropa, ubicada en el polígono industrial El Sequero de Arrúbal. El suceso se produjo alrededor de las diez de la noche, cuando una puerta del vallado de la compañía cayó sobre él, provocándole heridas mortales. Los servicios de emergencia acudieron rápidamente, pero nada pudieron hacer por salvar su vida. Con este fallecimiento, son ya siete los trabajadores muertos en lo que va de 2025, la misma cifra que se registró en todo el pasado año.
El caso de Arrúbal cierra, por ahora, una lista negra que comenzó el 21 de enero, cuando un empleado de un bingo de Logroño murió de un infarto durante su turno de trabajo. Apenas dos semanas después, el 7 de febrero, un transportista sufrió el mismo desenlace, también por un infarto, mientras realizaba su trabajo. Dos muertes por causas naturales, pero ocurridas en pleno horario laboral, que ya anticipaban un año complicado para la seguridad en el trabajo.
Un día antes hubo un gran susto en pleno centro de Logroño. Un hombre de mediana edad tenía que ser evacuado al servicio de Urgencias del Hospital San Pedro, después de sufrir una indisposición que le llevó a desplomarse cuando realizaba labores de reparto en la calle San Agustín de la capital riojana. Dos días después fallecía tras ser trasladado a un hospital en Santander debido a la complicación de su estado. Aunque el suceso tuvo lugar en su puesto de trabajo, este suceso no está contemplado en los registros oficiales como muerte laboral.

El 18 de febrero fue uno de los días más trágicos del año. En Pradejón, un albañil de 51 años perdió la vida sepultado por el derrumbe de un muro mientras participaba en la construcción de una vivienda unifamiliar. El trabajador se encontraba en la zona del muro medianero cuando la estructura colapsó repentinamente, sin que pudiera escapar.

Ese mismo día, en la AP-15 a la altura de Villafranca, un operario de grúa de 45 años murió atropellado por una furgoneta cuando asistía a un vehículo averiado.

La primavera tampoco trajo alivio. El 26 de mayo, un encofrador de Calahorra, de 49 años, falleció en una empresa agroalimentaria de Andosilla (Navarra) al recibir el golpe de una carga que cayó accidentalmente mientras realizaba trabajos en la instalación. Casado y con dos hijos adolescentes, era uno de los propietarios de la empresa Encofrados Arias S.L., con sede en la localidad riojabajeña. La noticia causó una profunda conmoción en su entorno laboral y familiar.

El último caso antes del de Arrúbal se produjo el 27 de julio, cuando el propietario del bar El Envás, en la calle San Juan de Logroño, falleció repentinamente mientras trabajaba en la cocina. Cayó al suelo en plena jornada, y aunque los presentes alertaron de inmediato a los servicios de emergencia, nada se pudo hacer por reanimarlo. La tragedia dejó consternados a los vecinos y clientes de una de las zonas más animadas del casco urbano logroñés.
Con siete muertes en diez meses, La Rioja vive uno de los años más duros en materia de siniestralidad laboral. Infartos, derrumbes, atropellos y accidentes industriales dibujan un panorama que preocupa tanto a las administraciones como a los sindicatos. Más allá de las cifras, cada fallecido recuerda la urgencia de reforzar la prevención, la vigilancia y la cultura de seguridad en el trabajo. Porque, como insisten los expertos, ninguna muerte laboral debería asumirse como inevitable.


