El Parador de Calahorra ha sido este jueves el punto de encuentro del sector agroalimentario riojano, en una jornada organizada por Cajamar la Federación de Empresas de La Rioja (FER) y NueveCuatroUno para abordar uno de los grandes retos actuales de la industria, la distribución y el canal Horeca: la prevención del desperdicio alimentario.
La sesión se ha abierto con las intervenciones de Sheila Argáiz, secretaria general de las asociaciones agroalimentarias de la FER; Fermín Unanua Martínez, director de Zona de Cajamar, y Ana Barrio Cardiñanos, jefa de Servicio de Calidad de la Consejería de Agricultura del Gobierno de La Rioja, quienes han coincidido en subrayar la importancia de avanzar hacia un modelo productivo más sostenible, en el que «cada alimento tenga el destino que merece y no acabe en la basura».

A continuación, la jefa de Servicio de la Dirección General de Calidad y Sostenibilidad Alimentaria del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), Helena de Miguel Santoyo, ha ofrecido la ponencia marco de la jornada, centrada en la Ley 1/2025 de Prevención de Pérdidas y Desperdicio Alimentario.
Durante su intervención, De Miguel ha explicado que la norma pasa de la voluntariedad a la obligación, imponiendo a las empresas de toda la cadena alimentaria la creación de planes de prevención y la aplicación de una jerarquía de prioridades.
Innovación, compromiso y tecnología
Tras la exposición inicial, la jornada se ha centrado en una mesa redonda de casos prácticos que ha mostrado cómo distintas entidades y empresas están aplicando soluciones innovadoras para reducir el desperdicio alimentario en España.
La primera ponente ha sido María José Sáiz, responsable de I+D+i en Nuevas Aplicaciones Analíticas del Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria (CNTA), quien ha explicado cómo la inteligencia artificial y los sensores avanzados están ayudando a las industrias alimentarias a mejorar la calidad y la vida útil de sus productos. «La digitalización permite tomar decisiones en tiempo real sin necesidad de enviar muestras a laboratorio. Con buenos datos, construimos buenos modelos», ha señalado.

Sáiz ha presentado ejemplos reales de tecnología NIR portátil, que permite analizar alimento por alimento para optimizar su uso. «Hemos aplicado estos sistemas a productos como la trucha o el foie, evaluando sus propiedades nutricionales o su frescura de forma individualizada», ha detallado. También ha expuesto proyectos con imagen hiperespectral para detectar impurezas o defectos en carnes y frutas antes de que lleguen al consumidor. «En una planta de remolacha, conseguimos evitar decenas de reclamaciones al detectar a tiempo los fallos y redirigir el producto», ha apuntado.
Por su parte, María Arribas, responsable de Marketing Estratégico y Desarrollo de Negocio de AENOR, ha aportado la visión de la certificación y la gestión empresarial del desperdicio. Ha recordado que en 2024 se tiraron en España 1.200 millones de comidas, y que este fenómeno «tiene un triple impacto: económico, social y medioambiental». Desde AENOR, ha explicado, se trabaja en la certificación de buenas prácticas en toda la cadena, ayudando a las empresas a cuantificar el desperdicio, establecer planes de prevención y auditar sus avances.

«Lo que buscamos es confianza y compromiso. Reducir el desperdicio mejora la competitividad, reduce costes y refuerza la reputación», ha afrimado Arribas, citando casos de éxito como Carrefour, Senda Viva u hospitales gallegos ya certificados por la entidad. Entre las medidas recomendadas, ha destacado la planificación eficiente, el control de inventarios, la comunicación con proveedores o el impulso a rutas de consumo de cercanía, que alargan la vida útil de los alimentos y reducen la ruptura de la cadena del frío.
Un reto colectivo para toda la cadena alimentaria
La mesa redonda ha contado también con la participación de Joaquín Díaz Pache, responsable de desarrollo de negocio de NARIA, una plataforma tecnológica que conecta empresas del tercer sector con el ámbito agroalimentario para facilitar la donación de excedentes. Su intervención ha puesto de relieve la importancia de las alianzas entre productores, distribuidores y organizaciones sociales como vía efectiva para minimizar el desperdicio.

El encuentro se ha cerrado con la intervención de Miguel Ángel Domene Ruiz, responsable del área de Alimentación y Salud de la Fundación Grupo Cajamar, quien ha presentado las innovaciones más recientes impulsadas desde la entidad para combatir el desperdicio alimentario desde la investigación y la transferencia de conocimiento.


