Deportes

Tercer intento de un Náxara continuista por sobrevivir en cuarta división

Foto: Carmelo Betolaza

A la tercera va la vencida. O, al menos, es lo que quiere el Náxara con respecto a su estancia en Segunda Federación. Tras subir en modo exhibición desde el Grupo XVI (93 puntos y 107 goles), los blanquiazules afrontan el reto de mantenerse. Cabeza de ratón o cola de león, es el dilema de un equipo que ha encadenado ascensos y descensos consecutivos durante el último lustro. Ahora, la entidad quiere dar el siguiente paso y mantenerse por encima de la Tercera. Con la vuelta de Arturo Guerra como técnico principal y la renovación de hasta trece jugadores del pasado curso, el proyecto mantiene sus líneas maestras. El Náxara es, ante todo, un sentimiento y una familia. Orgullo de su localidad y deseo de ser referencia de toda una comarca, que se citará de nuevo este domingo a las 18:00 horas en La Salera para acompañar a su equipo ante el Ebro, otro recién ascendido.

Foto: Carmelo Betolaza

Veintidós futbolistas componen una plantilla con su columna vertebral totalmente reconocible. Hombres como Toño Ramírez, Orodea o Rojo lideran un bloque que mantiene su esencia. Bajo palos, continúa el veterano Toño y le acompañará el sub-23 David Lleyda. En defensa, seis de siete jugadores han renovado, predominando la experiencia. Son Izan Flaño (lateral derecho), Viti, Juan García, Ochoa, Eloy (centrales) y el lateral zurdo Miguel Rodríguez. La única incorporación en este sector ha sido la del sub-23 Javi Caño, desde el San Juan (Tercera) y se formó anteriormente en la cantera osasunista. Será su primera oportunidad en la categoría de un chaval de apenas 20 años.

Mientras tanto, en el centro del campo continúan Álex Merino, Pepe Blanco e Iker Landín, que firmó catorce dianas en la pasada campaña. Una zona del campo a la que se han incorporado otros tres jugadores: Álvaro Maiso, Álvaro García y Marcos Ceña, cedido de la cantera del Alavés. Durante la pretemporada, el club ha logrado dos cesiones sub-23 desde el Promesas de la UD Logroñés. Se trata del mediocampista ofensivo Samuel Lallana, que ya debutó en Segunda Federación con la UD Logroñés (2022/23), y del mediapunta Markel Gil -que ha hecho la pretemporada con el primer equipo blanquirrojo-, ambos nacidos en el año 2005.

Y arriba, continúan piezas cruciales como los extremos Iván Villoslada e Iván Rojo. Villoslada fue el pichichi de la fase nacional de Tercera Federación la pasada temporada, mientras Rojo llegó a La Salera hace una década. Jorge Campos, mientras tanto, ha firmado como extremo zurdo. Ya en punta de ataque, no podía faltar Javier Orodea, najerino y que, salvo dos campañas en la Cultural Leonesa, lleva toda su vida en la entidad. Junto a Orodea compaginará así la juventud del ariete riojano sub-23 Hugo Martínez, procedente del filial del Levante.

Arturo Guerra vuela solo

Comandará el vestuario el técnico Arturo Guerra, que afrontará su tercera etapa en la entidad, la segunda como primer técnico. Su primera experiencia tuvo lugar entre la 2015/16 y la 2017/18, como ayudante del entrenador Diego Martínez. Fue una etapa inolvidable en La Salera, donde el club rozó el ascenso a la antigua Segunda B. En junio de 2017, llegó a la final del playoff, cayendo ante la Peña Sport de Tafalla. Esa buena experiencia le propició la segunda oportunidad, esta vez, en solitario. En enero de 2023 llegó a La Salera en sustitución de Raúl Martín. Lo hizo de forma inmejorable. Dirigió quince partidos, logró 43 puntos y ascendió a Segunda Federación.

En la 2023/24, Guerra abandonó el Náxara para marcharse junto a Diego Martínez, como su segundo en la UD Logroñés. Una UD Logroñés que, tras ser tercera en la fase regular, cayó en la final del ascenso frente al Marbella (1-0 en la ida y 0-1 en la vuelta). Diego Martínez dejó de ser técnico blanquirrojo y con él, también Guerra. Hasta esta nueva oportunidad, se encontraba sin equipo. Tras dos muy exitosos pasos por el Najerilla, afronta el reto de mantener al Náxara en una Segunda Federación que él mismo ya conoce.

Cuerpo técnico del Náxara / FOTO: Carmelo Betolaza

Con ese objetivo comenzó a trabajar en una pretemporada que arrancó el pasado 28 de julio. El 9 de agosto, los blanquiazules vencieron al Pradejón (3-6). También vencieron al Alavés C (2-1) y al Burgos B (3-1), dejando muy buenas sensaciones. La última prueba tuvo lugar el pasado 30 de agosto, frente al Real Unión de Irún (0-1). A una semana del arranque liguero, los irundarras parten como uno de los principales favoritos al ascenso. Fue un buen examen antes del debut liguero, que tendrá lugar este domingo, ante el también ascendido Ebro (18:00 horas).

Foto: Carmelo Betolaza

Un nuevo campo, clave para el crecimiento deportivo

Una nueva temporada está a punto de comenzar y el club mantiene el quebradero de cabeza de las últimas campañas. Se trata de una vieja reivindicación: la de disponer de un nuevo campo de fútbol e instalaciones dignas. Por ahora, el primer equipo continúa en el mismo punto de partida: entrena en la Ciudad Deportiva de la UD Logroñés y juega en La Salera. Mientras tanto, su cantera utiliza las instalaciones del Cementerio, muy deterioradas. Especialmente, cuando llega la temporada de lluvias, momento en que el barro convierte el «césped» en impracticable. Una imagen repetida en los últimos cursos.

El Náxara aspira a convertirse en una referencia de la comarca y para ello, necesita sembrar desde su cantera. Más si cabe, con una filosofía tan especial como la suya, tan apegada a su localidad. Ni la cantera, ni por supuesto, el primer equipo pueden entrenar en Nájera y esa es una circunstancia que condiciona a la entidad. Obstáculos para el futuro de una entidad que espera, eso sí, disfrutar del presente en Segunda Federación y que los éxitos deportivos ayuden a mejorar el entorno del club. Comienza, por tercera vez, el sueño de la permanencia.

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