En respuesta a la carta ‘Coches eléctricos sí, pero no a costa de todos’, me gustaría aportar una visión diferente sobre la inversión en infraestructura de recarga para vehículos eléctricos en Logroño. Si bien entiendo la frustración por la escasez de aparcamiento en la ciudad, creo que equiparar la instalación de cargadores a un capricho o a un beneficio para una minoría elitista es un error.
La transición al vehículo eléctrico no es una simple moda, sino una necesidad global para reducir la contaminación y mitigar el cambio climático. Aunque hoy en día el número de coches eléctricos es menor, la tendencia de crecimiento es imparable. Destinar recursos y espacio público a la infraestructura de carga no es un favor a los propietarios actuales, sino una inversión estratégica en el futuro de nuestra ciudad.
Se menciona que las «electrolineras» deberían ser una responsabilidad exclusiva del mercado, al igual que las gasolineras. Sin embargo, este argumento ignora que la construcción de la red de gasolineras en su día también fue un proceso que implicó una regulación y planificación por parte de las administraciones públicas. Las gasolineras que vemos hoy son el resultado de un mercado maduro. El mercado de la movilidad eléctrica está en una fase inicial y, por ello, necesita el impulso y la colaboración pública para su despegue.
Además, los beneficios de esta transición no se limitan a los conductores de coches eléctricos. Una mayor adopción de esta tecnología se traduce en una mejor calidad del aire en nuestras calles, menor contaminación acústica y una mayor independencia energética a largo plazo. Es un beneficio colectivo para todos los ciudadanos, tanto para quienes conducen un coche eléctrico como para quienes no.
Dejar la infraestructura de carga únicamente en manos de la iniciativa privada podría resultar en una distribución desigual de los puntos de recarga, creando zonas menos atractivas para la movilidad eléctrica y ralentizando la transición. La planificación municipal asegura que esta infraestructura se desarrolle de forma equitativa y accesible para todos.
En resumen, destinar recursos a los cargadores públicos no es subvencionar un capricho. Es una inversión inteligente que prepara a Logroño para el futuro, mejora la salud de sus ciudadanos y facilita una transición energética que es vital para la sostenibilidad de nuestro entorno.
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