Seila Espinosa siempre ha estado relacionada con el kickboxing: «Desde los seis años hasta los 41, que son los que tengo ahora». Empezó a entrenar porque en su colegio lo ofertaron como extraescolar: «Desde entonces no he dejado nunca de hacer kickboxing».
A lo largo de su carrera ha recibido multitud de reconocimientos, entre los que destaca el título de «mejor entrenadora de Europa 2024» y «el cinturón negro sexto Dan», siendo la mujer europea más joven y la primera española en obtenerlo, por el proyecto de «kickboxing inclusivo que empecé en esta escuela y que ahora estoy trasladando a nivel nacional e internacional».
De todos ellos, el que recuerda con más cariño si habla «como deportista», es su primer mundial: «Fue el sueño de mi vida». Pero, si habla como «coach», el reconocimiento más importante: «Ver a las personas felices, sin duda, es el mejor premio».
Lleva dando clases de este deporte desde que tiene uso de razón y, desde hace once años, lo hace en su propia escuela. Una escuela de kickboxing que «rompe los esquemas: la mayoría de alumnas son mujeres» y en la que también imparte pilates.
«Cuando monté la escuela quería que tuviese un concepto diferente. No quería que se limitara al kickboxing. Lo que intento es mejorar la calidad de vida de las personas. Y el pilates me pareció el complemento perfecto para cualquiera», explica.
«La gente que viene es porque quiere practicar deporte y sabe que aquí todas las clases son adaptadas para que todas las personas, dependiendo de su forma física, puedan practicar deporte», señala Seila. «En esta escuela no nos gusta un kickboxing de contacto, lo orientamos más a un trabajo de velocidad, de formas, de coordinación y de diversión». No se trabajan solo las facetas físicas del deporte, si no también las psicológicas: «Para mi es muy importante que los alumnos ganen autoestima y que se sientan seguros».
Además, en todas las clases que imparte Seila hay personas con discapacidad, para ella es fundamental trabajar «la diversidad completa. Adapto los ejercicios para las personas con y sin discapacidad. Todos necesitamos adaptaciones».
Pero Seila no se limita solo a enseñar pilates y kickboxing. Va más allá: también imparte cursos de defensa personal a mujeres y cursos de contención para personal que trabaja con personas con discapacidad «para no hacerles daño». Muchos de estos cursos lo imparte en su escuela, pero también trabaja dando formaciones: «No paro, no paro un segundo».

Durante verano ha adaptado los horarios para evitar las horas más calurosas del día: «Aún así la gente viene muy cansada y nota mucho las temperaturas».
Aunque tiene «la suerte de tener un grupo de alumnos bastante afianzado», estos meses estivales «se ha apuntado mucha gente nueva» que durante el curso no puede hacerlo «o porque no está aquí en Logroño o porque no puede por motivos laborales». «Siempre sorprende tener tantas inscripciones nuevas», señala Seila.
«Trabajar con personas y para personas me parece el mejor trabajo del mundo. Para mí lo más importante es que tengo alumnas que empezaron conmigo cuando tenían seis años y ahora tienen 17 y que no lo han dejado. Para ellas esto ya es casa, es familia, donde venir cuando están bien o cuando están mal», explica.
Para Seila, lo peor es el horario. «Trabajo siempre de tarde. Pero me he acostumbrado y me compensa porque me encanta mi trabajo. He creado el trabajo de mis sueños».


