Philippe Massol es el director general de La Cité du Vin y el próximo 24 de junio (martes) protagonizará una nueva edición del foro Origen de NueveCuatroUno. El citado edificio es un icono del enoturismo que ha conseguido convertirse también en un icono de una ciudad, cuyo centro histórico es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2007 o en la que miles de turistas han fotografiado el Miroir d’eau (Espejo de Agua) frente a la neoclásica Place de la Bourse. Burdeos es más centro del mundo del vino desde que en 2016 se abriera este fantástico edificio.
– ¿Cómo nació la idea de La Cité du Vin y en qué ha ido cambiando desde que abrió sus puertas?
– La Cité du Vin se creó con varios objetivos en mente. El principal era establecer un lugar único, emblemático, dedicado al vino, y mostrar que el vino es un patrimonio cultural universal y vivo. También se trataba de contar con un espacio en el corazón de la ciudad de Burdeos —mundialmente conocida por sus vinos— que reflejara aquello que ha contribuido a su reputación internacional. Debía transmitir conocimientos sobre el mundo del vino a visitantes de todo el mundo, para que aprendieran más y se sintieran inspirados a descubrir viñedos y regiones vitivinícolas.

Estos objetivos no han cambiado. Hacer accesible el patrimonio cultural y universal del vino sigue siendo la misión principal de la Fundación para la cultura y las civilizaciones del vino, que gestiona La Cité du Vin. Aunque hemos evolucionado para abordar temas actuales como la concienciación sobre el impacto del cambio climático en la viticultura y el reconocimiento a los hombres y mujeres que trabajan en el mundo del vino.
– ¿Cómo fue recibida la idea en la ciudad y en el sector vitivinícola?
– El proyecto despertó entusiasmo de inmediato. Políticos de todos los colores y diversas instituciones se unieron rápidamente a la creación de La Cité du Vin. Pero tuvimos que convencer al sector vitivinícola de Burdeos de que La Cité no debía hablar únicamente de los vinos de la región, sino del vino en su sentido más universal. Una vez aceptado esto, muchas bodegas y empresas se sumaron a la iniciativa, apoyando el proyecto como mecenas de la construcción o de su oferta cultural, por ejemplo. Los habitantes de Burdeos por su parte lo hicieron suyo rápidamente y se convirtieron en sus mejores embajadores.

– ¿Qué lugar ocupa hoy La Cité du Vin en la vida y en la imagen de Burdeos?
– Hoy en día, La Cité du Vin es el segundo destino cultural más visitado de Burdeos. Se ha consolidado como una parada esencial para cualquier visitante de la ciudad, incluso para aquellos que no beben vino, y por supuesto representa un motivo de visita para sus amantes. También programamos una oferta cultural variada durante todo el año de interés para los bordeleses.
Además, su arquitectura emblemática forma ya parte integral del paisaje urbano y, en un sentido más amplio, de la identidad de la ciudad.
– ¿Cuánta gente ha pasado ya por La Cité y qué tipo de público suele visitarla?
– Desde su apertura en 2016, La Cité du Vin ha recibido a más de 3,2 millones de visitantes. En promedio, acoge a 400.000 personas al año.

Está concebida para todo tipo de públicos: conocedores o no, aficionados o no, familias…, por lo que el perfil del visitante es muy diverso. Lo que sí ha cambiado desde la apertura es el número de visitantes internacionales, que no deja de crecer. Actualmente, representan más de la mitad del total.
– ¿Qué impacto ha tenido La Cité du Vin en el desarrollo del turismo en Burdeos?
– La Cité du Vin se ha convertido en uno de los principales motivos para visitar la ciudad. En los primeros años tras la apertura, el veinte por ciento de los visitantes aseguraban que era La Cité du Vin lo que los llevaba a Burdeos; hoy ese número es del quince por ciento. Surgió además en un contexto de renovación de la oferta cultural de la ciudad, formando parte activa de esta dinámica, especialmente en su propio distrito.
– ¿Qué ha supuesto para el barrio y para el comercio local tener un proyecto así?
– La Cité du Vin fue el primer gran proyecto nuevo en el distrito de Bassins à Flot, una zona en pleno proceso de transformación en ese momento. A su alrededor, se desarrolló poco a poco una nueva vida de barrio, con hoteles, restaurantes, bares y otros espacios culturales.
– ¿En qué momento se encuentra ahora La Cité?
– La pandemia de Covid-19 fue un momento difícil en la joven historia de La Cité du Vin. Llevaba poco más de tres años abierta cuando comenzó la crisis, que obligó al cierre durante varios meses.
Nosotros decidimos aprovechar este periodo para preparar la siguiente etapa del proyecto. Reflexionamos sobre nuevas propuestas culturales para nuestros visitantes. Gracias al plan de recuperación europeo, en 2023 renovamos la Exposición Permanente tanto en contenido como en escenografía, y creamos un recorrido sensorial de cata y un taller inmersivo dedicado específicamente a los vinos de Burdeos.
– ¿De dónde salen los recursos para mantener un proyecto así? ¿Hay apoyo institucional o todo depende de la propia actividad?
La Cité du Vin está gestionada por la Fundación para la cultura y las civilizaciones del vino. Es una fundación privada, pero reconocida como de interés público.

Funcionamos únicamente con recursos propios, provenientes de la venta de entradas (70 por ciento), de las ventas de nuestra tienda, de donaciones de nuestros mecenas, así como del alquiler de espacios y de la organización de actividades culturales para empresas. La Fundación también realiza ocasionalmente misiones de ingeniería cultural.
– ¿Qué tendencias están marcando ahora el rumbo del enoturismo? ¿Qué espera hoy el visitante?
– Creo que la inclusión es esencial hoy en día en el desarrollo de propuestas culturales: nuestra oferta tiene que ser para todo el mundo. Además, los turistas actuales tienen expectativas más altas: ya no les basta con descubrir algo, quieren vivir una experiencia y compartirla. Necesitan emocionarse. La dimensión tecnológica también es importante, con el uso de nuevas tecnologías como la realidad virtual o la inteligencia artificial para crear ofertas únicas e innovadoras.
– ¿Qué le dirías a una región como Rioja si se planteara montar algo parecido a La Cité?
– El éxito de La Cité du Vin se debe, por un lado, a su ubicación en Burdeos, una ciudad que atrae a millones de turistas al año de todo el mundo. Por otro lado, Burdeos tiene la legitimidad para liderar un proyecto de identidad vitivinícola a escala global. Y por último, apostó por una arquitectura contemporánea y de evento, con contenidos inmersivos alineados con las expectativas del público actual.
– Y para celebrar los 10 años… ¿Qué vino abrirías?
– No abriremos un único vino, sino vinos de todo el mundo… Ese es el espíritu de La Cité du Vin.


