El presidente de La Rioja ha tirado de orgullo en su discurso de el Día de La Rioja apelando a las convicciones profundas que unen a los riojanos: el orgullo de pertenencia, el compromiso con la memoria y el impulso hacia el futuro. Desde San Millán de la Cogolla, lugar simbólico de los orígenes, ha exaltado la identidad riojana como un ente vivo, moldeado por sus principios, aspiraciones y valores. Ha reivindicado la lengua castellana como parte esencial del alma de La Rioja, junto con su legado cultural, agrario y vitivinícola. La comunidad fue definida como un equilibrio entre tradición y modernidad, construida a partir del esfuerzo compartido y la voluntad de avanzar juntos con serenidad y determinación.
En el corazón del discurso se ha reconocido a quienes encarnan esa identidad activa: el Teléfono de la Esperanza, por su encomiable labor de escucha y acompañamiento emocional; la doctora Trinidad Herrero, ejemplo de excelencia científica; y Bernardo Sánchez Salas, referente cultural y creador de relatos que nos definen. La intervención ha finalizado con una llamada a recuperar el “orgullo sereno” de ser riojanos, a luchar por una mayor visibilidad y justicia para esta tierra, y a seguir construyendo comunidad desde el cariño, el talento y la esperanza. “La Rioja viva” —ha dicho— es la que se hace cada día con trabajo, alegría y sudor, y que hoy, más que nunca, mira con ambición al futuro.
DISCURSO COMPLETO
Queridos riojanos y riojanas, amigos todos.
Nos reúne hoy una fecha: el 9 de junio. Nos reúne hoy una conmemoración: el Día de La Rioja.
Y nos reúnen hoy -lo más importante de todo-: unas convicciones, compartidas, colectivas que son la savia bruta y la savia elaborada que alimentan, vivifican y dan vigor a esa gran planta que es nuestra identidad como riojanos, como comunidad.
Nos une la convicción de que esta tierra es digna de orgullo, de memoria, de defensa, de compromiso, de pujanza, de tesón y de futuro.
En San Millán de la Cogolla, en el lugar de los orígenes, el espacio de los consensos y el templo de la palabra se constituye en auténtico deber honrar a nuestra lengua y expresar con la precisión y la riqueza que nos brinda el español el significado de esas convicciones compartidas, que nos unen y nos reúnen.
Las convicciones remiten a lo humano, a lo más íntimo y profundo de las personas que las abrigan, las nutren y las hacen reales al convertirlas en práctica de vida.
Los nutrientes que dan la plenitud de su ser a las convicciones son los principios, las creencias, los ideales, las aspiraciones, los deseos, las metas.
Los principios son origen, base y razón fundamental de la norma que rige el pensamiento o la conducta, individual y colectiva, de las personas.
Las creencias son la firmeza en el asentimiento. Los ideales el conjunto de ideas en las que se cree y por las que se lucha.
Las aspiraciones, los anhelos y deseos que nos motivan, nos mueven y nos impulsan hacia objetivos que perseguimos con la determinación y tenacidad que siempre se requieren en la vida para recorrer los caminos -nunca exentos de dificultades y obstáculos- que conducen hasta la meta.
Donde faltan esas convicciones, se produce inseguridad, falta de certidumbre, titubeo, inconstancia e inestabilidad.
Donde las convicciones se cultivan con la resolución, la tranquilidad y la consistencia que caracteriza el ser de los riojanos se produce la certidumbre, la estabilidad y la credibilidad.
En estas convicciones y en estos valores ha hundido sus raíces históricas la identidad de los riojanos.
Gracias a ellos La Rioja ha llegado a ser lo que es hoy y, sobre su base firme, caminamos convencidos, determinados y esperanzados hacia el mañana, hacia lo que queremos ser.
El año pasado recordé en este mismo lugar, con motivo del Día de La Rioja, que la identidad de cualquier comunidad humana, no es el algo cerrado, sino vivo y dinámico, que evoluciona, que se enriquece combinando lo que somos con lo que queremos ser, es decir, se construye colectivamente, entre todos.
Por eso la identidad nos compromete, tanto con nuestro pasado, con el legado de nuestros mayores, con su conservación y respeto, como con el futuro, con el legado que dejaremos a quienes nos sucederán.
De modo que toda identidad se nutre simultáneamente, por un lado, de aquellos atributos que se han ido forjando con el paso del tiempo, transmitiéndose de generación en generación como legado y cristalizándose en el imaginario colectivo.
También recogiéndose en nuestro estatuto que reconoce la especial atención que debe prestarse a la lengua castellana “por ser originaria de La Rioja y parte esencial de su cultura”.
Lo testifican los más de mil años de las glosas y lo llevamos mostrando durante décadas al mundo entero, desde la sociedad civil, con el apoyo incesante de los medios de comunicación o con asociaciones como los Amigos de San Millán -que han cumplido 50 años- y desde el plano institucional, a través de la Fundación San Millán de la Cogolla.
También milenaria es la vinculación de nuestra tierra con uno de sus productos más emblemáticos: el vino, que surge del fruto de las viñas, del trabajo, el esfuerzo y el ingenio de sus gentes.
Un vino que ya singularizaba a La Rioja tanto a nivel de estructura agraria como comercial hace 500 años. De esa tradición ancestral surge hace 100 años el reconocimiento a los vinos de Rioja, su calidad y su prestigio creándose la primera Denominación de Origen de España.
Un elemento identitario -como nos demostró un querido amigo y profesor, José Luis Gómez Urdáñez- al documentar que históricamente “el Rioja… Siempre ha diferenciado a los riojanos y sigue siendo… un fundamento de su cultura”.
Pero, sin duda, La Rioja es mucho más que lengua y cultura.
La identidad histórica y cultural de nuestra región quedó plena y legalmente reconocida en el Estatuto de Autonomía de La Rioja (Ley Orgánica 3/1982, de 9 de junio) cuyo título preliminar del texto consolidado (17 de julio de 2010) reza literalmente:
“La Rioja, como expresión de su identidad histórica y en el ejercicio del derecho al autogobierno recogido en la Constitución Española, se constituye en Comunidad Autónoma dentro del Estado Español”.
Y, por otro lado, se nutre de todos esos atributos aspiracionales que constituyen el desideratum de lo que queremos ser.
En ese contexto, desde ese razonamiento y argumentación, el año pasado apelé a la solidaridad que demuestran los riojanos y nos caracteriza.
La Rioja la hacemos entre todos, todos los días, con nuestra ilusión y con nuestro trabajo. Y hay entidades y personas que contribuyen especialmente a que nuestra región sea cada día más grande en nuestros corazones y en nuestra contribución a este gran país que habitamos y al que queremos, a España.
Permitidme, por tanto, que en este día de celebración dedique unas palabras de reconocimiento a quienes hoy han sido merecidamente distinguidos por su ejemplar trayectoria y su aportación a nuestra comunidad.
En primer lugar, nuestra más sincera enhorabuena al Teléfono de la Esperanza, Medalla de La Rioja 2025. Esta institución ejemplificante lleva décadas siendo un faro para quienes atraviesan tormentas invisibles.
En tiempos donde la salud mental reclama con fuerza el lugar que merece en el debate público y en las políticas de bienestar social y emocional, el Teléfono de la Esperanza ha sido pionero en tender una mano cálida, silenciosa, constante, revitalizadora.
Vuestra encomiable e infatigable labor de acompañamiento emocional, prestada por profesionales y voluntarios comprometidos, ha salvado vidas y ha devuelto la confianza y la dignidad a muchas personas. ¡Gracias por enseñarnos el gran valor de la escucha!
Felicito también vivamente a la doctora Trinidad Herrero Ezquerro, nombrada Riojana Ilustre este año.
Desde su Calahorra natal, la doctora Herrero es una de las grandes referentes académicas de la ciencia médica en nuestro país. Su trabajo como neurocientífica, centrado en los procesos de envejecimiento cerebral y enfermedades neurodegenerativas, la ha llevado a ocupar puestos de gran relevancia, como la presidencia de la Real Academia de Medicina y Cirugía de la Región de Murcia o como su merecidísimo puesto en la Real Academia Nacional de Medicina.
Más allá de sus méritos académicos y profesionales, su trayectoria simboliza algo esencial: la capacidad de nuestra tierra para aportar talento de primer nivel a la ciencia internacional. La química puede dar buena fe de ello, como lo hace hoy la medicina sumando a una riojana ilustre que honra nuestras raíces y nuestro porvenir.
Ese hecho nos brinda, en este día tan especial, una oportunidad de oro para referir otro rasgo que bien puede convertirse en parte de esa identidad que deseamos construir juntos como sociedad: el valor de la ciencia.
Por desgracia, las grandes amenazas globales sufridas nos abrieron los ojos evidenciando el valor capital de la investigación y de la ciencia al servicio de la sociedad.
Con todo, lamentablemente, olvidamos muy rápido y la ciencia se relega en su trascendencia social, aflorando de su meritoria y afanosa labor diaria solo muy esporádicamente con motivo de algún gran hallazgo o logro.
Pero el progreso, el bienestar y el futuro de nuestra sociedad reposa en gran medida sobre ese inestimable pilar que es la ciencia, a la que hoy hemos querido rendir un tributo tan justo como necesario en la figura de la Doctora Trinidad Herrero, para siempre ya una ilustre riojana.
Y si la ciencia fundamenta el avance social, la cultura es un poderoso indicativo del grado de civilidad, de refinamiento y de humanismo de una sociedad.
Por ese motivo primordial doy también mi más calurosa enhorabuena a Bernardo Sánchez Salas, laudable merecedor este año del Galardón de las Artes y la Cultura de La Rioja.
Bernardo es, sin duda, una de las figuras más contrastadas de la historia de la cultura actual en La Rioja, gracias a su sólida trayectoria como dramaturgo, guionista, profesor y estudioso incansable de la obra de Rafael Azcona, otro de nuestros grandes e ilustres riojanos.
Gracias a su labor, a su implicación, a su guía, a su talento y a su refinado ingenio, Bernardo nos ha demostrado a todos que la cultura es también una forma esencial de ciudadanía.
Queridos riojanos: hoy celebramos a una tierra de contrastes fértiles y de unidad profunda.
A La Rioja agraria que trabaja la vid, el cereal, el olivo, el frutal y cuida del ganado en nuestros campos y montes.
A La Rioja industrial e industriosa que innova, que exporta, que emprende, que genera empresas, que crea empleo, que comercia y ofrece servicios.
A La Rioja cultural que crea, que escribe, que enseña, que transmite, capaz de hacernos disfrutar, reír y pensar.
A La Rioja rural, resiliente que cuida el paisaje, que nos acoge y nos enriquece, dando vida a nuestros pueblos, que preserva y nos recuerda nuestras esencias dando sentido a nuestras raíces.
Pero también celebramos a una Rioja moderna, dinámica, capaz de crecer sin perder el alma que nos define.
Una Rioja donde la calidad de vida no es un eslogan, sino una realidad. Una Rioja que quiere ser referente en sostenibilidad, en digitalización, en talento joven, en igualdad efectiva.
Y, sin embargo, no podemos conformarnos. Ser conscientes de lo mucho logrado no significa caer en la complacencia.
Ser una tierra que ha gestionado su autonomía con éxito no significa que debamos resignarnos a las carencias que aún nos lastran.
Porque si algo nos caracteriza como riojanos es nuestra inconformidad tranquila, nuestro empeño constante, nuestra voluntad de avanzar juntos, superando cualquier dificultad y los retos que tenemos por delante sin desfallecer nunca en el camino.
El Día de La Rioja no es solo una efeméride. Es una declaración de principios. Es una jornada para mirar atrás con agradecimiento, para mirar al presente con lucidez y al futuro con ambición.
Hoy decimos, con voz serena pero firme: estamos orgullosos de ser riojanos. Y queremos más para La Rioja. Más reconocimiento, más visibilidad, más oportunidades, más conexión para juntos alcanzar mayores cotas de bienestar y progreso.
Porque La Rioja no es solo una comunidad autónoma; es una comunidad humana, una comunidad de sentimiento, unida por el cariño a una tierra pequeña en tamaño, pero gigantesca en valores.
Como pequeño en tamaño, pero colosal en talento fue ese riojano que nos legó entre sus obras “Memorias de un señor bajito”. Permítanme hoy evocar en un guiño especial a Rafael Azcona, anticipando el próximo centenario de su nacimiento.
Con el fino humor que le caracterizaba quiso “demostrar al mundo” y “al prójimo” que “un hombre escaso, canijo” nacido “en una urbe riojana llamada Logroño” en un “hogar de modesta condición económica”, humilde, podía vivir intensamente y hacer grandes cosas. Y lo hizo, lo cumplió sin perder nunca esa modestia y esa humildad ejemplares.
La Rioja es una tierra que no alardea, pero que cumple. Que no grita, pero que avanza. Que no exige desde el capricho, sino desde la justicia.
Hoy, desde San Millán, quiero alzar la voz —en nombre de toda La Rioja— para reclamar lo que es de justicia: una conectividad con el resto de España a la altura de lo que esta comunidad aporta y merece. Unas conexiones que permitan que nuestros jóvenes, nuestros empresarios, nuestros visitantes, nuestros mayores, puedan viajar en igualdad de condiciones con el resto de españoles. Para que esta tierra pueda desplegar todo su enorme potencial. Y porque La Rioja tiene mucho que ofrecer.
Queridos amigos: hoy, más que nunca, necesitamos recuperar el orgullo sereno de ser riojanos. No para mirar por encima del hombro a nadie, sino para mirar de frente a todo el mundo. Para mirar lejos. Para mirar juntos.
El mundo está en cambio. Las tecnologías, la economía, la sociedad… todo se transforma a una velocidad vertiginosa. Pero hay cosas que no cambian.
Y una de ellas es la certeza de que el inicio de todo camino empieza en la identidad. Que sólo quien sabe quién es puede decidir con pleno conocimiento de causa hacia dónde va. Y nosotros lo sabemos. Somos hijos del Ebro y herederos del español. Somos tierra de vino y de cultura, de industria, de esfuerzo y de hospitalidad, de piedra y de palabra.
Esa esencia de lo que somos la captó y expresó extraordinariamente nuestra polifacética escritora riojana María Teresa León:
«Somos el producto de lo que los otros han irradiado de sí […] Somos lo que nos han hecho, lentamente, al correr, tantos años”.
Así es: los riojanos somos lo que sembraron Quintiliano, Gonzalo de Berceo, Bretón de los Herreros, los Hermanos D’Elhuyar, Jacinta Martínez de Sicilia, Sagasta, Cosme García, Rey Pastor, María de la O Lejárraga, la propia María Teresa León, Adoración Sáenz y tantos otros con nombre reconocido o sin él.
Somos lo que escriben cada día en el anónimo diario de nuestra memoria como comunidad todos los riojanos, naturales y de adopción, aquí y en el exterior, que sienten La Rioja, que quieren a La Rioja y que se afanan por construir juntos un futuro mejor para La Rioja.
La Rioja es una tierra que es ejemplo de equilibrio entre tradición y modernidad, entre raíces firmes y ramas que se alzan hacia el porvenir.
Hoy, cuando miramos alrededor y vemos los desafíos que atraviesan nuestro país y nuestro continente, reafirmamos que el mejor modo de afrontarlos es con cohesión, con ambición compartida y con esperanza activa.
Hoy, La Rioja avanza. Lo hace sin renunciar a su esencia, pero con la mirada firme en el futuro. Y lo hace con una firme convicción: esta tierra tiene todo lo necesario para liderar un modelo de desarrollo sostenible, humano, innovador.
Cuidemos La Rioja. Defendámosla. Potenciémosla. Y hagámoslo unidos. Porque solo juntos somos capaces de transformar el amor a nuestra tierra en un proyecto de convivencia, de prosperidad y de dignidad compartida.
Gracias a todos los que hacéis posible que esta tierra no se detenga. Gracias a quienes trabajáis desde lo público y lo privado. A quienes cuidáis, a quienes enseñáis, a quienes servís, a quienes producís, invertís, emprendéis e innováis, a quienes investigáis y a quienes transmitís la antorcha de nuestras tradiciones, de nuestros pueblos, de nuestra cultura y de nuestros valores.
A ellos, a todos ellos, a todos vosotros va hoy mi agradecimiento y mi compromiso en nombre de todos los riojanos.
Porque sois La Rioja viva. La Rioja verdadera. La Rioja común, del día a día. La Rioja que con espíritu alegre y no poco sudor construye futuro.
Hoy nos ha reunido una fecha, nos ha reunido una conmemoración y nos han reunido, nos unen y nos unirán, muchas convicciones.
Con toda la emoción que cabe en estas palabras, os invito a proclamar conmigo:
¡Viva San Millán de la Cogolla!
¡Viva La Rioja!
¡Viva España!


