La Asociación Menudas Bodegas de Rioja ha presentado sus vinos este lunes en el Centro de la Cultura del Rioja y con ello ha dado a conocer a sus dos nuevos integrantes: Hoplita, que llega desde el Casco Antiguo de Logroño, y Reditus, firma asentada en Cordovín. Así ya son doce las pequeñas bodegas que conforman este ambicioso proyecto que dio sus primeros pasos en septiembre del año pasado con el propósito de defender el patrimonio vitícola de esta denominación y darle un valor añadido.
Un evento que ha servido a estas pequeñas bodegas (todas elaboran menos de 5.000 botellas anuales) para exponer, de la mano de la Asociación de Sumilleres de La Rioja, sus referencias a profesionales del sector de la hostelería, vinotecas y también prensa especializada. Así, junto a las dos últimas incorporaciones, han participado también las diez bodegas fundadoras: Rulei (Badarán), Reminde (San Asensio), Elena Corzana (Navarrete), La Bodeguita Escondida (Hervías), Jaime Ruiz (Briones), Óscar Pérez (Briones), Jairus (Badarán), Horola (Baños de Río Tobía), Gama (Cárdenas) y Larraz (Cenicero).

Reditus se incorporó a esta asociación a principios del presente año a sabiendas de que comparte la misma idiosincrasia que el resto de bodegas miembro. «Elaboramos siete vinos diferentes pero todos ellos son pequeñas producciones y en total no superamos las 5.000 botellas», apunta Mario Benés, cuarta generación de esta familia de elaboradores y viticultores de Cordovín. Junto a su hermano, ambos se han incorporado recientemente a la bodega para continuar con el legado y aportar su granito de arena. 23 reales es el nombre de la garnacha que han elegido para acudir a esta presentación y reivindicar así algo tan autóctono como es esta variedad en el Alto Najerilla. Un vino del que apenas salen 1.000 botellas.

Mario Benés y Flabia, de Bodegas Reditus.
Por su parte, Hoplita ha sido la última firma de Rioja en sumarse a este equipo de microbodegas. Asentada en pleno centro histórico de la capital riojana, en lo que fuera antaño un antiguo calado del siglo XVI en la calle Herrerías, esta firma emergente en la región se nutre de los viñedos de San Asensio y Briones. Tras ella está Julio Gómez y Elvira Villaro, quienes sacan a la luz tres referencias de cepas plantadas entre 1906 y 1934.

Julio Gómez, con sus referencias de Hoplita.
Así mismo, otra de las novedades ha sido el lanzamiento del nuevo vino de Elena Corzana que, como no podía ser de otra forma, vuelve a reivindicar su uva madre: la maturana. «En esta ocasión procede de dos viñedos diferentes en Navarrete, en el término Las Encinillas», explica la enóloga y sumiller acerca de Minutero. Un vino que no lleva crianza e tinaja, sino que pasa por barrica usada, y que «es de consumo rápido». Un vino, además, del que solo se han elaborado 2.044 botellas. Mientras tanto, Corzana ya prepara el embotellado de su última creación: una maturana blanca que saldrá al mercado en septiembre.

Elena Corzana, con su nuevo vino Minutero.
La filosofía que comparten estas doce pequeñas bodegas es la de aunar esfuerzos tanto en la promoción como en la comercialización, además de hacer rentable este tipo de negocios en los que sus propietarios hacen las veces de enólogos, viticultores y comerciales. Como bien dicta su eslogan, ensalzar «la belleza de lo pequeño».
Y como no hay mejor manera de conocer un proyecto vitivinícola que probándolo ‘in situ’, los productores han descorchado algunas de sus referencias para dar buena cuenta del potencial que guardan en sus viñas entre los asistentes que no se han querido perder esta cata.


