Cultura y Sociedad

Dos décadas de El Cuarto Verde: «Estamos donde queríamos estar, haciendo música y disfrutándola»

El Cuarto Verde: «Estamos donde queríamos estar, haciendo música y disfrutándola»

«Quizás algunos piensen que no hemos llegado muy lejos, pero estamos donde queríamos estar, que es haciendo música y disfrutándola». Nunca una frase ha resumido mejor lo que comenzó hace veinte años como suelen empezar los grandes proyectos: sin mucha pretensión y con mucha ilusión.

«Éramos cuatro amigos de la universidad. A uno le gustaba la batería, otro tenía una guitarra… y yo dije: me compro una y empezamos a tocar», cuenta Odón, uno de los miembros de El Cuarto Verde. Apenas sabían tocar, no entendían de grandes armonías, pero tenían algo que nunca les ha faltado: cabezonería, energía y amor por la música. «A los pocos meses ya estábamos grabando nuestra primera maqueta. Y ahora, ya llevamos seis discos».

Esta es la historia de cómo lo que empezó siendo un juego de universitarios se ha convertido en una de las bandas más longevas y queridas del panorama musical riojano. No hay fórmulas, ni atajos, tampoco modas. Simplemente música, amistad y compromiso. Ah, y muchas horas de ‘chupar’ local. Así es cómo El Cuarto Verde ha hecho historia en La Rioja y fuera de nuestras fronteras.

Con los años, Deivis, Rubén, Miguel y Odón se han dado cuenta de que «esto no es un hobby, sino una forma de vida». Porque El Cuarto Verde no es solo una historia de evolución musical, sino también de supervivencia. En 20 años han pasado por varias formaciones, con idas y venidas de miembros (Julián, Michel y Doc), pero siempre han tenido la capacidad de reconstruirse. La etapa más crítica llegó en plena pandemia. “Nos quedamos Deivis (el bajista) y yo solos. Nos miramos y dijimos: ¿cerramos o seguimos? Y decidimos seguir. Encontramos a nuestras dos medias naranjas y ahí empezó una nueva etapa», confiesa Odón.

Un sonido con sello propio

Varios medios de comunicación les han ‘colgado’ las etiquetas de punk, pop rock, psicodelia, rock alternativo. «Nos han metido en doscientos sacos, una gran señal para una banda, porque significa que tienes tu propia identidad y tu propia manera de hacer las cosas y buscar tu camino». Sin referentes claros, sin copiar, simplemente siendo una mezcla de diferentes gustos musicales. «Nuestro combo de dos guitarras, bajo y batería es muy rock, sí, pero nuestra mezcla de influencias nos hace únicos».

Y precisamente ese ‘buscar tu camino’ se ha traducido en seis discos, más de sesenta canciones y trescientos conciertos. Porque si hay algo que El Cuarto Verde ha defendido con uñas y dientes durante estos veinte años es el directo. «Es nuestro punto fuerte, sin duda. En un estudio puedes sonar perfecto. Pero en directo no puedes engañar a nadie. Y ahí es donde se nota quién eres realmente».

Sus conciertos no son simplemente actuaciones, son experiencias de vida. «La comunión con el público es brutal. La energía que damos en el escenario se transforma abajo en baile, en emoción, en gente cantando nuestras canciones. Es una simbiosis total».

En Logroño esa conexión se multiplica. «Somos profetas en nuestra tierra, y eso no siempre pasa. Tenemos una legión de seguidores fieles desde hace 20 años. Hay gente que nos ha acompañado desde el principio y eso es increíble».

Y hablando de la tierra… El grupo confiesa que «en La Rioja ha habido y hay grupos muy buenos, pero siempre hemos pecado de cierto provincianismo. Nos cuesta salir fuera, conseguir oportunidades. No es lo mismo ser un grupo de Madrid o Barcelona que uno de Logroño. Pero lo importante es que seguimos aquí, no por negocio, sino por orgullo y amor a la música».

Amistad por encima de todo

Veinte años son muchos si hablamos de un proyecto que empezó como si nada. Por eso la pregunta: ¿qué mantiene viva una banda durante dos décadas? En su caso, la respuesta es clara: la amistad. «Antes que músicos, somos amigos. Y eso es la base de todo. Si no hubiera esa relación, la banda no habría durado. Da igual que hubiéramos sido panaderos, herreros o de una peña gastronómica. Si no hay conexión humana, no hay proyecto que aguante».

Y esa amistad se respira precisamente cuando el grupo habla de El Cuarto Verde como una necesidad vital. «Hay gente que necesita salir a correr, otros pasear al perro. Nosotros necesitamos el local, ensayar, tocar. Si pasa una semana sin eso, lo notamos. Es como un vicio. Te agarra y no te suelta».

Dos décadas de ‘vicio’ que hay que celebrar. Y así va a ser. Este sábado, en la Sala Fundición este aniversario se conmemorará con guitarras a todo volumen, canciones coreadas a pleno pulmón y un documental que resume dos décadas de pasión, esfuerzo y lealtad. Un docu que «la primera vez que lo vimos nos emocionó mucho», sobre todo a Deivis y Odón, los dos fundadores del grupo. «Ver esos vídeos antiguos, vernos con 22 años, con nuestras pintas de entonces… y darte cuenta de todo lo vivido. Es mucho».

Pero, además del documental, El Cuarto Verde va a soplar las velas como más le gusta: sobre un escenario. Una cita, la de este sábado, que ha servido para reencontrarse con antiguos miembros del grupo. «Los ensayos han sido como meternos en el DeLorean de Regreso al Futuro. Volver a tocar con ellos ha sido divertidísimo. Las mismas discusiones de hace 20 años, pero ahora con más risas».

Aunque este aniversario es una fiesta, también es un punto de inflexión, porque el grupo ya trabaja en nuevas canciones. «Tenemos seis o siete temas en el horno. La idea es entrar en estudio a finales de este año o principios del que viene. Necesitamos sangre nueva. Cuando sentimos que un disco ya ha dado lo suyo, nos entra la necesidad de crear».

Viendo lo visto, me atrevo a decir que hay Cuarto Verde para rato, porque esta banda riojana ha conseguido algo que muy pocos logran: mantenerse fieles a sí mismos, a su gente y a su música. Sin grandes focos, pero con una luz propia que no deja de brillar, así que «preparen las orejas».

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