Salud

Parir sin miedo: la revolución de la maternidad consciente y el acompañamiento

La revolución de la maternidad consciente y el acompañamiento emocional y físico durante el embarazo, el parto y la crianza

«En mi época, apenas terminabas los pocos años que ibas a la escuela ya te estaban buscando un marido. Tuve mi primer hijo a los 19 años, y tras él llegaron otros siete». Esta frase ha salido de la boca de la mayoría de nuestras abuelas, y es que, para ellas, la maternidad no era una opción, sino un destino predeterminado.

Cada mujer ha tenido sus batallas, sin embargo, el rol de madre ha experimentado una transformación radical en apenas tres generaciones. Lo que para nuestras abuelas era algo inevitable, para muchas mujeres actuales representa una opción consciente en un momento específico de sus vidas. Por ello, cada vez más mujeres buscan un acompañamiento emocional durante el embarazo, el parto y la crianza.

«La maternidad no empieza con el parto, sino desde el momento en el que se toma la decisión de ser madre», explica Martina Pérez, pedagoga, doula y educadora perinatal. Doula, has leído bien. Quizás te suene desconocida esta figura, y es que en España no es una profesión reconocida, sin embargo se está abriendo paso para recordar que ser madre va más allá de protocolos y rutinas. «Es muy importante acompañar a la mujer desde lo que es, desde cómo vive, desde sus deseos y dificultades, y no desde lo que las redes sociales o el entorno esperan que sienta». Y esa es precisamente la clave de la maternidad consciente.

¿El secreto? Entender que la revolución empieza por aceptar que no existe la madre perfecta. «Lo hacemos tan bien como podemos y sabemos según las circunstancias que tenemos cada una», destaca Martina. Porque cada embarazo es diferente, y cada mujer también, así que «lo importante es acompañar a esa mujer concreta, con su historia, sus luces y sus sombras. Se trata de observarla, de ver qué tipo de crianza desea, desde dónde parte… y acompañarla en el descubrimiento de la madre en la que se va a convertir».

La maternidad duele… y eso no siempre se quiere ver

Aunque pueda parecer que el embarazo es una etapa de atención máxima, muchas mujeres lo viven en silencio. «Desde fuera todo el mundo está pendiente, pero solo quieren escuchar la parte bonita. Las molestias, los miedos, la tristeza… eso no se quiere ver. Y cuando lo cuentas, te dicen: ‘es normal’. Sí, claro, pero es la primera vez que me pasa», señala Martina.

La comparación con otras generaciones suele jugar también en contra. Esa frase de «tu abuela parió diez hijos» no ayuda en absoluto. «Claro que las abuelas parieron diez hijos, pero es que ellas lo vivían desde pequeñas viéndolo hacer a sus primas, hermanas, incluso a sus madres. Habían visto partos, bebés, lactancias… Si embargo, las madres de hoy en día no han visto nada de eso, y esa sensación es la que suele desconectar del instinto».

La soledad de la mujer embarazada nace, precisamente, de esa desconexión: «Tenemos el mismo útero que nuestras abuelas, pero la vida que nos rodea es distinta. Ellas estaban más ligadas al instinto, y nosotras vivimos con el neocórtex en alerta». De ahí los miedos frecuentes, sobre todo al parto. A no ser capaz cuando, en realidad, «el cuerpo está diseñado y sabe parir. Lo que hay que hacer es no estorbar, o mejor dicho, que la mente no estorbe».

Pero, ¿de verdad hace falta un entrenamiento para parir de forma positiva? Martina aclara que «si estuviéramos más conectadas con nuestra parte primitiva no haría falta, pero en la actualidad las mujeres estamos bastante alejadas de nuestra parte instintiva, no sabemos nada de partos, y solo se nos habla de las ventajas de la epidural, como si no fuéramos capaces de parir porque es demasiado dolor.Todo esto hace que se despierten en nosotras los miedos, estos miedos provocan tensión y la tensión aumenta el dolor».

Y para evitar esto, Martina trabaja en su consulta con el hipnoparto, un método que entrena a las mujeres y les da las herramientas necesarias para que vayan al parto sin miedo. «Así saldrá la parte instintiva, la que sabe parir como buenas mamíferas que somos».

Y método que también sirve para la pareja de la mujer gestante. «En el proceso del parto tiene que estar incluso más preparada que ella, porque para que la mujer se pueda concentrar solo en sí misma y en su bebé, alguien tiene que ocuparse de protegerla del exterior y sus distracciones. Pero si esa persona no tiene ni idea, todo recae en la parte cerebral de la mujer, y esa parte es la que tiene que quedar más relegada». Así, cuando el bebe llega al mundo, se encuentra con un equipo poderoso y lleno de complicidad que le transmite toda la seguridad que necesita.

Pero quizás, el miedo más profundo de las mujeres es el más intangible. “La pérdida de identidad. Diluirse. Sentir que desapareces como mujer y como persona cuando nace tu hijo». Antes, muchas mujeres estaban preparadas para eso porque era su proyecto vital. Hoy, muchas madres han estudiado, han trabajado, tienen otros sueños, y necesitan integrar esa maternidad en su vida sin anularse. «Tienen que convivir las dos versiones: la de antes y la nueva. Ser madre te enriquece, pero hay que acompañar ese tránsito para no desaparecer».

Y, aunque parezca paradójico, lo más revolucionario que ofrece Martina es una presencia tranquila. «Muchas mujeres me pagan por cosas que deberían formar parte de la normalidad. Pero están lejos de eso. Y necesitan que alguien les diga que no están solas. Que todo lo que sienten, también cuenta».

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