La evolución de las infraestructuras en La Rioja en los últimos diez años deja un panorama desigual. Mientras que en algunas áreas se han producido avances, como la gestión del agua o la mejora de ciertos centros sanitarios, en términos de comunicación, la comunidad se ha quedado rezagada. El ferrocarril continúa con maquinaria antigua, horarios poco competitivos y constantes retrasos; el servicio de autobuses, afectado por la pandemia, ha visto cómo sus trayectos se alargan por las numerosas paradas; y el aeropuerto de Logroño funciona con un tráfico mínimo y precios elevados que frenan su uso.
Fernando Antoñanzas, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de La Rioja, analiza el estado actual de las infraestructuras en la región, comparando su situación con la de otras comunidades vecinas que han avanzado significativamente en la última década en una serie de entrevistas para celebrar el X aniversario de NueveCuatroUno.
– ¿Cómo estamos en cuestión infraestructuras en La Rioja comparados con los diez últimos años?
– Si hablamos de infraestructuras de comunicación, la verdad es que estamos peor, pero no solo eso, sino que como el resto de las comunidades cercanas han mejorado mucho, la diferencia es aún más evidente. Más allá de algunos pasos que se han dado en la Autovía del Camino, poco más se ha materializado en estos diez últimos años. En la red regional es distinto, se han visto mejoras en algunas vías, aunque aún tenemos muchas curvas debido a la orografía de la sierra.
– Vayamos parte por partes: ¿En lo que se refiere a ferrocarril?
– Pues es que no se ha materializado nada. En cuanto a obras, no ha habido cambios. Y en los horarios, estamos peor. Además, la maquinaria es antigua, los vagones están más que amortizados, como el regional que va a Zaragoza. A esto se suma que los horarios se incumplen con frecuencia y a veces incluso se suspenden. En definitiva, el tren ha empeorado, y claro, como en otras comunidades las infraestructuras ferroviarias han mejorado, nosotros estamos mucho peor en comparación. La diferencia se nota mucho más.
– ¿Antes los autobuses paliaban este déficit?
– Sí, pero después de la pandemia, el servicio de autobuses ha empeorado considerablemente. Los horarios se han reducido y los viajes de Logroño a Madrid, por ejemplo, tienen demasiadas paradas. Esto provoca que los trayectos se alarguen demasiado y no sean competitivos, llegando a tardar hasta cuatro horas y media, cuando podrían ser menos. Especialmente grave es la situación en la conexión con Soria, que ahora tarda más que antes por el aumento de paradas en casi todos los trayectos. La línea con Burgos se mantiene más o menos igual, pero la de Soria ha empeorado notablemente.
– El aeropuerto no está mucho mejor, de momento.
– El aeropuerto de Logroño ha visto recortado su número de vuelos en los últimos diez años y actualmente funciona con un tráfico mínimo. Los precios son altos y eso no ayuda a incentivar el uso del aeropuerto. Apenas ofrece servicio, y eso afecta tanto a la movilidad como a la competitividad de la región.
– Y en las carreteras nacionales no hay muchos cambios.
– Sí, se ha desdoblado la N-232 hasta casi la entrada de La Rioja por Zaragoza, algo que me pareció un error desde el principio. En algo más de un año liberalizará la AP-68 y habrá capacidad de sobra para el tráfico. Donde sí se han dado pasos ha sido en la Autovía del Camino, que facilita mucho los desplazamientos, aunque sería clave que llegase hasta Burgos para reducir el tiempo de viaje hacia Madrid y hacer la ruta más cómoda. Actualmente, el paso por Piqueras sigue siendo complicado por las curvas. Es una carretera peligrosa.
– ¿El aeropuerto de Logroño podría traer buenas noticias próximamente?
– Parece que sí, al menos eso es lo que se espera. Sin embargo, hay un problema que sigue latente: la fiabilidad de los vuelos y su coste. Actualmente, quienes necesitan hacer conexiones internacionales, por ejemplo a Estados Unidos, suelen optar por otras alternativas. Y es que las cancelaciones sin previo aviso por imprevistos son bastante frecuentes. Por eso, muchas personas prefieren tener un plan B en lugar de jugárselo todo a un único vuelo. Si el vuelo es por la tarde, aún puedes tomar el de la mañana y contar con otras opciones, pero cuando las conexiones son a primera hora, el riesgo de perder el enlace es alto y mucha gente no se arriesga.
-¿Fue un error su construcción?
– Yo creo que no. Muchas empresas, cuando buscan localizar sus negocios o ampliar sus operaciones, manejan una lista de comprobación. En esa lista consideran si la zona tiene recursos de agua cercanos, líneas de alta tensión para garantizar el suministro eléctrico y, muy importante, comunicaciones por vía aérea. Si una ubicación cumple con todos esos requisitos, como es el caso de Logroño, se vuelve mucho más atractiva para instalarse.
Ahora bien, una vez construido, es cierto que algo parece estar fallando. Antes los vuelos iban con más ocupación y eran más rentables, pero en los últimos años hemos visto que los precios han subido considerablemente. Recuerdo que el último viaje que hice a Madrid costaba más de 300 euros ida y vuelta. No es un precio accesible para todo el mundo, y eso claramente afecta la demanda.
Creo que la clave está en mejorar la gestión del transporte aéreo, aunque reconozco que no es sencillo, hay muchas variables en juego. Tal y como está funcionando ahora, es casi como no tener nada, y eso también es una realidad que no podemos obviar.
– En otras comunidades cercanas sí se ha avanzado en las comunicaciones.
-Es que esa es otra. En comparación con las comunidades de alrededor, La Rioja se ha quedado rezagada en los últimos años. Antes, en los años 80, estábamos en una situación similar a regiones como Navarra en cuanto a infraestructuras, pero ahora la diferencia es abismal. Las comunidades vecinas han experimentado un progreso significativo en muchos aspectos, mientras que aquí no se ha avanzado al mismo ritmo. Un ejemplo claro es la red de alta velocidad, de la cual La Rioja ha quedado completamente fuera. Y no es solo cuestión de alta velocidad; incluso un incremento en la rapidez y eficiencia de los trenes ya marcaría una gran diferencia. Hace 30 o 40 años, cuando hacía informes sobre coyuntura, podía decir que estábamos bastante bien en infraestructuras, pero eso siempre depende de con quién te compares. Hoy en día, cuando miras a tu alrededor, la mejora de otras comunidades es evidente, mientras que aquí seguimos estancados en algunos aspectos clave.
– Si tuviera la capacidad de decidir, ¿qué medidas implementaría para mejorar las infraestructuras de transporte en La Rioja?
– En primer lugar, reforzaría las líneas de autobuses, reduciendo el número de paradas, sobre todo en el trayecto Logroño-Madrid, para que el viaje se realice en poco mas de cuatro horas. Además, impulsaría una apuesta decidida por el ferrocarril, aunque reconozco que esto depende directamente del Ministerio y de la Administración Central. Aquí poco más podemos hacer que lo que llevamos haciendo desde hace años, reclamar que la situación mejore.
– Más allá de las infraestructuras de transporte, ¿ha habido algún avance significativo en los últimos años?
– Sí, en el ámbito de las reservas de agua para mantener los flujos en los ríos, hemos dado un paso importante. Actualmente contamos con varios pantanos que han mejorado la gestión del agua. Se han ampliado presas que dependen de la comunidad. El embalse de Enciso, por ejemplo, ya está operativo y va a garantizar un buen flujo de agua a toda la cuenca del Cidacos, que es fundamental.
Además, se han realizado mejoras significativas en edificios públicas en varios ámbitos. En sanidad, por ejemplo, se han inaugurado nuevos centros de salud, como el de la Villanueva, en el ámbito universitario también ha habido avances, con la construcción de la Escuela de Ciencias de la Salud o de Enfermería y en cuanto a justicia, se han construido nuevos juzgados, lo que ha permitido resolver los problemas de espacio y mejorar las condiciones de trabajo.
– Entonces, ¿el principal déficit se encuentra en las comunicaciones?
Exactamente. Las comunicaciones siguen siendo el verdadero punto débil de la región. Es cierto que incluso el Camino de Santiago ha mejorado, se ha reformado para hacerlo más cómodo para los peregrinos, con pasos más accesibles y un pavimento más adecuado. Pero en cuanto a conexiones ferroviarias y de transporte en general, seguimos bastante rezagados. Las conexiones con Madrid no son buenas, pero es que con Barcelona tampoco estamos mejor, y ni hablar de Valencia, donde la frecuencia es realmente baja. Mientras en otras infraestructuras hemos avanzado, en comunicaciones hemos ido hacia atrás, y eso se nota.


