Agricultura

«Si hay arranque voluntario, el efecto puede no ser el esperado»

Eduardo Garrido, joven viticultor de Tudelilla

Eduardo Garrido lleva siete años como joven agricultor en Tudelilla. Una andadura que comenzó arrendando viña porque con la explotación familiar de su padre no era suficiente superficie. A sus 25 años, sin embargo, ha tenido que recurrir al almendro para suplir la caída en el precio de la uva: «Hoy en día, este cultivo ha sido mi salvación y me está ayudando a mantenerme a flote en esta crisis porque tengo claro que quiero seguir dedicándome al campo».

Así lo refleja Garrido en el podcast de La Voz del Agro, en el que reconoce que el sector vitivinícola «está muy mal».  «Ahora tener una viña casi es un problema porque cuesta más mantenerlas cuando, además, igual mucha uva se queda en el campo a falta de compradores. Yo he tenido problemas para colocar la cosecha y si no llega a ser por la cosecha en verde estaría en una peor situación de la que estoy ahora», apunta.

Más allá de las ayudas para tirar uva habilitadas con fondos europeos, y que llegan a Rioja por tercer año consecutivo, este joven agricultor apunta al arranque de viñedo. «Hay demasiadas viñas y se produce demasiado y seguramente si se vendiera más vino no tendríamos este problema. Pero como esto no sucede, creo que no hay otra opción que el arranque. Eso sí, el problema que veo en esto es que el concepto de ‘voluntario’ porque puede que el efecto no sea el esperado. Va a caer el precio del papel y de la viña y van a ser las grandes bodegas o fondos los que se hagan con todo. Entonces lo que se va a conseguir no es esa pérdida de masa vegetal, sino un cambio de propietarios en el viñedo», opina.

Unido a esta contexto de incertidumbre, Garrido también achaca el poco relevo generacional que existe en el campo a una «cuestión de mentalidad» en los jóvenes: «La mayoría prefiere tener un horario concreto, con un sueldo fijo a fin de mes y sus vacaciones. Prefieren la estabilidad, cosa que en el campo no existe porque no sabemos lo que vamos a cobrar, ni cuándo, ni si va a venir buena o mala cosecha,… Aquí es todo más sacrificado».

Para afrontar estos y otros problemas este viticultor hace hincapié en la importancia de estar asociado en una organización agraria, en su caso, ARAG-ASAJA, porque «si no fuera por la organización, no podríamos hacer ninguna gestión ni cuestiones de papeleo en nuestras explotaciones».

Unas figuras que representan a un sector y que en un año electoral en la DOCa Rioja como es este se vuelven más imprescindibles si cabe. A falta de unos días para que concluya el plazo de recepción de los votos de las diferentes agrupaciones (el 30 de abril), el proceso de renovación de la Organización Interprofesional del Vino de Rioja (OIPVR) va llegando a su fin. Unas votaciones que puede dejar una nueva representatividad en la mesa del Consejo Regulador de cara a los próximos 4 años.

El secretario general de ARAG-ASAJA, Igor Fonseca, asegura que las sensaciones son «positivas» en cuanto al balance final: «Hay mucho trabajo detrás que no se desarrolla las últimas semanas ni los últimos meses, sino en estos cuatro últimos años. Ha habido más de cien reuniones en el Consejo Regulador y también en la Interprofesional a través de los plenos, de las juntas directivas, de las asambleas, pero también de las comisiones de trabajo, donde participamos casi 15 personas de la directiva ejecutiva y también de otros foros de ARAG-ASAJA. En el último mes y medio hemos celebrado varias reuniones en diferentes localidades con cerca de 500 viticultores como participantes, quienes nos han transmitido sus inquietudes. Nosotros hemos trasladado el enfoque que queremos hacer desde la organización en la coyuntura de crisis que tiene actualmente el sector vitivinícola y hemos recibido buenas sensaciones por parte de los viticultores, por eso creemos que esto se va a reflejar y concretar en un gran apoyo el 30 de abril».

Fonseca incide en que el fin último de la organización es «buscar siempre la rentabilidad del viticultor, pero esta no va a llegar hasta que se produzca un equilibrio entre oferta y demanda. Por eso defendemos la medida de arranque como la única que en estos momentos puede ayudar a equilibrar de manera estructural la oferta y la demanda, pero hay que ponerla en marcha cuanto antes. Creemos que puede ser una realidad en otoño de este año, de tal manera que se pueda implementar ya en enero de 2026».

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