San se acabó. La procesión del Resucitado ha puesto este domingo fin a una convulsa Semana Santa en Logroño, en la que los cofrades han puesto tanto la vista en el cielo como en las imágenes que han podido completar sus estaciones de penitencia. Y, cómo no, la última de las procesiones en la capital riojana tampoco se ha librado de las inclemencias del Astro, pues una fina lluvia ha acompañado al cortejo en la mayor parte del recorrido.
Bienaventurados los logroñeses que han madrugado para hacerse un hueco frente a las puertas del cementerio. No solo porque han sido testigos de una de las maniobras más complejas de la Semana Santa de la ciudad, que este año celebraba su décimo aniversario como Fiesta de Interés Turístico Nacional. La salida del camposanto ha contado con una doble recompensa, pues apenas unos minutos después los hermanos de la Entrada de Jesús en Jerusalén han tenido que cubrir al Cristo con un plástico para protegerlo de la lluvia.

Amarga despedida para una imagen que no solo despide la Semana Santa logroñesa, sino que además ha puesto punto final a varias décadas protagonizando el Domingo de Resurrección en la ciudad. El próximo año, si ningún contratiempo lo impide, la talla que partirá desde el cementerio será de nueva factura, un Resucitado en cuya hechura ya trabaja el imaginero sevillano Manuel Martín Nieto.
Con esos aires de nostalgia ha emprendido el cortejo su itinerario desde el cementerio hasta el colegio de La Enseñanza, con parada obligada en la parroquia de San Antonio de Padua, sede canónica de la cofradía. Otro año más, ha sido especialmente emotivo el paso de la procesión por el Puente de Piedra, reeditando una de las imágenes icónicas de la gran fiesta de la primavera en Logroño.

Antes de embocar el trayecto hacia el encierro, la procesión ha vuelto a protagonizar estampas de gran emoción en el Hospital de La Rioja, donde el personal sanitario y los pacientes han tenido la oportunidad de contemplar de cerca -y por última vez- la impronta del Sagrado Corazón, obra de los talleres Granda. El próximo año todo será distinto en la capital riojana durante la procesión que pone el broche a una Semana Santa que volverá a deparar momentos únicos. Esperemos, eso sí, que sin necesidad de alzar la vista al cielo en busca de nubarrones.


