Semana Santa

Belleza y religiosidad por el Jueves Santo logroñés

Ni una gota, ni una nube amenazante. El cielo respetó y Logroño vivió un Jueves Santo pleno, sereno y lleno de emoción, con las cinco procesiones previstas cumpliendo con sus recorridos y tiempos, en una noche que quedará en la memoria por su belleza y por la ausencia, por fin, de sobresaltos meteorológicos.

Desde la tarde hasta entrada ya la madrugada del Viernes Santo, las calles de la capital riojana fueron testigos de la fe y el recogimiento logroñeses, en la que cofrades y espectadores se reencontraron con una de las jornadas más extensas y tradicionales de la Semana Santa logroñesa. No en vano, fue un Jueves Santo de 1537 cuando la cofradía de la Vera Cruz organizó la primera estación de penitencia en la ciudad.

La primera en abrir la jornada fue, como es costumbre, la hermandad de las Siete Palabras, que tiñó de verde esperanza el centro logroñés con su nutrido cortejo. Austeridad, solemnidad y una de las bandas más históricas de la Semana Santa local marcaron el compás de un vía crucis que volvió a evocar, en cada parada, las últimas palabras de Cristo.

Le siguieron los pasos de la Cofradía de la Piedad, que este año celebraba el 25 aniversario del Cristo de la Reconciliación, sumando nuevos tramos a su recorrido urbano por las calles más modernas del centro. La imagen de la Virgen de la Piedad fue acompañada con fervor por un público entregado, mientras mujeres y jóvenes portaban las andas del Cristo con emoción contenida.

Ya en el corazón del Casco Antiguo, Jesús Camino del Calvario volvió a salir con la impronta de siempre. El Nazareno antiguo, con su pelo natural y su sobria caída, recorrió las calles más añejas de Logroño como si nada hubiera cambiado desde su primera salida en 1906. Fue un viaje al pasado que, más que nostalgia, dejó una sensación de permanencia: la de una ciudad que mantiene viva su identidad procesional.

La gran novedad de la noche llegó con la cofradía del Descendimiento, que por primera vez llevó su paso hasta la iglesia de San Bartolomé. La visita inédita, la ofrenda floral en el Hospital de La Rioja y las jotas y saetas entonadas en plena noche conmovieron a quienes presenciaron esta procesión, cada vez más recogida y solemne. En el regreso, el paso gótico-renacentista, escoltado por el Cuerpo de Bomberos, evitó el bullicio de la noche logroñesa para tomar calles más tranquilas como Sagasta y Mayor, apostando por el silencio.

Y ya entrada la madrugada, la procesión de María Magdalena completó el cuadro de una noche única. En medio del recogimiento absoluto, su paso por Hermanos Moroy volvió a estremecer a quienes la vieron pasar en silencio, sólo roto por el eco de las varas golpeando el suelo. En una Semana Santa donde cada gesto tiene peso, la Magdalena logró, una vez más, hablar sin palabras.

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