La Formación Profesional en La Rioja se ha convertido en un pilar fundamental del sistema educativo, una vía que ha moldeado a cientos de profesionales y les ha ofrecido un futuro lleno de oportunidades. Además, en los últimos años ha emergido una tendencia fascinante: jóvenes que, tras haberse formado en los mismos pasillos que hoy recorren como docentes, deciden regresar para enseñar lo que aprendieron. Esta historia de regreso a las aulas está impregnada de vocación, esfuerzo y el profundo deseo de contribuir a una educación técnica de calidad. Cuatro nombres resuenan en este relato: Ángel, Marcos, Héctor y David. Cuatro trayectorias diferentes, pero con un destino común: inspirar a las futuras generaciones de la misma manera en que sus propios profesores lo hicieron con ellos.
Héctor comenzó su camino en la Formación Profesional con un simple hallazgo en su vida escolar. Durante la asignatura de Tecnología, vio por primera vez un circuito eléctrico y algo dentro de él se despertó. La curiosidad lo llevó a investigar más sobre los circuitos, y pronto descubrió que la FP era la llave para seguir aprendiendo lo que realmente le apasionaba. «Esto es algo que me gusta», pensó. Decidió entonces adentrarse en un ciclo de grado medio, y más tarde, completó su formación con un grado superior. Lo que comenzó como una inquietud se transformó en una pasión que, con el tiempo, lo llevaría de vuelta al instituto, esta vez como profesor.
«Yo quería dedicarme toda la vida a poder enseñar lo que más me ha gustado aprender a mí», afirmando que la vocación por la docencia no es solo un trabajo, sino un compromiso con la formación de los demás. «Lo más bonito de la FP», señala Héctor, «es que no solo enseñas teoría, sino que se puede aplicar directamente en el trabajo, lo que hace que el alumno vea resultados inmediatos».
El caso de David es particularmente revelador de la transformación que puede vivir un estudiante que opta por la FP. En su caso, la escuela no fue un entorno motivador. No se sentía identificado con asignaturas como Lengua o Historia, y la idea de estudiar algo «académico» lo desmotivaba profundamente. Sin embargo, cuando llegó la electricidad, todo cambió. “Fue ver que todo tenía un propósito”, explica David. La FP le dio la oportunidad de encontrar su verdadera pasión, y pronto, no solo completó su grado medio y superior, sino que continuó sus estudios con una ingeniería.

Después de varios años de trabajo en la empresa privada, la idea de ser profesor nunca dejó de rondar por su mente. Tras un par de años en el mundo corporativo, David se animó a dar el paso. Se matriculó en el máster de profesorado. «A los dos días de ir a buscar trabajo me ofrecieron este», justo en el instituto que había estudiado yo. «Ni me lo pensé».
Los hermanos Ángel y Marcos comparten un camino similar en su paso por la Formación Profesional. «Me gustó mucho porque era salir del aula tradicional y empezar a hacer cosas que realmente tenían un propósito», dice Ángel, quien, al igual que su hermano, encontró en la FP una forma de aprender que iba más allá de los libros.
Marcos, por su parte, siguió los pasos de su hermano y se matriculó también en un ciclo formativo de grado medio. “Al principio, mi idea era seguir otro camino, pero ver lo que hacía Ángel, cómo se sentía motivado, me hizo cambiar de opinión», cuenta Marcos. Ambos hermanos coinciden en que la FP les dio una perspectiva nueva sobre la educación, mucho más práctica y directa.

Para ellos, la FP no solo es una vía para conseguir un empleo, sino una forma de aprender mientras se hace. “Las clases eran muy diferentes a lo que estábamos acostumbrados. No solo era teoría, también hacíamos proyectos, desmontábamos y montábamos circuitos, y podíamos ver los resultados de inmediato”, explica Ángel. Este enfoque práctico de la formación les permitió a ambos no solo aprender, sino también enamorarse de la profesión, lo que los impulsó a seguir formándose y, finalmente, a regresar a las aulas como docentes.
Lo que estos exalumnos tienen en común no solo es la pasión por lo que hacen, sino también el deseo de devolver a la comunidad lo que recibieron. La FP no solo les dio conocimientos técnicos, sino también una visión más amplia de lo que significa el trabajo, el esfuerzo y la perseverancia. “Nosotros sabemos lo que cuesta llegar hasta aquí, y por eso, ahora que somos docentes, lo que queremos es que los chicos vean que, aunque a veces el camino no es fácil, siempre hay una salida”, afirma Marcos.
Sin embargo, estos testimonios también revelan un problema persistente: la FP sigue siendo vista por muchos como una opción de segunda categoría. “A veces los padres no ven la FP como una buena opción para sus hijos, siempre prefieren que hagan Bachillerato. Es una mentalidad que está cambiando, pero todavía queda trabajo por hacer”, señalan. A pesar de esto, los cuatro coinciden en que la FP ofrece una empleabilidad casi del cien por cien, y que muchos de los estudiantes que hoy se matriculan en estos ciclos formativos tienen garantizado un futuro laboral. Lo más importante, sin embargo, es que la FP también les da una oportunidad para encontrar su verdadera vocación.
Ángel, Marcos, Héctor y David no solo son ejemplos de éxito, sino también modelos a seguir para las nuevas generaciones. Son la prueba viviente de que la FP puede ser una puerta abierta a un mundo lleno de posibilidades. «Todo es gracias a Alfonso y Miguel Ángel». Fueron profesores de la mayoría de ellos. «Encontrarte a alguien así te cambia la vida», coinciden. «Pero es que también han cambiado el centro, cuando llegaron no había nada de lo que ahora hay, es increíble lo que han hecho estos años por la FP del Gonzalo de Berceo en Alfaro».


