La Interprofesional del Vino, entidad que dirige el Consejo Regulador, está inmersa en el proceso de su renovación. ARAGA-ASAJA, la organización agraria con mayor representación en el Consejo, continua con el compromiso de trabajar para que los viticultores recobren su rentabilidad. «Una pérdida de rentabilidad motivada por un descenso mundial del consumo del vino y las decisiones políticas que han querido convertirlo en un enemigo para la salud. El exceso de producción y el desequilibrio entre la oferta y la demanda han hecho el resto».
«Las bodegas tienen, como se dice, la sartén por el mango. Pueden elegir qué uva comprar, a qué viticultor comprar y a qué precio. Y mientras no se vuelva al equilibrio, los viticultores tendremos las de perder porque seguiremos perdiendo rentabilidad. Para recuperarla hace falta medidas, medidas efectivas y reales. Las soluciones mágicas no existen. Para cambiar las cosas, como dicen querer algunos, cosas como el Consejo, hace falta mojarse el culo», destacan desde la organización.
ARAG-ASAJA defiende dos cuestiones claves para recuperar ese equilibrio. La primera es el control de la masa vegetal, «por eso conseguimos paralizar la liberalización de plantaciones hasta 2045». También reclama que se pusiera en marcha la medida de cosecha en verde y destilación que ha permitido la eliminación de 26,15 millones de litros a través de la primera y de 29,79 millones de litros a través de ésta última en 2024.
«Somos la única organización agraria que ha trabajado desde el inicio para llevar a cabo la medida de arranque voluntario e individualizado de viñedo y de carácter definitivo para dar una salida digna a aquellos viticultores que han decidido abandonar». ARAG-ASAJA ha reclamado su articulación a todas las administraciones posibles: la regional, el MAPA -«sin que, desgraciadamente, Planas se haya dado de momento, por aludido»- y la Unión Europea. Precisamente en Bruselas representantes de ARAG-ASAJA se reunieron con varios representantes de las instituciones europeas vinculadas al vino para tratar este asunto. Un asunto, el del arranque, del que ya se habla en Europa. «Ojalá sea una realidad en 2026. Para que así sea, ARAG-ASAJA se entregará a fondo durante los próximos meses».
La segunda bandera de la organización es la calidad. «Es la clave. Pero la calidad hay que pagarla y premiarla. El esfuerzo del viticultor debe verse recompensado por la bodega que le compre esas uvas. Debe ser un trato limpio. Calidad sí, pero bien pagada. Además, ARAG-ASAJA ha presentado un proyecto para el control del origen de los vinos a través de resonancia magnética nuclear para que no haya ninguna duda de que Rioja sea Rioja y de calidad», inciden.
Y sobre todo, y ante todo, ARAG-ASAJA consiguió algo histórico: que la aportación del sector productor al presupuesto del Consejo Regulador fuera la mínima realizada hasta la fecha. «Debían ser las bodegas quienes asumieran la mayor parte del presupuesto destinado a promoción en un año tan importante para la DOCA Rioja como el de su centenario. Para ello, la organización presentó un acuerdo con 25 medidas que incluía ésta y la medida del arranque, entre otras».
El acuerdo fue aprobado por mayoría, aunque hubo organizaciones agrarias que se negaron a apoyar estas medidas que benefician a los viticultores. «Para cambiar las cosas hay que mojarse en vez de levantarse de la mesa dejando que los problemas se arreglen solos o que los arreglen otros. Ahora más que nunca, en ARAG-ASAJA seguirá peleando por los intereses de los viticultores como lo venimos haciendo desde hace muchos años. Elige ARAG-ASAJA porque sin viticultores no hay Rioja».


