El astro

Al mal tiempo, mala cara: lluvia y frío nos vuelven más sedentarios, somnolientos… y fogosos

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

«¿Cuándo se va a acabar el invierno?», «¿va a dejar de llover de una vez?» «necesito que llegue ya el buen tiempo»… Estas frases seguro que nos resultan familiares después de un mes de marzo marcado por lluvias incesantes. Quien no las haya escuchado estos días que levante la mano. Parece que nuestro estado de ánimo se ve afectado más de lo habitual por este Astro de perros que nos impide llevar a cabo muchos de los planes que teníamos previstos. Al mal tiempo no siempre se le puede poner buena cara. La ciencia lo confirma, también la psicología y las costumbres.

El psicólogo logroñés Juan Cruz Rada explica que el estado de ánimo en invierno no solo está influenciado por la falta de luz, que reduce los niveles de serotonina (el neurotransmisor asociado al bienestar) y aumenta la melatonina (la hormona del sueño). También hay un factor clave: las expectativas. «Solo hay que ver la Navidad, es la época con menos luz, y sin embargo, como está cargada de planes, estamos encantados».

Pero es verdad que para la mayoría de las personas la llegada de la primavera suele traer consigo una mejora en el estado de ánimo. Más horas de luz, temperaturas más suaves y la posibilidad de retomar actividades al aire libre ayudan a sentirnos más activos y motivados. Sin embargo, cuando el invierno parece alargarse indefinidamente y las lluvias no cesan, el efecto puede ser el contrario: fatiga, desánimo y una sensación de estancamiento.

Foto: Fernando Díaz/RIOJAPRESS

Se estima que alrededor de un cinco por ciento de la población lo experimenta en alguna medida. Sus síntomas incluyen aumento del apetito (especialmente por los carbohidratos), somnolencia, dificultad para despertarse y sensación de agotamiento. En otras palabras, es una especie de ‘hibernación’ forzada que nos empuja al sedentarismo y al aislamiento social.

«El problema no es solo la falta de luz, sino que en marzo solemos esperar mejor clima. Nuestro cuerpo está acostumbrado a salir más, hacer más planes sociales, y la lluvia rompe esa rutina. Eso nos desorienta y nos frustra», explica. Además, «este año se han sumado episodios climáticos extremos, como lluvias torrenciales e inundaciones, lo que ha generado más estrés y ansiedad en la población».

El mal tiempo nos empuja a modificar nuestra rutina: reducimos las salidas, dejamos de hacer ejercicio al aire libre y disminuyen nuestras interacciones sociales. Y aunque al principio quedarse en casa con una manta y una película suena reconfortante, con el tiempo puede generar bajones emocionales. «No podemos permitir que el clima dicte nuestro estado de ánimo, no somos veletas», advierte. La clave está en mantenerse activo y buscar alternativas: «Podemos reemplazar actividades al aire libre por planes en espacios cerrados, organizar encuentros con amigos o familiares en casa, mantener el ejercicio físico, aunque sea en un gimnasio o en casa…».

Foto: Fernando Díaz/RIOJAPRESS

La cultura… y las hormonas

Curiosamente, estos cambios estacionales afectan más a las mujeres. Rada señala que esto se debe a una combinación de factores biológicos, hormonales y culturales. «Las mujeres suelen estar más expuestas a cambios en la rutina del hogar y los cuidados, lo que las hace más vulnerables a estos periodos; además, habitualmente sus trabajos se desarrollan dentro de casa o están relacionados con los cuidados. Y eso también afecta».

Que no deje de llover y parezca que el invierno no termine nunca no son los únicos cambios del tiempo que nos afectan. Los extremos térmicos también juegan un papel importante en nuestro bienestar. Se ha demostrado que las temperaturas inferiores a 15 grados o superiores a 25 grados pueden generar malestar. De hecho, «el calor extremo está más relacionado con problemas de salud mental, llegando a provocar episodios agudos de ansiedad o depresión».

A pesar de todo, el mal tiempo no trae solo efectos negativos. De hecho, según Rada, en esta época se observa un aumento de la actividad sexual, lo que podría ser «una respuesta natural» para contrarrestar la falta de actividad física y social. «Cuando fuera llueve y hace mal tiempo, puede ser un plan perfecto para contrarrestar esta pereza generalizada que tenemos y eso el cuerpo lo sabe».

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