Karla tiene 24 años. Sus pronombres son ella/elle. Explica que con los dos «se siente cómoda». No tiene muy claro en qué momento salió «del armario socialmente» y comenzó a presentarse como persona trans. Cuenta que tenía bastante miedo interiorizado, pero, hace siete años, llegó el momento en el que hizo ‘clic’. Para Karla, su momento más duro fue «justo antes de transicionar, toda esa incertidumbre de no entender qué me estaba pasando». Admite que ahora está viviendo otro punto de deconstrucción. «Siempre me he querido mostrar como una mujer, pero realmente lo que yo soy es una persona no binaria».
Para N, de 25 años y quien prefiere mantener su anonimato, su momento más feliz fue la operación, aunque admite que al principio «toda la parte médica» le daba bastante respeto: «Yo he pasado, 23, 24 años sin poder mirarme al espejo. No podía. Y eso lo nota el resto, la gente que te quiere. El que te digan ‘te veo mejor, te veo más feliz y eso me alegra’, es una sensación de felicidad y de decir: ya estoy estoy en el camino en el que quiero estar».
Para Dylan, de 21 años, su peor momento fue «ese salto al vacío» al inicio de la transición, porque fue cuando pasó más miedo: «Al principio lo ves todo oscuro». El momento en el que se sintió más feliz de todo el proceso fue: «Al ser consciente de que ya estaba más asentado en mi transición».
Enzo tiene 20 años y comenzó su transición hace cuatro años y medio. Para él, su peor momento fue cuando salió del armario: «A mí lo que más miedo me daba en el mundo era quedarme solo. Me autoconvencí de que no iba a pasar y me quedé solo. Me costó mucho rehacer mi vida, porque me distancié de mi familia y mis amigos. En ese momento de mi vida tenía a mi madre y a mi abuela. Ahora vuelvo a tener contacto con mi familia, he vuelto a crear un círculo totalmente distinto. Estoy muy bien, pero lo pasé bastante mal». Al igual que para N, su momento más feliz fue cuando por fin pudo operarse de la mastectomía.
Barreras burocráticas, sanitarias y sociales
Todos coinciden en que los trámites legales son “horrorosos”. Enzo intentó cambiar su nombre hace tres años y aún sigue esperando. Finalmente, lo consiguió gracias a la nueva Ley Trans, pero el proceso estuvo lleno de obstáculos. Cuando recibió su nueva partida de nacimiento, la policía le dijo que no era válida. Al intentar arreglarlo, le informaron de que su documento anterior ya no existía: “No me podía sacar el DNI nuevo, ni tenía el anterior. Me sentí legalmente muerto”. No fue el único: en La Rioja había al menos siete personas en la misma situación.
«Es un proceso burocrático que tiene que pasar por muchas fases y parece el teléfono escacharrado», resume Karla.
La Ley Trans ha permitido que las personas puedan transicionar sin necesidad de hormonarse. “Ser trans no implica necesariamente hormonarse u operarse; esa decisión le corresponde a cada persona. No dejas de ser trans si decides no hacerlo o si, por alguna circunstancia, no te es posible», afirma Enzo.
Sin embargo, la atención médica sigue sin estar adaptada a ellas. Karla toma anticonceptivos y los chicos testosterona genérica, aunque su uso no está pensado para personas trans. “Si lees el prospecto, no existimos. Está hecho para hombres cis con niveles bajos de testosterona”, dice Enzo.
El acceso a la mastectomía es otro gran problema. «Se puede hacer por la seguridad social, pero te ponen muchos impedimentos», cuenta Dylan. Además, derivan a otras comunidades autónomas de manera aleatoria. Por no hablar de la lista de espera. «De tres a cinco años», afirma N. «Cuando fui yo era de hasta seis», añade Enzo.
Reivindican la falta de espacios propios en La Rioja, sobre todo en comparación con otras comunidades. En un primer momento les presentaron ‘La Casita’ como un gran avance para las personas trans aquí en La Rioja y, aunque sí que creen que ha sido un paso muy importante, los cuatro coinciden en que aún queda mucho por hacer y es que ‘La Casita’ no cuenta con un área concreta para las personas trans. «Te hacen un seguimiento muy básico», afirma Dylan.
Estos lugares específicos son necesarios para acompañar a las personas trans a lo largo de todo el proceso. Especialmente al inicio, el momento más complicado: «El principio es muy invasivo y muy agresivo», cuenta Dylan.
N explica que también al principio tienen que hacer frente al misgender: «Hay un espacio en el que tú estás haciendo una transición social, pero aún no has hecho una transición física, estás ahí en medio y cuanto más se alarga ese momento más complicado es, porque la gente, con buen o con mal corazón se confunde».
El misgender es una falta de respeto a las personas trans cuando se comete de manera intencionada y que puede afectarles a nivel psicológico. «Cuando empecé con la transición no tenía ningún tipo de disforia. Pasaron tres, cuatro meses y fue horrible. Yo me presentaba como Enzo, pero nadie lo respetaba y fue ahí cuando empecé con la disforia», cuenta Enzo.
Karla denuncia la invasión de la intimidad que viven las personas trans: «La gente se ve mucho en el derecho de preguntarte cosas para las que a lo mejor no tenemos la confianza. ¿De dónde viene tu curiosidad? ¿Realmente soy yo la persona que tiene que solucionar tu morbo? Un sábado por la noche de fiesta pues a lo mejor no me apetece ponerme aquí a decirte lo que tengo entre mis piernas».
La Rioja no es segura
«Yo, por lo menos, cuando he ido a entornos desconocidos evito que se sepa que soy trans», cuenta Dylan. «Porque tú estás muy tranquilo, pero igual una noche a alguno le da por meterte una paliza…se escuchan muchas historias. Desde amenazas hasta palizas. A mí, por ejemplo, me tiraron una botella de dos litros llena de hielo desde un primer piso», añade.
«Logroño es tan pequeño, que cuando hay alguna agresión a una persona trans te entra miedo. Porque somos tres gatos, nos conocemos entre todos al final. Le ha pasado a mi colega, ¿por qué no me iba a pasar a mí?», se pregunta Enzo.
Karla cree que ningún espacio es seguro al cien por cien: «Deberíamos hablar más de en qué espacios puedes tener más o menos suerte, porque no sabes cuando te van a dar una paliza por la calle. Es tan al azar. Puede ser en cualquier lugar a cualquier hora del día».
Las redes, tampoco
Dylan también ha recibido amenazas e insultos por redes sociales, sobre todo cuando salió del armario. En concreto, por una red social en la que los usuarios podían hacer preguntas anónimas que aparecían en un muro: «No sabías qué personas habían sido, pero yo en ese momento no me llevaba con nadie de fuera de Logroño. Me dijeron de todo, hasta amenazas de muerte. Tenía un poco de paranoia, del palo de pensar que me estoy juntando con alguien o alguien cercano a mi círculo que me está deseando la muerte o de repente algún día se le cruza el cable y chao».
«La gente es muy valiente detrás del móvil. Yo he tenido mucha suerte y no he vivido una situación de acoso grave en persona, más allá de chillos y comentarios, pero por redes ya es otra cosa. Ha sido un infierno. Yo hacía mucho activismo y hubo un momento que tuve que parar porque cogía el móvil llorando y me fastidia porque no digo ni hago nada malo», explica Enzo.
«Tú estás mostrando una realidad que es la tuya y no estás criticando ninguna más, pero a la gente eso siempre le pesa un montón. Como que su realidad es la única válida y todas las demás tienen que ser negadas», añade Karla. Pero, aunque el camino sea difícil, hay esperanza: “El futuro será queer o no será”, concluye Karla.


