La Rioja

Casa de Telégrafos en Calahorra: el principio de su final

Calahorra se despide de uno de sus edificios más singulares. La Casa de Telégrafos, ubicada en la calle Mártires, está siendo derribada esta semana para dar paso a nuevas viviendas. Este inmueble, que ha resistido el paso del tiempo, es un testimonio de la riqueza arquitectónica de la ciudad en el primer tercio del siglo XX.

Con el crecimiento de la población y la expansión urbana en esa época, la arquitectura doméstica experimentó un auge significativo. La calle Mártires se convirtió en un reflejo de esa evolución estilística, pasando del modernismo al regionalismo y fusionando influencias historicistas como el neomudéjar, neoplateresco y neobarroco, además del eclecticismo. En los años 30, con la llegada de la República, comenzaron a aparecer las primeras vanguardias, como el Racionalismo. Sin embargo, esta transformación se vio abruptamente interrumpida con el estallido de la Guerra Civil.

La Casa de Telégrafos, con su fachada de piedra y cerámica vidriada verde, representaba a la perfección esta combinación de estilos. Sus dos pisos destacaban por la presencia de miradores con arcos de herradura, sostenidos por pilastras seudotoscanas y decoraciones geométricas. También llamaban la atención sus balcones con rejería y su alero de madera con canecillos tallados.

En cuanto a su historia, los registros indican que en los años 20 pertenecía a doña Pilar Medina y Ugarte y funcionaba como pensión. Fotografías antiguas sugieren que el edificio original tenía tres pisos con vanos adintelados y balcones. Se cree que entre 1925 y 1930 fue reformado en profundidad, añadiendo los característicos miradores, coincidiendo con su compra por Don Pedro Martínez de Baroja, dueño de una de las empresas conserveras más importantes de la ciudad por aquellos años.

Para evitar que su recuerdo se pierda entre los escombros, la Asociación Amigos de la Historia de Calahorra ha escaneado en 3D su estructura. Aunque no se contempla la conservación de la fachada original, existe el compromiso de que la futura edificación respete su estética y esencia.

Desde la Asociación explican que, según Patrimonio, los miradores eran una adición posterior y se sustentaban sobre vigas incrustadas en la estructura, lo que hacía inviable su conservación tras el vaciado del edificio.

Con este derribo, Calahorra pierde otro vestigio de su pasado arquitectónico, aunque gracias a la tecnología y al esfuerzo por preservar su memoria, la Casa de Telégrafos seguirá viva en el recuerdo de la ciudad.

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