Deportes

Yayo, un hombre de club, «muy currante» y con mano dura

La cantera de la UD Logroñés toma el mando. En el peor momento deportivo de la entidad riojana en estos 16 años de historia, los responsables deportivos -ya sea Revuelta, Lasheras, Sergio o Valdovinos… o todos a la vez- han tomado la decisión de cambiar una vez más al principal responsable del principal banquillo blanquirrojo. Sergio Rodríguez ha entregado el testigo, visto que no ha logrado la reacción que necesitaba un equipo que ahora mismo deambula por la Segunda Federación.

Se busca una reacción, «porque aún estamos a tiempo», explicaba Sergio Rodríguez a este medio minutos antes de que se conociera de forma oficial el ascenso de Yayo desde el Promesas al primer equipo. Momento en el que ha surgido una primera pregunta: ¿quién es Yayo? ¿Por qué se confía en él para esta recta final de campeonato con tanto en juego de cara al curso que viene? Y la primera respuesta que llega desde la Ciudad Deportiva de Valdegastea es que «Yayo es un hombre de club». Y no es un decir. Hay quien le recuerda haciendo de todo. Y todo es «de todo».

Ha pasado por todos y cada uno de los equipos que conforman la estructura deportiva de este club. Desde los más pequeños hasta a partir de este miércoles el primer equipo, tras haber completado un paso por el Promesas realmente positivo. Resultados deportivos que le avalan, pero de puertas para adentro existen otros aspectos que ahora mismo ayudan a tener un perfil más claro de Yayo.

Cuenta con el respeto de todos los responsables técnicos que conforman la entidad. «Éste ha vivido las penurias del Mundial’82», explican. «Y siempre se ha implicado al máximo en todo lo que se pudiera hacer». Le recuerdan, por ejemplo, instalando las bañeras térmicas en un cuartucho del Mundial. «Yayo siempre está». Y no es una exageración. «Siempre está. Aunque no tenga ese día entrenamiento, está. Por las tardes siempre está en la Ciudad Deportiva, durante los fines de semana…».

Le definen como «un currante». Es «humilde, muy humilde», comentan sobre él. «Entrene o no entrene ese día, Yayo pasa las tardes en la Ciudad Deportiva», apuntan exfutbolistas que han compartido vestuario con Yayo, al que el deporte le viene de cuna. Su familia ha sido durante años responsable de la firma Cándido, tienda de ropa de deportes. Llegó en junio de 2017 a la UD Logroñés desde el Tatú, en donde siempre dirigía al mejor equipo de esta escuela de fútbol que puso en marcha Roberto Navajas.

Amigo íntimo de Quino, del Calasancio, y de Eduardo Valdovinos, director deportivo de la cantera de la UD Logroñés, se incorporó a la entidad riojana cuando la mano derecha de Sergio Rodríguez recaló en este proyecto. «Es muy trabajador», dicen. «Mete todas las horas que hagan falta y alguna más». Y los resultados deportivos le respaldan en este crecimiento hasta llegar, por necesidad, al primer equipo. Campeón de Tercera el curso pasado con el Promesas, esta temporada el filial está rindiendo de nuevo a gran altura, tanto como para competirle el torneo a un Náxara que en la primera vuelta parecía imbatible. Además, cumplió con el Juvenil A, con dos permanencias en División de Honor.

Ahora llega al primer equipo, que se encuentra en una situación límite, en la que será su primera experiencia con futbolistas ya formados, con jugadores profesionales. «No le gusta mucho eso de la tecnología». Le definen como un preparador «de la vieja escuela». ¿Qué significa esto? «Es duro, bastante duro». El nivel de exigencia, por lo que se ha visto con los chavales de la cantera blanquirroja, «lo pone siempre muy alto». Y lo explican con un ejemplo: «Nada de ir a por la portería andando, les aprieta incluso en esa rutina». Ahora deberá hacerlo efectivo con adultos que cobran una buena nómina por jugar, con trayectorias sin duda más importantes de la que presenta Yayo, sin experiencia en el fútbol profesional.

«Siempre les va a pedir el máximo. No permite que nadie se deje nada». Es más, «a veces incluso se le puede ir un poco la mano, de ahí que a veces los preparadores físicos le pidan que baje el ritmo», apuntan desde la Ciudad Deportiva. No siempre más es mejor. «A los jugadores les aprieta una barbaridad», pero al mismo tiempo «se lleva bien con los vestuarios» porque «Yayo es una buena persona» y eso «los jugadores lo valoran». Pide el máximo, exige todo, pero «parece ser que tiene la capacidad de que la exigencia máxima se quede en el terreno de juego» porque «sus vestuarios son tranquilos y tiene una buena relación con todos».

Sus equipos: intensos y verticales

Asume una primera oportunidad para iniciarse en el fútbol profesional. Tiene poco tiempo, mucho trabajo por hacer y un objetivo que conquistar, con una plantilla que ahora mismo está bajo mínimos, casi en encefalograma plano. Carente de un ritmo competitivo alto, los equipos de Yayo destacan precisamente por «su ritmo alto de juego», y por otra cualidad que no se ha visto en todo el año, «las transiciones».

La UD Logroñés juega a un ritmo soporífero, es muy previsible, y en todo el año ha logrado ser vertical, o hacer una contra que realmente merezca la pena. Los equipos de Yayo son «muy intensos» y «verticales», aunque «en estas dos últimas temporadas, con el Promesas, se ha tenido que ir adaptando a un juego más dominador porque a este equipo también le toca llevar el peso de los partidos».

Quien le conoce y le ha visto trabajar destaca «su fantástico registro defensivo». Es más, es el encargado de trabajar los aspectos defensivos de los diversos equipos del club. Se trabaja en áreas específicas en diversas edades, y Yayo, hasta ahora, enseñaba a los defensores blanquirrojos a defender mejor y más ordenados. Por el contrario, afirman que «le cuesta más leer los partidos en lo ofensivo», y aunque este equipo necesita soluciones de todo tipo, requiere de mucho para hacer goles en el área contraria.

Yayo ya trabaja con el primer equipo. Por delante, un calendario exigente y una necesidad casi vital de lograr los objetivos. Yayo toma el mando, y se espera ver un equipo más competitivo porque «Yayo es muy competitivo». Muy competitivo y «con alguna superstición». Se le ha visto en mayo con una bufanda roja sencillamente porque «ganaría algún partido importante y no se la quita hasta que vuelva a perder». Dadas las circunstancias, hay que apelar a todo lo que haga falta para reconducir una situación que está realmente complicada.

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