Aunque la investigación sigue abierta, la Guardia Civil cree que «no hay más personas implicadas» en el «brutal» asesinato de Felipe, el vecino de 61 años de Haro al que mató a sangre fría un clan familiar en su vivienda. Incluso, el Instituto Armado ha practicado esta misma semana nuevas actuaciones en la ciudad, a fin de no dejar cabos sueltos para facilitarle labor al Juzgado de cara al futuro juicio. Pero, ¿es esa la única motivación que lleva a los investigadores a no dar por cerrado el crimen del pasado 7 de septiembre?
En Haro circula el práctico convencimiento de que las pesquisas policiales trascienden al asesinato del conocido popularmente como ‘el Caganidos’ y vinculan su muerte del principal crimen sin resolver de la crónica negra en La Rioja: el de Venancio Bastida. Aunque han pasado ya quince años de su trágica muerte, nadie en la ciudad olvida que la identidad de los autores del suceso continúa siendo un misterio y la Guardia Civil no descarta posibles vínculos entre aquel asesinato y el último episodio de esa naturaleza en la localidad.

Con absoluto celo, trata de averiguar si el mismo clan que acabó con la vida de Felipe de forma «fría y brutal» participó de algún modo con el asesinato de Bastida, carnicero de 67 años que el 25 de abril de 2010 apareció asfixiado y apaleado en su propia vivienda de la calle Navarra, a apenas 500 metros de la calle Italia, donde mataron a Felipe en septiembre. A falta de pruebas concluyentes que condujeran a sus autores, la investigación quedó archivada y ahora, tres lustros después, se abre la posibilidad de desenmarañar lo que parecía un crimen perfecto.
Similitudes entre ambos casos
La hipótesis de que el mismo clan familiar pueda haber participado en ambos episodios se asienta, en primer lugar, sobre la existencia de un grupo criminal asentado en Haro, capaz de matar para perpetrar un robo. Especialmente, cuando la naturaleza del asalto no es un ataque visceral, sino planificado al detalle, desarrollando incluso labores de seguimiento y vigilancia sobre la víctima.
Una circunstancia que encaja con la posibilidad de que a Venancio también le hubieran investigado sus asesinos para señalar el momento propicio en el que robarle empleando una violencia extrema. No en vano, al día siguiente del asesinato la víctima se había citado con un conocido para acudir a la feria ganadera de Rincón de Soto, por lo que debía tener en su poder altas cantidades de dinero en efectivo para sufragar las posibles operaciones comerciales en el evento.

Hay más conexiones entre los ‘modus operandi’ de ambos asesinatos. Tanto Felipe como Venancio Bastida fueron abordados de madrugada en el interior de sus casas, cuyas cerraduras no habían sido forzadas por los asaltantes. En el primer caso, ha especificado la Guardia Civil, los asesinos sorprendieron a la víctima en el rellano y accedieron al piso con sus propias llaves.
Por último, la escena del crimen que encontraron los investigadores al acceder a las viviendas presenta importantes paralelismos: ambas víctimas yacían inertes en el suelo, con fuertes golpes en la cabeza y signos de ensañamiento por parte de sus asesinos. Además, en ambos casos las estancias de los domicilios (separados por apenas 500 metros) aparecieron revueltas, lo que refuerza la hipótesis común del robo.
Por el momento, la Guardia Civil adopta el perfil discreto que ha mantenido en torno al asesinato de Venancio Bastida, sin descartar de plano que la brutal muerte de Felipe allane el camino hacia la resolución del caso que más quebraderos de cabeza ha propiciado a los investigadores en lo que va de siglo en La Rioja. El tiempo dirá.


